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Nuccio Ordine o una Europa de cultura

Anna Maria Iglesia

Foto: Detalle de Las tentaciones de San Antonio Abad de El Bosco

“El deber de un profesor es hacer entender a los estudiantes que los clásicos no se estudian para superar un examen, sino que nos enseñan a vivir. Los clásicos nos enseñan a entendernos y a entender el mundo en el que vivimos”, afirma Nuccio Ordine con la seguridad que confiere dedicar, desde hace ya más de dos décadas, la propia vida a la enseñanza y al estudio de las humanidades. Ordine acaba de aterrizar en Barcelona con un nuevo libro bajo el brazo, Clásicos para la vida, cuyo origen está en las clases que Ordine sigue impartiendo en la Universidad: “En los últimos quince años, durante mi primer semestre de clases he leído cada lunes a mis estudiantes breves citas de obras en verso o en prosa no necesariamente ligadas al tema del curso monográfico”, explica Ordine en la introducción del libro. Esas breves citas leídas y comentadas fueron publicadas, posteriormente, en el suplemento cultural del Corriere della Sera durante cuatro años y, ahora, se trasforman en un libro, que el autor se resiste a definir como canon.

Nuccio Ordine o una Europa de cultura

Tras su inesperada muerte, en 1985, Ítalo Calvino dejaba sin publicar Por qué hay qué leer a los clásicos, un ensayo en el que defendía la actualidad de los clásicos a los que definía como libros que nunca dejan de leerse y, por tanto, libros que, a pesar del transcurrir del tiempo, nunca llegan a agotarse. Ordine rescata, en parte, la definición de Calvino para reflexionar acerca del estado de las humanidades en una Europa “destruida por nuestros políticos”, donde la enseñanza, desde la escuela hasta la universidad, ha quedado subyugada a los intereses económicos y de mercado. Siguiendo la tesis formulada en La utilidad de lo inútil, Ordine defiende una educación que no esté al servicio de intereses productivos y recupera así el significado primero de la palabra “escuela”: “Skola, en griego, significaba tiempo libre, ocio, y esto es lo que debe ser la escuela, un espacio en el que lo que se hace no tenga que ver con cosas prácticas ni con el dinero. Cualquier institución de enseñanza tiene que ser el lugar donde encontrar el tiempo que nos sirve para pensar y meditar”, apunta Ordine, para quien el descalabro del sistema educativo, aquí como en Italia o en Francia, tiene que ver con la conversión de los estudiantes en clientes: “los dos primeros conceptos que aprenden los estudiantes nada más llegar a la universidad en crédito y rédito. ¿Qué profesionales tendremos en el futuro cuya única aspiración es el dinero?”.

“Como en el poema de Cavafis, lo que importa no es llegar a Ítaca, sino el viaje que se realiza hasta llegar ahí…”

Tomando como punto de partida el poema de Cavafis, Ítaca, el ensayista italiano hace hincapié en que, en educación, lo verdaderamente importante es el proceso de aprendizaje y no el título académico que se derive de ello: “Como en el poema de Cavafis, lo que importa no es llegar a Ítaca, sino el viaje que se realiza hasta llegar ahí, un viaje en el cual se viven experiencias, se conocen gentes y culturas, se aprenden idiomas… es el viaje lo que enriquece. Lo mismo sucede con la universidad: lo que importa es el proceso de aprendizaje, no ese trozo de papel llamado ‘licenciatura’”. Y, sin embargo, mientras en España se discute si anular la filosofía de las escuelas, en Italia las horas de historia del arte se reducen casi al mínimo. El utilitarismo se impone y la cultura, ese capital simbólico que Ordine definió como lo inútil útil, se arrincona hasta convertirse en un signo meramente testimonial, pero no sólo en el mundo de la enseñanza: como indica ya el nombre de algún máster, la cultura se ha convertido en una industria “regida por la lógica del marketing”. Prueba de ello, señala Ordine, son los cada vez más grandes holdings editoriales: “En Italia, varias editoriales independientes han sido compradas por estos grandes grupos y, desde entonces, el nivel literario de sus títulos ha bajado mucho. Esto sucede porque quien manda no es la literatura, sino el marketing. Las editoriales independientes, en cambio, son las únicas que pueden orientar a los lectores con una verdadera política cultural”.

