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¿Cargamos bien el teléfono? Los errores que acortan la vida de tu batería

Un estudio revela que la mayoría carga «a ojo», mientras Europa estandariza la tecnología USB-C en portátiles

¿Cargamos bien el teléfono? Los errores que acortan la vida de tu batería

Anker Nano Charger 45 W. | ANKER (EP)

La forma en la que cargamos el móvil determina la calidad de vida que tendrá. Anker Innovations empresa dedicada a la tecnología de carga ha publicado una radiografía del consumo energético portátil en España. Dependemos del móvil y, aun así, lo alimentamos mal. El 60% de los usuarios se inquieta cuando la batería baja del 20%, un umbral que ya marca el ritmo del día.

Este camino viene marcado por la obligatoriedad del cargador USB-C en la Unión Europea. El 28 de diciembre de 2024 se estableció oficialmente para la mayoría de los dispositivos electrónicos pequeños y medianos —teléfonos, tablets y auriculares—. Para los ordenadores portátiles, se concedió un plazo extendido que finalizó ayer, 28 de abril de 2026. Esta normativa exige que cualquier dispositivo que cargue a más de 15 vatios deba soportar la tecnología USB Power Delivery (USB-PD). El objetivo es reducir hasta 11.000 toneladas de residuos anuales y permitir que los consumidores puedan reutilizar sus cargadores actuales.

En paralelo, Anker ha presentado un informe realizado a 1.000 personas españolas que deja claro que España tiene que mejorar en cultura de carga. No solo ofrece una visión estadística de la dependencia tecnológica, sino que también establece las bases para una infraestructura de carga más eficiente, sostenible y segura.

Cómo cargar bien la batería

Los expertos coinciden en mantener, en la medida de lo posible, la batería entre el 20% y el 80% para mantenerla en buena forma. Cargar al 100% de forma constante o dejar que el móvil se apague acelera la degradación. El calor es el principal enemigo. Evitar su alimentación en superficies blandas o usar el móvil de forma intensiva mientras está enchufado marca la diferencia. También es esencial conectar primero el cargador a la corriente y luego al dispositivo. Por último, usar cables y cargadores certificados de marca es vital; no todos los USB-C son iguales, especialmente en potencias altas.

En 2025, el 96,3% de la población española entre 16 y 74 años vive conectada, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), lo que explica la dependencia energética. Sin batería —o con poca—, los dispositivos pierden funcionalidad y la mayoría de los servicios de pago, comunicación o acceso también caen. En el informe de Anker se señala que el cerebro reacciona con episodios de estrés cuando el dispositivo entra en niveles bajos de batería.

El nuevo cargador Anker 735 GaNPrime. | ANKER (EP)

Errores y hábitos comunes en la carga

Seis de cada diez usuarios desenchufan el cargador si se calienta, pero un 20% no sabe distinguir si ese calor es normal o peligroso. También hay confusión con la potencia; solo algo más del 20%. Identifica correctamente que un portátil de gama alta necesita entre 100 W y 140 W (vatios) para carga rápida. Muchos lo sitúan en rangos insuficientes como 45 W o 65 W. El problema se amplía en escenarios reales. Cargar muchos dispositivos a la vez requiere más de 100 W (vatios), algo que solo el 45% entiende. A esto se le suma el mito de que un cargador potente daña el móvil.

La mitad de los usuarios encuestados asegura devolver los cargadores prestados, mientras que el 40% afirma que ha discutido con su pareja o familia por coger prestado el cable. Un 50% de usuarios carga a diario para no bajar del 20%, mientras que un 33% espera el aviso crítico. Solo un 3% apura hasta el apagado total. Cuando el porcentaje desciende al 20%, cerca del 60% se preocupa, pero no llega a estresarse. El 25% de los usuarios no reacciona de ninguna forma, mientras que el 10% busca un cargador de inmediato. Esta ansiedad por estar siempre conectados, especialmente entre los jóvenes, se denomina «nomofobia energética». Cuando el dispositivo alcanza la zona roja de carga, el cerebro libera cortisol —hormona del estrés de la misma manera que lo hace cuando se enfrenta a una amenaza.

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