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Los 10 destinos españoles que hay que visitar al menos una vez en la vida

Redacción TO

Hace apenas unos meses, el World Economic Forum seleccionaba España como “el mejor país del planeta para hacer turismo”. Cultura, clima, infraestructuras, gastronomía… Miles son las razones por las que España es cada día más “irresistible” tanto para foráneos como locales.

Miles de rincones explican el encanto de nuestro país y, por eso, Gopili.es, el primer y único buscador integral de viajes donde podrás comparar todos los tipos de transporte: avión, tren, autobús e incluso coche compartido, quiere ayudar al turista que decida descubrir España con la lista de los 10 lugares imprescindibles que esconde nuestro país, destinos que hay que visitar una vez al menos en la vida, lugares que jamás olvidarás y a los que viajar hoy mismo, desde algunas de las principales ciudades españolas y tomando como referencia el primer fin de semana de septiembre.

  • Granada y su Alhambra

Machado decía que todas las ciudades tienen su encanto, pero que Granada tiene el suyo y el de todas las demás. La Alhambra, la ciudadela árabe más espectacular del mundo y el símbolo de esta ciudad, te enamorará. Sus palacios, jardines y cada uno de sus rincones están envueltos de historia y arte, por lo que, cuando la visites, entenderás por qué todo el mundo desea volver.

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Fuente del León en el Palacio de la Alhambra de Granada. | Foto: Pepe Marin/Reuters

Para llegar, por ejemplo, desde Barcelona a Granada puedes utilizar distintas opciones como el coche compartido, la más económica (41€) o el avión, la más rápida, por 67€. Si tu punto de partida es Madrid las opciones podrían ser el coche compartido, de nuevo la alternativa más económica con un precio que parte en los 14,5€, el autobús, desde 20€ o el avión, la opción más rápida, por 183€. Por su parte, llegar a Granada, desde Zaragoza nos saldría por unos 40€ en autobús y por cerca de 350€ en avión.

  • El Parque Nacional del Teide, en Tenerife

Es un paisaje único formado por cráteres, volcanes y ríos de lava petrificada, que rodea la impresionante silueta del Volcán Teide, que con una altitud de 3.718​ metros sobre el nivel del mar, es el pico más alto de todo el país. Este tesoro geológico es un lugar lleno de vida cuyo entorno es toda una belleza natural. El avión será nuestra única opción para visitar este paraíso con un coste de 98€ desde Barcelona; partiendo desde Madrid, por aproximadamente 60€; o por unos 357€ si nuestra ciudad de salida es Zaragoza.

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El volcán Teide al atardecer en Tenerife, Islas Canarias. | Foto: Santiago Ferrero/Reuters

  • Sevilla y su Giralda

No nos cansamos de escuchar eso de que “Sevilla tiene un color especial”, y es que es verdad. Su luz es incomparable, y acariciando su cielo está la Giralda, el campanario de la Catedral de Santa María de la Sede de Sevilla. Construida en el siglo XII, es el símbolo de su ciudad, y no solo es admirable desde abajo: tras subir sus 35 rampas, te aseguramos que las vistas desde lo más alto del campanario son espectaculares.

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Torre de la Giralda en la capital andaluza. | Marcelo del Pozo / Reuters

Si sales desde Madrid, y buscas relación tiempo-precio el tren (59€) es una alternativa, seguido por el bus (24€). Desde Barcelona, la mejor opción tiempo-precio es el avión (65€) junto a alternativas como el tren (60€) o el autobús (92€). Por su parte, viajar a Sevilla desde Zaragoza nos costará 75€ en autobús y 348€ en avión.

  • El casco histórico de Cáceres

Declarada Ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1986, Cáceres alberga en su casco antiguo uno de los conjuntos urbanos de la Edad Media y del Renacimiento más completos del mundo. Nada más cruzar el Arco de la Estrella, te adentras en una ciudad histórica con los edificios más representativos de esta ciudad, como pueden ser la Concatedral de Santa María, el Palacio de las Veletas o la Casa del Sol.

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Casco histórico de Cáceres. | Foto: turismoextremadura.com

Dos alternativas para llegar a Cáceres. Por ejemplo, desde Madrid son el coche compartido (desde 20€) o el tren, desde 33€. Desde Barcelona la mejor opción es tomar un avión a Badajoz por 98€, coste al que tendremos que sumar o bien 6€ del coche compartido o 20€ del autobús para llegar a Cáceres.

  • Córdoba y la única mezquita-catedral del mundo

 La mezquita-catedral de Córdoba se comenzó a construir como mezquita en el año 785, y en 1238, tras la Reconquista cristiana de la ciudad, se llevó a cabo su consagración como catedral de la diócesis. Hoy todo el conjunto constituye el monumento más emblemático del arte omeya hispanomusulmán, y también de toda la arquitectura andalusí junto con la Alhambra.

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Turistas visitan la Gran Mezquita de Córdoba. | Foto: Manu Fernández / Reuters

Para llegar a esta ciudad desde Madrid, la opción más rápida y cómoda es el tren (53 €), seguida del bus (19€) y el coche compartido (21€). Por su parte, desde Barcelona, viajar a Córdoba en tren nos saldría por 57€ o por unos 46,5€ si seleccionamos la opción del coche compartido. Desplazarnos a Córdoba desde Zaragoza en este caso tiene un coste de 70€ en tren y de 35,5€ en coche compartido.

  • Toledo, la capital de Castilla-La Mancha

Toledo es conocida como “La Ciudad Imperial” por haber sido la sede principal de la corte de Carlos I, y también conocida como “la ciudad de las tres culturas” por haber estado poblada durante siglos por cristianos, judíos y musulmanes. Situada en la margen derecha del Tajo, es Patrimonio de la Humanidad desde 1986 y alberga diferentes monumentos espectaculares, como sus puentes, su Catedral Primada en el núcleo de la ciudad, la Mezquita del Cristo de la Luz y el Monasterio de San Juan de los Reyes.