Mientras que la edición independiente resiste, la institución educativa parece haber perdido la batalla. Las palabras de Ordine no son esperanzadoras: el cambio de paradigma efectuado parece ser irreversible. ¿Qué queda entonces? Queda la figura del profesor, esa a la que George Steiner dedicó más de una página y cuyos méritos bien supo reconocer Albert Camus: “Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza y su ejemplo, no hubiese sucedido nada de todo esto”, le escribiría Camus a su maestro pocos días después de habérsele otorgado el Nobel de Literatura. Era 1957 y aquel profesor, que siempre vio inteligencia en la mirada de aquel niño llamado a convertirse en unos de los autores más influyentes del XX, ya se lamentaba, en la carta que dirigía a su antiguo alumno, del descalabro del sistema educativo, que no promovía el pensamiento libre de los estudiantes.

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Imagen vía Acantilado.

Ha pasado más de medio siglo desde entonces y la situación no ha ido sino a peor. Afirma Ordine que los clásicos ayudan a pensar el presente, pero ¿quedan espacios para la reflexión? El propio Ordine comentaba como la nueva dirección del suplemento cultural ha retirado su sección dedicada al comentario de los clásicos, “pues se prefiere escribir sobre cosas sencillas, como redes sociales y así”. Entonces, ¿acabarán siendo los clásicos un refugio solo para unos pocos? Ordine se niega a ello y, en efecto, los clásicos aquí reunidos le sirven para hablar del presente y de temas de actualidad. La mujer como tema, no como voz, pues solamente hay una autora entre todos los autores reunidos, ocupa un papel destacado en su libro; no hay que olvidar que, junto a España, Italia es el país con más número de asesinatos machistas de la Comunidad Europea.

Ordine cita a Ludovico Arisoto y a Saint-Exupéry, que en Ciudadela advertía que no hay que confundir “el amor con el delirio de la posesión, que causa los peores sufrimientos. Porque, al contrario de lo que suele pensarse, el amor no hace sufrir. Lo que hace sufrir es el instinto de la propiedad, que es lo contrario del amor”. Profesor en Calabria, “lugar donde muchos hombres consideran que las mujeres son de su propiedad”, Ordine busca en los clásicos la lógica para combatir la locura de quien convierte el amor en violencia y maltrato. En los clásicos, busca también la lógica para combatir la corrupción – “Hijo mío, atiende con placer tus negocios durante el día, pero emprender sólo los que te permitan dormir tranquilo durante la noche”, escribía Thomas Mann- del dinero y del odio. Ante la pregunta sobre qué clásico recomendaría para la situación en Cataluña, Ordine no duda y recurre a Montesquieu: “Si supiera de alguna cosa que me fuese útil y que resultara perjudicial para mi familia, la expulsaría de mi mente. Si supiera de alguna cosa útil para mi familia, pero que no lo fuese para mi patria, trataría de olvidarla. Si supiera de alguna cosa útil para mi patria, pero perjudicial para Europa y para el género humano, la consideraría un crimen”. Europeísta convencido, si bien no llega a expresarlo con estos términos, Ordine invita a repensar Europa derribando los muros que la separan: “Hay que tirar abajo las barreras, aun estando siempre orgullosos de nuestra lengua y de nuestra cultura. Tenemos que sentirnos europeos, porque encerrarnos en una identidad puede ser peligroso, pues la identidad puede convertirse en una cárcel”, comenta Ordine, para quien hay que pensar Europa como un espacio de cultura no subyugada a los intereses de los bancos. “¡¿Cómo podemos pensar una Europa que excluye a los países que no pagan la deuda?! Y, por tanto, ¿Cómo podemos pensar un país sin Grecia, cuando cada una de nuestras palabras tiene su raíz en la cultura griega?”. Ordine apela a permanecer en una Europa que, sin embargo, hay que refundar, convirtiéndola en la patria cultural de todos. “Decía Giordano Bruno que, para el verdadero filósofo, cada territorio es su patria. La patria es el lugar donde sentirte libre”, concluye Ordine, subrayando que la cultura no es algo que nos pertenezca, sino algo que compartimos: “Omero no es griego, es de todos. Cervantes no es español, es de todos. Ausias March no es catalán, es patrimonio de todos”.

