OpenAI, Anthropic y SpaceX buscan dinero en los parqués tras «secar» a los grandes fondos
Los gigantes de la inteligencia artificial planean salir a la bolsa para seguir financiando su inversión en esta tecnología

Elon Musk, fundador de SpaceX.
Las grandes tecnológicas norteamericanas cambian de estrategia impulsadas por la insaciable necesidad de financiar sus proyectos de inteligencia artificial. Anthropic, SpaceX y OpenAI, muy tensionadas por la necesidad de captar fondos para seguir impulsando esta tecnología, se lanzan a la bolsa con los grandes fondos ya muy fatigados en las aportaciones. La vaca no da más leche. El objetivo ahora es la salida al parqué, una decisión que para determinados analistas supone engordar más la burbuja de la IA.
En los últimos meses —y años—, las startups tecnológicas más ambiciosas del planeta extendieron su etapa de maduración en el mercado privado gracias a una liquidez que parecía no tener límites. Sin embargo, este ecosistema ha alcanzado un punto de inflexión. Los tres gigantes de la innovación y la disrupción global, Anthropic, SpaceX y OpenAI, están trazando sus estrategias de salida a bolsa tras haber absorbido una cantidad ingente de capital de las arcas de los grandes fondos de inversión.
A esta concentración de recursos se suma la lógica temporal de las firmas de capital riesgo, que operan bajo ciclos de vida finitos que exigen devolver el dinero a sus partícipes o inversores institucionales dentro de plazos determinados. Tras años de respaldar valoraciones privadas que desafían la gravedad económica y de ver cómo los retornos se quedaban atrapados en el papel, los inversores iniciales están ejerciendo una presión interna sin precedentes para activar la ventana de liquidez que representan los mercados públicos de valores. Cuando una compañía alcanza una valoración concreta en el mercado privado, el ecosistema de capital de riesgo tradicional simplemente se queda pequeño para sostener su crecimiento, convirtiendo la salida a bolsa en su opción.
Salir a los parqués cuanto antes
SpaceX es la firma que lidera este proceso, con su debut programado para el 12 de junio. Aunque su operativa está centrada en la carrera espacial, también está ligada directamente a la inteligencia artificial a través de xAI. Elon Musk disolvió esta división (la empresa independiente creadora del chatbot Grok y el superordenador Colossus) y la integró por completo dentro de SpaceX, creando la división oficial SpaceXAI.
La compañía aeroespacial ha fijado el precio de su Oferta Pública de Venta (OPV) en 135 dólares por acción, lo que proyecta una valoración inicial de 1,77 billones de dólares, convirtiéndose automáticamente en la mayor salida a bolsa de la historia mundial. Aunque el secretismo de la empresa ha sido la norma durante años, la necesidad de financiar de forma sostenible la red global de internet satelital Starlink y el titánico programa Starship ha empujado a SpaceX al parqué de la mano del Nasdaq (bajo el símbolo SPCX), buscando recaudar unos 75.000 millones de dólares en una operación que ha reservado hasta un cuarto de sus acciones para inversores minoristas ante la inmensa demanda popular.
Anthropic y OpenAI han presentado también sus candidaturas a la bolsa, sin fecha estimada, tras registrar sus solicitudes confidenciales de cotización ante la SEC (la Comisión de Bolsa y Valores de EEUU). Anthropic, creadora de los modelos Claude, dio el primer paso tras cerrar una ronda de financiación privada que elevó su valoración de mercado hasta rozar el billón de dólares, impulsada por unos ingresos anuales que se han disparado hasta los 47.000 millones de dólares, presentando posteriormente la documentación para salir a los mercados.
Solo unos días después OpenAI contraatacó presentando su propio documento de salida a bolsa respaldada por una valoración privada previa de 852.000 millones tras completar su reestructuración corporativa definitiva hacia una entidad con fines de lucro. Ambas firmas de IA se enfrentan ahora a un exigente test ante Wall Street, donde tendrán que demostrar que sus extraordinarias capacidades tecnológicas pueden traducirse en ingresos recurrentes y sostenibles frente a los brutales costes de infraestructura y supercomputación que amenazan sus márgenes.
