¡Que paguen los ricos!
«Para legitimar el sistema fiscal tiene que haber equidad y justicia en la distribución del gasto público»

Foto de dinero en euros. | Karl-Josef Hildenbrand
Probablemente nada define más al populismo fiscal de izquierdas que el mantra de que los impuestos los paguen los ricos. Esto tiene su equivalencia en el populismo fiscal de derechas con la curva de Laffer, o más exactamente con la interpretación de que reduciendo los tipos impositivos se recauda más. La realidad de las cifras desmiente que siempre se recaude más bajando impuestos; de hecho, suele ocurrir exactamente lo contrario. Y la realidad, y los datos, también desmienten que se puedan obtener los suficientes recursos de los «ricos» como para financiar un Estado moderno. Por supuesto, cuántos impuestos adicionales se tienen que pagar cuando se gana mucho más es una cuestión política e ideológica legítima, siempre que no se engañe a los ciudadanos haciéndoles creer que ellos no tendrán que pagar impuestos porque los pagan los ricos.
En estos últimos días, hemos visto que se ha renovado el interés por la fiscalidad de los más adinerados. Por ejemplo, en Barcelona, en el marco de la «IV Cumbre en Defensa de la Democracia», Gabrielle Zucman defendió su propuesta de impuesto a los «superricos», y los ministros de Hacienda de España y Brasil firmaron un memorándum para colaborar en la progresividad fiscal y en la efectiva tributación de los altos patrimonios.
La primera duda del populismo fiscal básico de izquierdas es simplemente: ¿quién es rico? Aquí, si se hace una encuesta, suele haber una respuesta universalmente aceptada: rico es el que gana 100 euros más que yo, que, por supuesto, no lo soy. Por eso, subir los impuestos a los ricos es tan popular, y por eso se acaba recaudando menos de lo que se cree. Pero, si se quiere eliminar cualquier duda, hablemos directamente de «superrico». Cualquiera que sea la definición de ricos que adoptemos, la realidad es que los ricos sí que pagan impuestos en España. No solo hay que pensar en los impuestos «específicos» para ricos como patrimonio o grandes fortunas, sino en la fiscalidad general.
Por una parte, los ricos consumen y soportan la imposición general sobre el consumo. Por otra parte, el principal impuesto sobre la riqueza en España también lo pagan los ricos, aunque no solo: estamos hablando del Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI), que recaudó en 2024 15.034.675 millones de euros. Para que nos hagamos una idea, el impuesto de Patrimonio recaudó ese año, que son los últimos datos disponibles, 2.296 millones de euros. Si se quieren recaudar cuantías importantes, no queda más remedio que tocar a la clase media; no vale con los ricos o superricos.
Pero la clave, evidentemente, está en el IRPF, que, además de ser el impuesto que más recauda, es el que dota de progresividad al sistema fiscal en su conjunto. De hecho, nuestro IRPF recauda más que nunca y además tiene el tipo efectivo más elevado de la historia. De hecho, en 2018, la recaudación por IRPF de la Agencia Tributaria ascendió a 82.859 millones de euros, con un tipo medio efectivo del 12,6%. Sin embargo, en 2025, la recaudación se había incrementado casi un 72% hasta alcanzar los 142.466 millones de euros. No solo es que Hacienda recaudase más, es que el tipo medio efectivo que se pagaba por el IRPF pasó a ser del 15,1%.
Esto supone una subida de impuestos, que se debe principalmente a la inflación y que se denomina progresividad en frío. Consiste en que no se actualice ningún parámetro del impuesto, como los tramos, mínimos personales y familiares, deducciones… Esto implica que aumentos puramente nominales de las rentas, como aumentos de salarios o pensiones que simplemente compensan la inflación, y que no suponen ganancia de poder adquisitivo, aumentan la cuantía de IRPF a pagar, y también la parte de la renta que hay que destinar a pagar el IRPF. Esto, especialmente en tiempos de elevada inflación, es una subida de impuestos sin pasar por el Congreso, y que afecta especialmente a los menos favorecidos.