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Panorama de la ciudad con el Alcázar al fondo. | Foto: Greta SchÖlderte / Unsplash

Llegar desde Madrid a Toledo sin duda es lo más económico por la cercanía de ambas ciudades: nos costará en coche compartido desde 5€, 7 euros si lo hacemos en autobús o 13 euros si elegimos el tren. Desde Barcelona, las opciones son 41€ en coche compartido o 94€ en tren. Por su parte, desde Zaragoza, podremos llegar a Toledo por aproximadamente 30€ en coche compartido.

  • Galicia y la Ribeira Sacra

Si te encanta rodearte de naturaleza, la zona de la Ribeira Sacra es perfecta para ti. Su paisaje repleto de monasterios es característico por los impresionantes cañones del Sil y del Miño, los que podrás recorrer en catamarán para, finalmente, conocer las vides de sus laderas, la cuna del legendario “Amandi”, un vino tan apreciado por los romanos que lo consideraban el verdadero “oro del Sil”.

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Vista del Cañón del Río Sil desde el mirador de Cabezoas en el municipio de Parada de Sil, en la provincia de Orense. | Foto: Wikipedia

Algunas de las alternativas para llegar desde Madrid a Ourense son el tren (39€), el coche compartido (35€) y el bus (44€). Desde Barcelona, las opciones de viaje directas son el tren (74,8€) o el coche compartido (75€) y, en el caso de viajar desde Zaragoza, vemos que en tren nos costará aproximadamente 61€ y en coche compartido una media de 53€.

  • Bilbao y el Guggenheim

 Inaugurado en 1997, el Guggenheim es un museo diseñado por Frank Gehry que se ubica a orillas de la ría de Bilbao, en una zona denominada Abandoibarra junto al puente de La Salve. Además de su espectacular estética, su interior no se queda atrás: alberga frecuentes exposiciones con obras procedentes de la sede Guggenheim de Nueva York, así como otras muestras de piezas prestadas por uno o múltiples museos internacionales.

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Un visitante observa las obras del artista británico David Hockney durante la presentación de “David Hockney, un cuadro más grande”, en el Museo Guggenheim de Bilbao . | Foto: Vincent West/Reuters

De nuevo tomando la capital de España como origen, es posible viajar a Bilbao en coche compartido por unos 22€ el trayecto, en tren por 44€ o en bus, por 34€. Si el viaje lo iniciamos en Barcelona, en autobús nos costará una media de 39€ frente a los 30€ que nos costaría el viaje en coche compartido o los 74€ del avión. Desde Zaragoza, las opciones más económicas son el autobús (23,35 €) o el coche compartido (21,5€).

  • Barcelona y el arte de Gaudí

Una de las ciudades más conocidas mundialmente de nuestro país, te permite disfrutar del arte paseando por sus calles. Antoni Gaudí, arquitecto español y máximo representante del modernismo catalán, fue dejando joyas por la ciudad, con monumentos como la Sagrada Familia, la Casa Batlló o, incluso, el paraíso de Gaudí por excelencia, el Parc Güell, una de las obras arquitectónicas más grandes del sur de Europa.

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La Sagrada Familia de Antoni Gaudí una noche de eclipse lunar en Barcelona. | Foto: Gustau Nacarino/Reuters

Utilizando es, ir de Madrid a Barcelona en autobús nos costará unos 36€, en coche compartido unos 30€, en tren podremos viajar desde 48€ y, la opción más rápida, el avión, que nos saldrá por unos 76€. Si partimos desde Zaragoza la opción más económica sin duda es el coche compartido (15€) seguida del autobús (20€).

  • Madrid y su magia

 Como no podía ser de otra forma, tenemos que incluir en esta lista la capital del país. La Puerta de Alcalá, la Cibeles, el Museo del Prado, el Palacio Real… Sin duda, en Madrid podrás disfrutar de monumentos y lugares emblemáticos, como la famosa Plaza Mayor, lugar que es punto de encuentro para todos los madrileños y visitantes de la ciudad en la época de Navidad. Como dejó escrito Luis Quiñones de Benavente, “desde Madrid al cielo”, y es que Madrid es mágica y podrás sentirlo nada más camines por ella, desde la Gran Vía hasta el más escondido de sus rincones.

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Turistas se hacen un selfie en la Puerta de Alcala en Madrid. | Foto: Sergio Pérez/Reuters

Viajar a Madrid desde Barcelona en autobús tiene un precio de unos 34€, más o menos como un coche compartido; el viaje en tren nos costará 48€ y en avión podremos viajar a la ciudad condal desde los 76€. Por su parte, si el origen de nuestro viaje es Zaragoza, la opción más económica de nuevo es el coche compartido (11€).

Continúa leyendo: Turismo femenino, la experiencia de viajar en solitario

Turismo femenino, la experiencia de viajar en solitario

Leticia Martínez

Cada vez son más las mujeres que se atreven a coger la mochila en busca de aventura, sin importar la edad, la compañía o los obstáculos del día a día. Las historias de estas mujeres, que viajan en solitario, no solo han inspirado a otras a seguir su ejemplo, sino que, además, han servido para reflejar el punto de vista femenino del turismo y la necesaria innovación del sector. Su ambición por explorar el mundo, buscar nuevos modos de vida y expresar sus inquietudes culturales han abierto otra forma de viajar, una en la que es posible disfrutar de la libertad del camino.