Auerbach escribió Mímesis desde el exilio; allí, despojado incluso de su biblioteca, convirtió las páginas de su ensayo en un recorrido por la literatura occidental, desde Omero hasta Virginia Woolf. Mientras Europa se derrumbaba entre las bombas de la Segunda Guerra Mundial, Auerbach la rescató a través de sus páginas. “Es conmovedor ver cómo entre esas ruinas, resistían las páginas que aquellos escritores que nos recordaban nuestra identidad perdida”. Entonces, ¿a pesar de todo, hoy no todo está perdido? “La crisis, como indica su etimología, es siempre una oportunidad”

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Conoce el listado completo de los nominados a los Goya 2018

Redacción TO

Foto: Luca Piergiovanni
EFE

La Academia de Cine ha dado a conocer hoy la lista de nominados a la 32 edición de los Premios Goya, a los que se han presentado un total de 130 películas.  Un año más, la Academia ya está preparando los cabezones que serán entregados el próximo 3 de febrero en el Hotel Marriott Auditorium de Madrid en una gala presentada por los humoristas Ernesto Sevilla y Joaquín Reyes.

En un año en el que el cine español lleva acumulados —de momento— más de 87 millones de euros en la taquilla nacional y casi 15 millones de espectadores, los actores Bárbara Lennie y David Verdaguer han sido los encargados de leer la lista de los nombres que competirán en las 28 categorías.

El único que ya tiene dueño es el Goya de Honor,  que este año reconocerá la trayectoria de Marisa Paredes.

Pero, ¿cuál es la lista completa de los nominados? Es hora de descubrirla.  Con todos vosotros, los protagonistas de los Goya 2018:

  • Mejor Cortometraje de Animación

-Colores

-El ermitaño

-Un día en el parque

-Woody and Woody

  • Mejor Cortometraje Documental

Los desheredados

-Primavera rosa en México

-The Fourth Kingdom

-Tribus de la inquisición

  • Mejor Cortometraje de Ficción

-Australia

-Baraka

-Como yo te amo

-Extraños en la carretera

-Madre

  • Mejor Maquillaje y Peluquería

-Abracadabra

-Handia

-Oro

-Pieles

  • Mejor Diseño de Vestuario

-Abracadabra

-Handia

-La librería

-Oro

  • Mejor Sonido

-El autor

-El bar

-Handia

-Verónica

  • Mejor Montaje

Abracadabra

-Verano 1993

-Handia

-La librería

  • Mejor Canción Original

El autor

-La librería

-La llamada

-Zona hostil

  • Mejor Música Original

-Handia

-La cordillera

-La librería

-Verónica

  • Mejor Dirección de Producción

-Verano 1993

-Handia

-La librería

Oro

  • Mejor Dirección de Fotografía

-Verano 1993

-Handia

-La librería

-Oro

  • Mejor Película Iberoamericana

-Amazona

-Tempestad

-Una mujer fantástica

-Zama

  • Mejor Película Europea

-C´est la vie

-Lady Macbeth

-The square

-Toni Erdmann

  • Mejor Documental

Cantábrico

-Dancing Beethoven

-Muchos hijos…

-Saura(s)