Los ricos también se han visto afectados por la progresividad en frío, pero muchos han conseguido, pese a todo, reducir su factura fiscal, al menos en el IRPF. Para eso, voy a remitirme a los datos oficiales de la estadística de la Agencia Tributaria. Según la estadística de declarantes del IRPF, en 2019, antes de la pandemia, la declaración media de IRPF ascendió a 6.300 euros, que es lo que el español medio pagó ese año por IRPF. Los ricos, es decir, los 11.906 españoles del último tramo, los que ganaron más de 601.000 euros, pagaron de media muchísimo más, es decir, 567.763 euros. Efectivamente, el impuesto es progresivo. Según los últimos datos desagregados disponibles, en 2023, se recaudó mucho más por IRPF, ya que se pasó de 86.600 millones de 2019 a 117.600, con un aumento del 35,8%. En esa línea, cada declarante pagó por IRPF una media de 7.067 euros, con un aumento del 10% frente a 2019. Sin embargo, el 0,06% de los declarantes «ricos» de ese año, los que ganaron más de 601.000 euros, pagaron una media de 543.472 euros, un 4,3% menos que en 2019.
Esta «rebaja» fiscal no parece tan importante, pero hay que tener en cuenta que, mientras el declarante medio pagó un 10%, y el índice de precios creció entre 2019 y 2023 un 15% (inflación acumulada), los más ricos pagaron, de media, un 4,3% menos. La razón fundamental que explica este resultado es que los contribuyentes de rentas más elevadas pueden cambiar la composición de sus rentas para obtener tratamientos fiscales más favorables. Pensemos, por ejemplo, que los rendimientos de capital mobiliario por arrendamiento de vivienda habitual están bonificados entre el 50% y el 90%, con lo que pueden tributar menos que un salario elevado. Algo similar se puede decir de los rendimientos de intereses y dividendos sometidos a una tarifa especial y menos progresiva.
Los declarantes del último tramo del IRPF pagaron en 2023 unos 8.000 millones de euros, es decir, unas cuatro veces la recaudación conjunta del impuesto de Patrimonio y el de grandes fortunas. Pero ese mismo año el IRPF recaudó trece veces más: 117.600 millones de euros. Esto quiere decir que sí, que los ricos pagan impuestos. Por supuesto, podrían pagar más; si la liquidación media del tramo más elevado no se hubiese reducido un 4,3% y se hubiese incrementado con la media del impuesto, Hacienda hubiese recaudado 1.200 millones de euros adicionales, con un aumento del 1% de la recaudación total del IRPF. Esto no nos solucionaría ningún problema fiscal.
Los más ricos deben pagar más impuestos. Y la progresividad fiscal es un mandato constitucional. Y el cumplimiento efectivo de la progresividad fiscal, es decir, que los más ricos de verdad paguen más, legitima el sistema fiscal y la actuación del Estado. Y esto último es mucho más difícil de conseguir. Aun así, esto no es lo más importante para legitimar el sistema. Es muchísimo más relevante que las subidas de impuestos las apruebe el Parlamento, y eso no ocurre con la progresividad en frío del IRPF. Además, pagar más cuando de verdad se gana más puede ser justo, aunque, por supuesto, tiene sus límites, como la no confiscatoriedad. Sin embargo, pagar más ganando lo mismo o menos, muy justo no es. Y, como vemos, esto se ceba en las clases medias y baja, mientras que, en buena medida, aunque parezca increíble, los más adinerados a veces se escapan: a los datos de la Agencia Tributaria (que no he elaborado yo, los he transcrito) me remito.
Y todavía más importante para legitimar el sistema fiscal es que haya equidad y justicia en la distribución del gasto público, especialmente cuando los impuestos son más elevados que nunca. Y no solo los pagan los más ricos, que no parecen estar pagando más que antes. Aunque, si bajamos el umbral para ser considerado rico, sí habría claramente un aumento de la carga fiscal. Todo es relativo, pero no creo que esto último sea una buena noticia.