Que las mujeres son el factor más influyente en el sector turístico, es un hecho. El 80% de las decisiones relativas al viaje las toman ellas y además, según los operadores turísticos, viajan un 60% más que antes, en solitario y con una franja de edad, sobre todo, entre los 30 y los 47 años. Son mujeres que prefieren la cultura y la aventura sobre el llamado turismo de belleza o de fiesta y su mayor preocupación es la seguridad sobre cualquier otra cosa. Estos datos han desarrollado una nueva manera de entender la industria. Por ejemplo, las agencias de viajes dedicadas a mujeres se han expandido. Es más, han crecido en un 230% en los últimos años, según Forbes, y parece que la tendencia sigue en aumento. ¿Pero por qué este cambio? ¿Cómo ha llegado la industria a reconocer la necesidad de innovar?

“Es un cambio sociológico, la mujer del siglo XXI, tenga la edad que tenga, no es la de los años 70. Es una mujer trabajadora, independiente y creativa con ganas de viajar y disfrutar de la vida de otra manera”, comenta Alice Fauveau, fundadora de Focus on Women (FOW), una agencia de viajes dedicada a visibilizar la cultura femenina en el mundo. FOW ya reconoció esta tendencia hace nueve años cuando comenzó su andadura como empresa pionera en su sector en España. “Había una demanda por parte de las sociedad, porque cada vez hay más mujeres que viajan solas y que lo que realmente buscan es una opción distinta al turismo tradicional de toda la vida”, agrega Fauveau.

Una de estas mujeres es Gaby Carreira, una viajera incansable, que a través de su blog El Futuro Nunca Existió cuenta sus experiencias. “Lo que me empuja a viajar es la curiosidad. Siempre digo, y enfatizo mucho en esto: todo tiene mucho potencial. El viaje es una fuente inagotable de sorpresas, de historias, de personas, de aventuras y de magia”, cuenta.

Lo mismo opina Julia del Olmo, de Camino Salvaje. “Viajar sola es maravilloso. En realidad casi nunca estas sola porque vas conociendo gente. Es una experiencia muy enriquecedora, que te ayuda a conocerte mejor y a superarte constantemente, es la mejor escuela del mundo. Desde que estaba en la universidad ya soñaba con viajar sin billete de regreso, era un sueño que tenía, así que cuando terminé mis estudios no lo dudé y me compré un pasaje a Buenos Aires, sin vuelta. Ahora estoy en Indonesia, disfrutando de este precioso país, uno de mis favoritos, que tiene muchas ventajas para viajar”.

Pese a que la experiencia de vida sea siempre bienvenida y que las estadísticas revelan que los viajes en solitario los emprenden más mujeres que hombres hoy en día, cabe preguntarse cómo es viajar sola en un mundo que no para de encadenar noticias y advertencias sobre los peligros de viajar sin compañía.

“La experiencia geográfica en solitario es un viaje a lo esencial: la realidad de quien eres”

“Viajar sola es como todo en esta vida: tiene sus cosas buenas y sus cosas malas”, admite Carreira. “A veces te sientes sola, la mayoría de las veces te sientes libre. Lo cierto es que cuando vas sola es obligatorio ir con todo y eso da lugar a que suceda la magia”, agrega. “Por otro lado, no diría nunca que viajar sola siendo mujer es menos seguro o más peligroso; claro que la seguridad depende de a dónde vayas o qué hagas, pero, en realidad, una mujer viajando sola despierta simpatía y te encuentras con un montón de gente dispuesta a ayudarte. Nos han hecho creer que hay mucha maldad y que todo lo que queda fuera de nuestra realidad conocida es peligroso, pero es solo un misterio”.


Más allá de estas afirmaciones y de otras tantas que aseguran exactamente lo mismo, la seguridad continúa siendo un tema recurrente. Por eso, la industria del turismo ha comenzado a adaptarse para proporcionar la logística adecuada. Por ejemplo, ahora, dentro de todas las posibilidades que nos ofrece el sector, podemos encontrar Overnight, un aplicación tipo Airbnb, que en colaboración con la comunidad Girls Love Travel, de unas 350.000 usuarias, ha establecido alojamientos seguros a lo largo de los cinco continentes.

De la misma manera, el carácter humano de viajar tampoco se ha dejado de lado gracias a Tourlina, una aplicación que te propone conocer posibles compañeras de viaje con gustos y destinos similares si te apetece algo de compañía, o a la misma FOW, por ejemplo. “Quería que a través de nuestros viajes se pudiera conocer la realidad y la cultura de las mujeres del mundo. Es una manera de cerrar el círculo y de que las mujeres que no tenían una oferta de mercado para hacer este tipo de turismo pudiesen hacerlo y de paso conociesen a todas esas mujeres que están en otros países y que están haciendo cosas alucinantes”, aclara Fauveau

Estas iniciativas invitan a más mujeres a sentirse más seguras y a dar el paso, pero lo que realmente marca la diferencia son esas bitácoras de viaje grabadas en bytes que se encuentran a nuestra disposición cada día. “Hace poco me di cuenta del poder de nuestras historias. Me di cuenta de que a través de mis relatos podía inspirar a otras mujeres a seguir siendo valientes, fuertes, determinadas y viajeras. Creo que este es un poder que he subestimado”, escribe Andrea Ramírez en la web Mujeres Nómadas.

“Es una experiencia muy enriquecedora, que te ayuda a conocerte mejor y a superarte. Es la mejor escuela del mundo.”

Es aquí donde estas aventureras, a modo de diario, cuentan sus sensaciones, sus anécdotas o sus secretos para disfrutar al máximo del día a día. “Decidí abrir mi blog y contar mis viajes para animar a otras mujeres a que superasen sus miedos, a que supieran que el mundo es más amable y seguro de lo que pensamos. Además, quería abrir una ventana para que la gente pudiese descubrir la cultura y las tradiciones de otros lugares, para que todos entendamos que en realidad somos muy parecidos. Mi consejo para todas aquellas que no se atreven a lanzarse a la aventura es que se olviden de lo que ven en la tele, que se olviden de los miedos, ¡el mundo está esperándolas! Con tener un poco de sentido común es posible viajar sola sin problemas a cualquier lugar”, agrega del Olmo.

