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Lo indefendible

¿Es porno el pene del David de Miguel Ángel?

«La puritanía toma muchas formas en un proceso preocupante del que algunos venimos avisando desde hace años con poco éxito, al parecer»

¿Es porno el pene del David de Miguel Ángel?

¿Es porno el pene del David de Miguel Ángel? | Massimo Insabato (Europa Press)

Han despedido a la directora de un colegio de Talahassee (Florida) por enseñar a los niños el David de Miguel Ángel durante una clase sobre arte. Al parecer, varias familias se quejaron de que habían expuesto a sus hijos al renacentista pene en un acto de pornografía que ofende como si en lugar del David de Miguel Ángel, les hubieran enseñado al ‘negro del Whatsapp’. Reconozco que he tenido que volver a ver la escultura para revisar sus partes y no encuentro ofensa posible en la forma ni en el tamaño de la genital recreación de Buonarotti. 

No entiendo muy bien en qué podría ofender a un niño la contemplación de un desnudo de 1504 o qué normas se infringen al enterarse un chaval de que otros tienen entre las piernas lo que él mismo. Esta visión escandalizada queda tan lejos de la inocencia del niño. Recuerdo que, durante una visita al Ashmolean Museum, encontramos la escultura de un desnudo masculino -de Stefano Maderno, creo recordar- y, al verlo, mi hija Paloma preguntó que quién era. «Hércules», le indicamos, y ella respondió: «Pues Hércules tiene un culito muy bonito». 

No sé en qué podría uno ofenderse con la observación de un pene de mármol, por mucho que sea de mármol de Carrara. Pudiera ser que alguien quisiera advertirnos de que, llamando David al David, Buonarotti no estuviera estereotipando a una persona que, siendo portante de pene como es evidente, en su foro interno prefiriera que llamarse Giovanna, Bartolomea o Gostanza.

«La censura, sencilla y tradicional, se refiere a la simple visión del genital que corrompe a la persona, en este caso al niño»

También pudiera referirse la ofensa a que alguien, ante la magnífica creación, pueda sentirse en inferioridad de condiciones o infrarrepresentado por la escultura del italiano. Se entendería que quisieran cancelar al David los envidiosos de siempre entre los que me encuentro, naturalmente. Nos estaríamos ofendiendo porque es más alto, por ejemplo. Porque proyecta en lo normativo una imagen idealizada del hombre de 5,17 metros de altura, más fornido, más delgado que la media y tocado con una melena insultante. 

El genio de Caprese dotó a su David de muchos atributos, salvo de este que nos ocupa, así que aquí lo único que molesta es la visión de la bartularia en sentido estricto. La censura, sencilla y tradicional, se refiere a la simple visión del genital que corrompe a la persona, en este caso al niño. Se entiende que, para alcanzar los estándares morales, debieran pixelarse o cubrirse las partes pudendas de la escultura. En realidad, la ocultación de los genitales del David sí que haría posible una sensualidad basada en la imaginación de lo que un hombre tan fuerte como este pudiera albergar entre las piernas y que, en cambio, no funciona en la revelación hasta cierto punto decepcionante de sus proporciones.

El problema es que se ve un pito, que es una censura como de toda la vida, poco evolucionada y tan fácil de detectar que convive con otras censuras actuales más evolucionadas y peligrosas. En todo caso, la puritanía toma muchas formas en un proceso preocupante del que algunos venimos avisando desde hace años con poco éxito, al parecer. La revisión que terminará con la cultura viene equipada con unos medidores de empatía y de otros sentimientos que se pretenden instalar en el corazón de los espectadores, por muy niños que sean. No se estudia la obra, sino el efecto que podría tener sobre la persona que la contempla, siempre sospechosa de albergar emociones que no se deben tolerar. Lo mismo sucede con la contemplación de una corrida de toros en la Feria de San Isidro que ante la Maja desnuda de Goya. 

Así vamos poniéndole a las artes rombos, píxeles y unos calzoncillos para que a David no se le vea su pito real, humano, magnífico y ordinario a partes iguales, un pito como de salir de la ducha un lunes a las siete y diez la mañana.  En esa cuesta abajo estamos desde hace tiempo. Se empieza pidiendo que el toro no muera delante de los espectadores y se termina poniéndole unos vaqueros al David de Miguel Ángel.

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