  • Mejor Película de Animación

-Deep

-Nur eta Herensugearen tenplua

-Tadeo Jones 2

  • Mejor Guión Adaptado

-El autor

-Incierta gloria

-La librería

-La llamada

  • Mejor Guión Original

-Abracadabra

-Verano 1993

-Handia

-Verónica

  • Mejor Actor Revelación

-Pol Monen, por Amar

-Eneko Sagardoy, por Handia

-Eloi Costa, por Pieles

Santiago Alverú, por Selfie

  • Mejor Actriz Revelación

Ariana Paz, por El autor

Bruna Cusi, por Verano 1993

Itziar Castro, por Pieles

Sandra Escacena, por Verónica

  • Mejor Actriz de Reparto

-Adelfa Calvo, por El autor

-Anna Castillo, La Llamada

-Belén Cuesta, La llamada

-Lola Dueñas, No sé decir adiós

  • Mejor Actor Protagonista

-Antonio De la Torre, por Abracadabra

-Javier Gutiérrez, por El Autor

-Javier Bardem, por Loving Pablo

-Andrés Gertrúdix, por Oro

Conoce el listado completo de los nominados a los Goya 2018 4

  • Mejor Actriz Protagonista

-Maribel Verdú, por Abracadabra

-Emily Mortimer, por La librería

-Penélope Cruz, por Loving Pablo

-Nathalie Poza, por No sé decir adiós

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  • Mejor Dirección

-Manuel Martín Cuenca, por El autor

Aitor Arregi y Jon Garaño, por Handia

Paco Plaza, por Verónica

-Isabel Coixet, por La librería

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  • Mejor Película

-El autor

-Verano 1993

-Handia

-La librería

-Verónica

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  • Mejor Actor de Reparto

-José Mota, por Abracadabra

-Antonio de la Torre, por El autor

-David Verdaguer, por Verano 1993

-Bill Nighy, por La librería

  • Mejor Dirección Novel

-Sergio G. Sánchez, por El secreto de Marrowbone

Carla Simón, por Verano 1993

-Javier Calvo y Javier Ambrossi, por La Llamada

-Lino Escalera, por No sé decir adiós

  • Mejor Efectos Especiales

-Handia

-Oro

-Verónica

-Zona hostil

  • Mejor Dirección Artística

-Abracadabra

-Handia

-La librería

-Oro

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Cultivar el corazón

Daniel Capó

Foto: ERIC GAILLARD
Reuters

En 1790, Noah Webster escribió un ensayo sobre la educación necesaria para una joven república. Exigía que sus alumnos conocieran la historia de su país y la de los grandes hombres que habían entregado su vida por la libertad. Sabía que, en una democracia, el adoctrinamiento es imprescindible para inculcar los principios de la virtud republicana en el corazón de los ciudadanos. «Los americanos –escribió Webster– deben creer y actuar con la convicción de que sería deshonesto imitar las locuras que llevan a cabo las otras naciones». Las otras naciones eran, como no podía ser de otro modo, las poderosas monarquías absolutas que regían en Europa. Y, conforme con Tocqueville –que valoraba la cultura y los hábitos de la sociedad, más incluso que la calidad de sus instituciones–, Webster observó que la escuela «debe cultivar el corazón más que la cabeza». Y para ello, aprender a amar y a respetar las leyes resultaba fundamental.  

Las palabras del educador y lexicógrafo estadounidense suenan extrañas a nuestros oídos. En primer lugar, porque las virtudes burguesas que han facilitado la prosperidad del capitalismo pasan por rígidas, aburridas y conservadoras –poco útiles, en definitiva. En segundo, porque uno de los logros del relativismo moral ha sido difuminar los límites precisos del bien y del mal, que se perciben ahora como una construcción cultural, más que como una realidad fundada en la experiencia y en la naturaleza del hombre. Y en tercero, porque los buenos empleos exigen cada vez más un tipo de habilidades asociadas a las matemáticas y a la ciencia, en lugar de ese cultivo del corazón que suponían las letras, la filosofía y la historia.