Good morning ladies! I am @thelifeofasolivagant and I am taking over GLT today along with my girl @travelistabonita. I have been on a 6 week trip right now, starting in Budapest (this photo). I am currently in Slovenia (Lake Bled) and headed to Croatia and Montenegro after. I teach abroad but also write and do photography on the side. I will actually be on an epic adventure today for most the day, which I will attempt to post about in the insta stories during, or at least at the end of the day. So keep an eye out for my Insta stories later on. I will post a couple more photos when I get back tonight after my adventures! Ps have you ever been to Budapest? Fishermans Bastion was the perfect place to watch the sunrise. Worth waking up at 330am. Check insta stories for this morning’s sunrise at Lake Bled.

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Como experiencia de vida, viajar queda en la memoria de cada una, en sus recuerdos y vivencias, da igual que sea en solitario, en un lugar familiar o en uno lejano, porque como dice Carrerira, “viajando sola he aprendido que lo peligroso son las historias que nos contamos a nosotras mismas sobre lo que no somos capaces de hacer. Que la soledad es un vacío que va dentro de una, que también está en casa, y que estar sola no es lo mismo que sentirse sola. Y creo que, sobre todo, me he aprendido a mí misma; cuando estás sola ahí afuera te ves: cómo te relacionas con el mundo, cómo gestionas la soledad, cómo interactúas con otros, qué te mueve, para qué vives. La experiencia geográfica en solitario es un viaje a lo esencial: la realidad de quien eres.”

Continúa leyendo: De turismo por Corea del Norte, un viaje de cultura y frustración

De turismo por Corea del Norte, un viaje de cultura y frustración

María Hernández

Foto: DAMIR SAGOLJ
Reuters

Corea del Norte protagoniza numerosos titulares en los medios de comunicación, pero no precisamente por sus monumentos. Las pruebas de misiles balísticos, sus enfrentamientos verbales con Estados Unidos y los constantes bloqueos y censuras a sus ciudadanos suelen ser el centro de atención en el país más hermético del mundo.

Sin embargo, Corea del Norte puede ser también un destino muy original para un viaje. Eso sí, no puedes organizarlo por tu cuenta y buscar una opción más económica que lo que ofrecen las agencias es inviable.

Para ir a Corea del Norte, es imprescindible contratar un viaje organizado por alguna de las pocas agencias acreditadas para ello. Los itinerarios de visitas están completamente organizados previamente al viaje y el turista solo tiene libertad de movimiento dentro del hotel. Fuera del alojamiento, un guía se convierte en su sombra.

Cómo llegar y qué ver

Llegar a Corea del Norte, a pesar de ser un país tan cerrado, es bastante fácil. “Lo primero que me sorprendió es lo relativamente fácil que es llegar allí”, nos explica Luis López, que viajó a Corea del Norte con un amigo.

Lo primero que hay que hacer para cruzar la frontera norcoreana es buscar un organismo autorizado que organice el viaje. Serán ellos quienes preparen el itinerario de visitas guiadas, así como los vuelos desde Pekín, el único lugar junto con Rusia, aunque desde allí solo se vuela en raras ocasiones, desde donde se puede acceder al hermético país.

De turismo por Corea del Norte, un viaje de cultura y frustración
Koryo Air es la única aerolínea que viaja a Corea del Norte. | Foto: Greg Baker/ AP

“Los trámites son sencillísimos de cubrir”, nos explica Luis, que organizó su viaje con la Asociación de Amistad con Corea del Norte, presidida por Alejandro Cao de Benós. Para recibir el visado, tanto Luis como su amigo Manuel tuvieron que explicar a las autoridades a qué se dedicaban y por qué querían viajar a Corea del Norte, pero Luis asegura que “no indagaron mucho”.

El coste del viaje es quizá su mayor inconveniente. Actualmente, los precios están en torno a los 3.000 euros por un viaje estándar de ocho días y siete noches, a lo que hay que sumarle el transporte de ida y vuelta a China, nos explica Sergio Guijo, director de la agencia de viajes Travel Corea.

Por esta razón, el perfil de las personas que eligen este destino suele ser “gente en torno a los 40 años en adelante, con un poder adquisitivo medio alto y, en un gran porcentaje, personas fuertemente interesadas por la historia, las ciencias sociales, las ciencias políticas y, sobre todo, la cultura asiática en general”, explica Sergio.

Un control exhaustivo

“Una vez que llegas al país dejas de tener voluntad, porque tus movimientos son totalmente controlados, no tienes libertad de movimiento salvo por el interior del hotel, no puedes dar un paso fuera del hotel si no estás acompañado de un guía”, nos cuenta Luis, que añade que la organización del viaje fue “totalmente opaca”.

Sin embargo, las agencias de viajes sí que ofrecen actualmente una visión general de los lugares que se visitarán durante el viaje.

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Una guía acompaña a los turistas al Palacio de los Niños en Pyongyang. | Foto: Damir Sagolj/Reuters

Lo que destaca Luis es el control exhaustivo que se observa durante las visitas programadas, así como el control que tenían los guías de todos sus movimientos e incluso de sus conversaciones.

“Parecía que estábamos viviendo en un teatro, parecía que estábamos en una película en la que estaba todo perfectamente organizado”, dice Luis, que recuerda observar cómo las personas que se encontraban en los lugares que visitaron parecían estar actuando, como guiados por alguien. “Fue una constante el estar viviendo como Jim Carrey en el Show de Truman, ese era el efecto”.

Por su parte, Sergio asegura que Corea del Norte “es un país que quiere tener un turismo con un bajo impacto en el funcionamiento de la sociedad y mantener su calidad”.

Interesante, pero frustrante

Al preguntarle si recomendaría el viaje a otras personas, Luis se lo piensa y acaba decidiendo que es muy interesante, pero también muy frustrante. “Es un viaje propagandístico 100%”, asegura Luis.

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Un grupo de turistas toman fotografías cerca de un monumento a Kim Jong Il. | Foto: Carlos Barria/ Reuters

“Para mí fue muy interesante”, pero “me carga un poco la conciencia, porque estás dando mucho dinero a un régimen que tiene a ese pueblo oprimidísimo”, explica. Luis considera que, a pesar de que el viaje es realmente interesante, “te sientes indignado muchas veces” al ver el potencial de la gente y que no lo puede desarrollar.

“Me pareció muy interesante, pero muy, muy triste, yo realmente salí muy tocado del viaje”, dice Luis, que recomendaría el viaje porque es algo muy diferente, pero aconseja ir preparado para “muchos momentos de rabia, de frustración y tristeza”.

Nuevos itinerarios

Respecto a qué ver en Corea del Norte, su capital, Pyongyang, es el destino más visitado, pero las agencias de viajes ofrecen cada vez más itinerarios que permiten descubrir diferentes rincones del país. Sergio nos explica que existe el mito de que solo existe un itinerario de viaje en Corea del Norte, pero “actualmente estamos en torno a los 16,17 itinerarios”, explica.

“Corea del Norte está intentando desde el año 2014 ampliar los itinerarios de viaje para que no solamente se viaje en verano, sino que también se hagan viajes en invierno a las reservas naturales o para practicar deportes de invierno”, explica Sergio.

Actualmente es posible viajar a Corea del Norte para, además de visitar Pyongyang durante varios días, esquiar o realizar otro tipo de deportes de invierno. Además, uno de los viajes que se está poniendo en marcha consiste en recorrer Corea del Norte en un tren clásico, como el transiberiano, y esto “quizá rompe un poco con el mito de que solo se visita la capital y poco más”, nos cuenta Sergio.

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Corea del Norte celebra un maratón en abril todos los años. | Foto: Alexander F. Yuan/ AP

Corea del Norte está realizando esfuerzos en los últimos años para atraer más turismo. Una de las últimas iniciativas, desvelada hace unos días por una agencia de viajes a este país, Uri Tours, consiste en la celebración en Pyongyang de un maratón internacional en el mes de octubre, que se suma al que ya celebran en el mes de abril.

El paquete para ir al maratón y aprovechar para hacer turismo cuesta unos 2.500 euros por persona e incluye varias visitas turísticas a diferentes lugares del país.

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6 destinos geográficos definitivos para el pasaporte de 6 célebres escritores

Romhy Cubas

Foto: Julio Ubiña vía Ayuntamiento de Pamplona

Qué sería de García Márquez sin ese anclaje sentimental hacia Cuba y sus personajes, o de García Lorca sin aquella reveladora visita a la ciudad de Nueva York. Qué sería de los Fitzgerald sin las noches de jazz en París o de Capote sin sus veranos en la Costa Brava.

La geografía es definitiva para el carácter de una persona, la tierra y la patria se pegan a sus sombras y evitarla se hace contradictorio, pero además del paisaje que establece la nacionalidad también existen otros paisajes -breves o prolongados- los cuales se revelan decisivos durante su estancia. Si hay una profesión que expresa mejor que ninguna el apego y desamor que viene con las raíces natales es la del escritor; es inevitable que las aceras y maneras de las ciudades que este pisa no se reflejen en sus historias y personajes.

Algunos prefieren dejarle a la imaginación lo que el cuerpo no llega a percibir, pero otros peregrinan por el mundo buscando las respuestas que en casa no lograron encontrar. Los pasaportes de estos seis escritores fueron sellados muchas veces –algunos más que otros- pero todos hicieron algún viaje: por trabajo, por placer o por necesidad, que marcó el centro de sus relatos, reincidiendo en sus obras casi inconscientemente.

Las carreteras y geografías de estos destinos plantaron las semillas para algunos de los clásicos literarios más evocados de los últimos siglos.

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Pasaporte de la escritora británica Virginia Woolf expedido en 1923 | Imagen vía: Open Culture

Virginia Woolf en Alemania

Originaria de Kensington, Londres, Virginia Woolf no fue una exploradora particularmente entusiasta en el campo geográfico; la escritora prefería plasmar sus ideas en tinta y papel, sin tomar largas carreteras o ferris hacia otros continentes. Sus preferencias de viajes se aferraban a su misma ciudad, primaveras con amigos y familiares en exclusivas casas de campo en donde el bohemio grupo literario de Bloomsbury pintaba, escribía e intercambiaba posturas, o caminatas a través del rió en la casa de Charleston, Sussex, de su hermana Vanessa Woolf.

La autora estuvo en Irlanda, Suiza, Francia e Italia, pero de sus viajes el más recordado y tal vez angustioso fue en 1935 cuando Virginia y su esposo Leonard Woolf, de camino a visitar Italia y Francia, atravesaron una Alemania que cantaba ideologías nazis bajo las alas de Hitler. Por las raíces judías de Leonard la oficina de extranjería en Inglaterra le advirtió a la pareja de los inconvenientes que podrían surgir en el camino, pero la dupla partió de todas formas junto a su mascota Mitzi, dejando como una especie de garantía de seguridad una carta del Príncipe Bismarck, quien trabajaba en la embajada de Alemania en Londres.

En Viajes con Virginia Woolf de Jan Morris el atajo de estos tres días es relatado con los mismos diarios de la poeta, quien escribía en la carretera:

“Sentada en el sol afuera de los controles alemanes. Un carro con una esvástica en la parte trasera de la ventana acaba de pasar a través de la barrera hacia Alemania. L (Leonard) está en la aduana… ¿Debería acercarme a ver lo que sucede? (…) Junto a los rines sentados en la ventana. Somos perseguidos al cruzar el río por Hitler (o Goering) mientras pasamos a través de filas de niños con banderas rojas. Le gritan a Mitzi. Levanto mi mano. Las personas se reúnen bajo el sol –con movimientos forzados como deportistas de colegio-. Las pancartas que se expanden en la calle dicen “El judío es nuestro enemigo” “Aquí no hay lugar para los judíos”. Así que silbamos con ellos hasta que salimos del campo de visión de aquella dócil e histérica multitud. Nuestra sumisión se convierte gradualmente en rabia. Nervios quebrados”

Leonard, en su autobiografía, recuerda el mismo incidente reconociendo que de no ser por su perra Mitzi los controles alemanes no hubieran sido tan amables. “Nadie que tuviera en sus hombros a una pequeña dulzura como aquella podía ser judío”, escribió.

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Pasaportes del escritor irlandés James Joyce y su familia, Nora Joyce y George Joyce | Imagen vía: Open Culture

James Joyce en Suiza

Suiza fue el refugio del escritor irlandés James Joyce y su familia durante ambas guerras mundiales, también fue el lugar en donde falleció en 1941 luego ser operado de una úlcera intestinal, tenía 59 años. Zürich es una ciudad clave para sus obras, aquí además de pasar por numerosas direcciones y apartamentos –más de cuatro- el autor escribió una fracción importante de Ulises, su obra más elogiada.

Joyce tuvo una relación complicada con su tierra natal, la guerra y el catolicismo lacerante en aquella época en el país aumentaron dicha rivalidad. Aunque su obra más conocida se inspira –literalmente- en una “odisea” geográfica, probablemente debido a la guerra, sus viajes fueron más por urgencia que por placer.

Su primer viaje a Suiza fue de corta duración, al no conseguir empleo se mudó con su pareja Norah Joyce hacia Trieste, entonces parte del imperio austrohúngaro. Al estallar la Primera Guerra Mundial Joyce es declarado persona non grata en Trieste y huye junto a su familia de regreso a Zürich. Fritz Senn, uno de los académicos con mayor conocimiento del escritor, explica que aunque este nunca fue muy sociable “con el tiempo Zürich comenzó a gustarle…le gustaban los ríos y prefería estar allí donde se juntan”, señala.

Joyce pasaba las tardes en el restaurante Pfauen, cerca del museo de arte y en el famoso Café Odeón. En la Kronenhalle, situada en la Rämistrasse cenaba con conocidos. En la Biblioteca Central de Zúrich pedía libros prestados sobre Homero y la Odisea y durante sus visitas a la ciudad, antes de establecerse con su familia, se hospedó en hoteles de lujo como el Gotthard y el Carlton Elite, situados en la Bahnhofstrasse.

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Fotos de pasaporte de Scott, Zelda y Frances Fitzgerald | Imagen vía: Open Culture

Los Fitzgerald en París

Francis Scott Fitzgerald y Zelda Fitzgerald fueron una pareja de escritores cuya pasión por el arte y lo bohemio se asentó en Europa con la llamada “generación perdida”, específicamente en París, Francia. El autor de El Gran Gatsby vacacionaba en lujosos hoteles y bares de la ciudad y frecuentaba los bares de jazz más famosos y ruidosos que podía encontrar. Su corta vida fue agitada, entre Nueva York, Francia, Suiza, Norteamérica y algunos intermedios los hoteles fueron su principal hogar, además de inspiración ante futuros relatos.

La pareja norteamericana encontró su mayor ala artística en sus viajes a la ciudad de los croissants y los cafés. En un principio se alojaban en lujosos hoteles como El Saint James Albany, en París, de donde fueron expulsados por “mal comportamiento” y el Hôtel du Cap-Eden-Roc en Antibes, en donde pasaron un verano de 1925 junto a su hija, frecuentando amistades como las de Picasso y Cole Porter.

De sus viajes, el que hicieron hacia la Villa St. Louis, una casa rentada frente al mar en donde Fitzgerald escribió El Gran Gatsby es de los más recordados. Desde esta terraza se podía ver el océano y el parpadeo de la luz del faro al otro extremo de la isla, el parecido con algunas de las escenas más emblemáticas de Gatsby, en donde a menudo el faro se interpone entre este y su amor imposible, Daisy, no es casualidad.

En la comuna de Juan-Les-Pins de la ciudad de Antibes hoy todavía se pueden ver las villas detrás de lujosos Yates, aquí los Fitzgerald vivieron por dos años entre ostentosas mansiones greco romanas y esencias de verano. Scott la recuerda como una de sus épocas más felices; sin embargo fue aquí en donde comenzó el colapso mental de Zelda que la llevaría a ser institucionalizada en América. En su libro Suave es la noche con la perfecta descripción del Hôtel du Cap-Eden-Roc se evidencia la influencia de aquellos años en la isla en donde el jazz a todo volumen no pudo evitar el colapso de su matrimonio.

La familia Fitzgerald dejó las Antibes luego de 1927 para nunca más regresar.

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Pasaporte del escritor Truman Capote | Imagen vía: Open Culture

 

Truman Capote en la Costa Brava de España

El retiro de Capote en la Costa Brava para escribir A Sangre Fría es conocido con poco detalle más allá de la gran atención que suponía la historia de los asesinatos, pero las playas de España significaron algo más en la vida de Capote que un espacio de verano. La influencia de sus paisajes se pueden leer en su relato Un viaje por España, en el cual resalta ese clima cálido y reflexivo que le permitió desenredar aquellos miles de folios recopilados en su calidad de reportero.

Además de pasar 18 meses en Palamós durante los veranos de 1960, 1961 y 1962 y acabar su novela más aclamada, fue aquí en donde se enteró de la muerte de su amiga, la “adorable criatura”, Marilyn Monroe. Cuentan que cuando Capote supo del suicidio compró una botella de ginebra y regresó al hotel Trias repitiendo desolado por la calles “¡Mi amiga ha muerto! ¡Mi amiga ha muerto!”.

Sus tres temporadas en la Costa Brava las pasó encerrado y en pijama, de hecho su compañía más constante fueron sus mascotas: un bulldog, un caniche ciego y una gata siamesa. Luego de vivir inmerso en la alta sociedad de Nueva York, el 26 de abril de 1960 llegó a la Costa, según relata Màrius Carol en su novela El hombre de los pijamas de seda, con 4.000 folios de apuntes sobre el caso. “Viajó en barco desde Nueva York, llegó a Le Havre y cruzó toda Francia en coche: llevaba 25 maletas”.

Primero se hospedó en una casa de la playa de La Catifa, de allí pasó a otra situada en el Comtat Sant Jordi, junto a Playa de Aro, y finalmente se instaló el último año en una imponente finca en Cala Senià. Capote comía zarzuela de pescado y recibía pocos invitados. De no ser por su compañero sentimental, Jack, el escritor hubiera comprado aquella casa de Palamós en la que se alojó en el verano del 62; sin embargo, la pareja partió a los Alpes suizos y esa fue la última vez que Palamós supo de Capote.

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Pasaporte del escritor estadounidense Ernest Hemingway emitido en 1957 | Imagen vía: Open Culture

Ernest Hemingway en Cuba

Hemingway fue un “mochilero” innato, a diferencia de otros escritores la guerra no le impidió viajar por el mundo, fue de hecho gracias a esta que partió como corresponsal en 1937 y conoció España durante la guerra civil, experiencia que luego retrataría en “Por quién doblan las campanas”. Nativo de Illinois en Estados Unidos, el autor de El viejo y el mar pasó por París, Pamplona, Madrid, varias ciudades de África, Venecia, Londres y Normandía. Aunque el mediterráneo sirvió como tremenda autoridad en sus obras, fue especialmente Cuba, La Habana y Fidel Castro los que sellaron su pasaporte durante veintidós años en los cuales vivió en la isla con su tercera esposa Martha Gellhorn.

En Cuba vivió en una finca –La Finca Vigía- en las Colinas de La Habana. Fue aquí donde escribió “El viejo y el mar” y en donde recibió la noticia de que había ganado el Premio Nobel de Literatura en 1954. “Este premio pertenece a Cuba, porque mi trabajo fue concebido y creado en Cuba”, recalcó el autor.

Su primer viaje a la isla fue en la década de los 20; sin embargo, se encontraría volviendo a sus mares hasta poco antes de su fallecimiento en 1961 en Idaho, Estados Unidos.

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Pasaporte del poeta español Gabriel García Lorca expedido en Granada en junio de 1929 Lorca | Imagen vía: Open Culture

Federico García Lorca en Nueva York

Todos los días se matan en New York
cuatro millones de patos,
cinco millones de cerdos,
dos mil palomas para el gusto de los agonizantes,
un millón de vacas,
un millón de corderos
y dos millones de gallos
que dejan los cielos hechos añicos. (Fragmento de poema Nueva York)

García Lorca nació y murió en España, pero no sería nadie sin Nueva York. Muestra de esto el apodo que él mismo utilizó para describir su viaje, el de un “poeta” en la ciudad. El autor de Romancero Gitano encontró en aquella urbe cosmopolita de los años veinte, muy diferente de la represiva España de la que procedía, un lugar en donde su homosexualidad no era cuestionada. Aquí frecuentó bares y amantes, y por primera vez sintió que había un lugar en el mundo para sus gustos y preferencias –artísticas y sexuales–.

En Nueva York pasó noches en vela escribiendo poesía, y de estas nace Poeta en Nueva York, hoy en día una de las obras centrales de la lírica contemporánea. En esta exhausta descripción poética de la ciudad en español revela las trabas sociales y de clases no solo del inmigrante en América sino del norteamericano, recordando además la llamada crisis del crack del 29, conocida como la más catastrófica caída del mercado de valores en la Bolsa en Estados Unidos.

Aunque su estancia fue corta, entre 1929 y 1930, en las aceras y barrios de Nueva York conoció una voz que no había encontrado en otros paisajes, recreando una de sus épocas más productivas como escritor y poeta.

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La Galicia más indómita a través de sus faros

Marta Ruiz-Castillo

Foto: Camiño dos faros
Camiño dos Faros

Galicia recibió en 2016 una cifra récord de visitantes, según datos del Instituto Nacional de Estadística publicados por la Xunta el pasado enero. El Camino de Santiago se ha convertido en los últimos años en un reclamo para el turismo nacional e internacional y en verano, viajar a esta región del noroeste de España es, sin duda, una forma de pasar las vacaciones aunque el sol no esté garantizado todos los días. Entre las numerosas opciones para conocer un poco mejor esta comunidad autónoma, medio aislada hasta hace no muchos años con el resto de España debido a las precarias comunicaciones por tierra, está la Ruta de los Faros.

Una región como la gallega que mira al mar a través de sus 1.498 km aproximadamente de cabos, no podía dejar de contar con una ruta como esta que, a través de ocho etapas, acerca al caminante a los parajes más extraordinarios de la costa, cruzando largas playas de fina arena blanca, agrestes montes, dunas, bosques, aldeas, villas marineras, y castros que recuerdan el paso de los celtas por estas tierras mágicas.

Mágicas, sí, porque en el camino de los faros el caminante va encontrándose aquí y allá con pisadas verdes de los trasnos, los duendes gallegos y emblema de la Asociación O Camiño dos Faros, que en 2012 decidió unir Malpica con Fisterra a través de la Costa de la Morte, creando esta ruta.

La primera etapa comienza en la localidad de Malpica, donde se encuentra el faro más pequeño de los que recorren la costa gallega, y termina en la playa de Niñóns. A lo largo de sus 22 kilómetros el caminante pasa por seis tranquilas playas como las de Area Maior, al principio del camino, o la de Barizo, una pequeña playa frecuentada por los residentes de la zona que no cuenta con ningún  tipo de servicios. Destacan también las extrañas formas de las piedras en el entorno del faro de Punta NarigaEn esta primera etapa con acantilados espectaculares, las islas Sisargas son un punto de referencia en el mar.

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A lo largo de las distintas etapas encontramos tranquilas playas de fina arena blanca como la de Niñóns. | Foto: Luis Álvarez Real

La segunda etapa sale de Niñóns y finaliza en Ponteceso.  El caminante descubre calas solitarias y ensenadas, los imponentes acantilados de Cabo Roncudo, y el faro Roncudo, donde el fuerte sonido de las olas rompiendo contra las rocas da nombre a esta parte de la costa. La Ría de Corme-Laxe, donde el paisaje cambia completamente, el Monte da Facha y las espectaculares dunas de A Barra completan esta segunda etapa.

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Las huellas de los trasnos, los duendes gallegos, guían al caminante. | Foto: Luis Álvarez Real

La tercera etapa va de Ponteceso a Laxe, comenzando la ruta en el Estuario do Anllóns; desde aquí el sendero sigue hasta el castro de Borneiro y el dolmen de Dombate, lugares donde la historia atrapa al visitante antes de iniciar la subida al Monte Castelo de Lourido. Después comienza la bajada hasta la costa de Cabana, llena de furnas – grutas naturales producidas por la acción del mar – y playas en las que descansar tras la larga caminata.

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La ruta tiene muchas subidas y bajadas, siempre con el mar como referente. | Foto: Luis Álvarez Real

Después de unas etapas con cierta dificultad, la cuarta es la más corta y la más fácil; va desde Laxe a Arou. En el camino se pasa por el Faro de Laxe y el Peñón de Soesto desde donde se baja a la playa de Traba y su laguna natural. A continuación, el camino lleva por un empedrado hasta Camelle donde está el Museo de Man.  Este original museo al aire libre fue creado por el artista alemán Manfred Gnädinger, más conocido por el nombre de “Man, el alemán de Camelle”, que llegó a esta villa en los años 60 y se estableció para vivir como un ermitaño realizando sus obras de arte. Man murió de pena el 28 de diciembre de 2003, después de que el fuel del Prestige tiñera de negro el mar en el que se zambullía cada día, y su preciado jardín de esculturas creadas por él con piedras y restos de naufragios quedara salpicado de chapapote. Tras el naufragio del petrolero y la desaparición de su particular Edén,  Man renunció a seguir viviendo.

La quinta etapa lleva al viajero por el corazón de la Costa da Morte hasta Camariñas, la localidad de los famosos encajes. Antes se pasa por el Cementerio de los Ingleses, Faro Vilán, que se adentra en el mar sobre un promontorio rocoso de 100 metros de altura, la Ermita de la Virxe do Monte, construida en el XVIII en lo alto del Monte Farelo, y el Castillo de Soberano.

La Galicia más indómita a través de sus faros 1
Una escultura de la Casa Museo de Man, en Camelle. | Foto: Luis Álvarez Real

La sexta etapa, la más larga, es también fácil de hacer pues no hay subidas ni desniveles importantes. Hasta llegar a Muxía, lugar donde confluye el Camino de Santiago, el recorrido pasa por varias playas, la iglesia románica de San Xiao de Moraime del siglo XII y declarada conjunto histórico-artístico, hasta llegar al faro de Muxía y el famoso santuario de Nuestra Señora de la Barca.

A punto de culminar este viaje a través de los faros, en la séptima etapa se deja atrás Muxía para iniciar un recorrido muy agreste y con cierta dificultad que termina en el Faro Touriñán, punto más occidental de la España peninsular, y la Praia de Nemiña.

Para terminar, la octava y última etapa lleva al caminante hasta Fisterra, el fin del mundo, como llamaron los antiguos a esta parte de la costa gallega, llena de acantilados, playas y el castro de Castromiñán. Fisterra es también el final del Camino de Santiago para quienes, tras pasar por la catedral deciden seguir los pasos de los antiguos peregrinos y sentarse junto al faro para disfrutar de una espectacular visión del Atlántico donde las puestas de sol son excepcionales.

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Puesta de sol desde el Faro de Fisterra. | Foto: Turismo de Galicia

Los viajeros que se animen a ponerse una mochila a la espalda y un buen calzado para recorrer el Camino dos Faros recibe como recompensa, al final de cada jornada, una puesta de sol diferente y única.

Alternativas

Además de la Ruta dos Faros y sus inseparables trasnos, hay otras rutas más cortas, como la que propone la Xunta de la Galicia, de dos etapas, bajo el epígrafe Faros y Playas en el Fin del Mundo.

También se puede hacer una ruta distinta a los faros de Galicia por tren que acerca al viajero al punto más septentrional de la península ibérica. El programa de Renfe, puesto en marcha en 2013 tras un acuerdo con la Xunta de Galicia,  llega a Cabo Ortegal con sus Aguillóns, espectaculares farallones de roca; el mirador de Vixía Herbeira, sobre unos de los acantilados más altos de Europa; San Andrés de Teixido donde, según el dicho, “va de muerto quien no fue de vivo”; el cabo de Estaca de Bares, a cuyos pies se unen el Atlántico y el Cantábrico o la playa de las Catedrales, informa la compañía.

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