Pero lo importante aquí es preguntarse si Webster tenía razón o no, es decir, si la democracia debe ser activa en el cultivo de unos valores determinados o si, por el contrario, conviene en que se ocupe sólo de la libertad para que ésta –al decir del filósofo Richard Rorty– se encargue de la verdad. Son preguntas para las que no creo que nadie cuente con respuestas definitivas, aunque sí quizás con algunos atisbos: el primero es que, en efecto, imitar la locura de las naciones fracasadas constituye un delirio del que no saldríamos indemnes. El segundo, que una inteligencia que desprecie el valor de la palabra dada o de la conducta íntegra forzosamente conduce al desastre, a ese mismo que alimentan a diario los actuales populismos. El tercero, que amar y acatar las leyes garantiza la libertad mucho mejor que cualquier idolatría política. Y que, si un Estado debe adoctrinarnos, conviene que sea en los hábitos y las virtudes del corazón, antes que en las aptitudes y herramientas de la mente.

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De la Constitución a la Constitución

Guillermo Garabito

Guillermo Garabito opina sobre si es necesario reformar la Constitución para acomodar las voluntades del independentismo.

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El manicomio infantil

Lea Vélez

Foto: Khalil Ashawi
Reuters

Mis hijos, como muchos niños, tienen “enemigos” en el colegio. Todos los tuvimos. En la infancia los sentimientos están bastante exacerbados y hay odios y amores, amigos y enemigos.  La palabra “enemigo” no significa lo mismo para un niño que para un adulto. Es un lenguaje que ellos utilizan y que tiene un valor semántico muy diferente. Por ejemplo, hay niños del cole que se meten con mi hijo mayor y con su amigo, que “les odian” por ser diferentes, que no les invitan a los cumpleaños y que no les dan caramelos cuando toca repartir. Las madres de estos chavales fingen no saber que en la clase hay 22 niños cuando compran 20 piruletas para que las repartan con sus compañeros, y no les dicen cosas como: “mira, puñetero hijo de mis entrañas, descastado, bullinguero… si quieres repartir caramelos en la clase, tienes que darle a TODOS los niños, por mucho que le tengas tanto odio a estos dos”. Estas madres fingen que el colegio es un lugar de armonía social, que acosados y acosadores son felices en él como perdices y que el problema está en otra parte.

Y bien, sí, es verdad, está en otra parte. Está en fingir que al encerrar gacelas con leones, ratones con orangutanes y científicos con futbolistas en el mismo recinto amurallado se establece una representación fidedigna de la realidad social. Pues no. El recreo no se parece a la vida. En nada. En sociedad no convivimos así. Para empezar, en la vida nos juntamos con los que nos quieren de verdad y con los que de verdad nos hacen felices y sería difícil que alguien aguante en un trabajo años y años y años si le acosan laboralmente los mismos cuatro pringados, por poner un ejemplo. En sociedad buscamos relacionarnos por preferencia y no por obligación y además, tenemos otra sabiduría, no la pasión irascible de la infancia. En sociedad tratamos de contemporizar, hay un interés vital en ello: conservar el trabajo, ascender, disfrutar de los afines, alejarnos de los pelmas, buscar un hueco en la playa. Esto no se puede hacer en el colegio, buscar. La muestra del aula es demasiado pequeña. La del patio también. Todas sus fronteras son muros con vigilantes. Un colegio es una isla muy pequeña. Sus dinámicas son duras como condenas. El colegio es una burbuja, una aberración, un paréntesis en la vida de una persona. Es la cárcel antes del crimen, el purgatorio o en el mejor de los casos, una sala de espera de la realidad, en la que no siempre es fácil armarse de paciencia. El colegio, la vida escolar, no se parece a nada más que a sí mismo y quizá a las películas de fugas en prisión, en las que los presos nunca son asesinos horribles, sino tíos majos que ansían libertad y están unidos contra otro enemigo común: los carceleros

Hay que aceptarlo, madres y padres del mundo.  Una vez que los dejas tras esa tapia con rejas, lugar antinatural, ecosistema brutal de cemento, toca cerrar los ojos y creer en la ficción de que aquello es bueno y entretenido para ellos y, sobre todo, necesario. Es eso, o hacer lo que hago yo y decir: pues no. No es el bien, no es felicidad, no es una cosa buena, no es casi nada de lo que pretende, pero es necesario, en su justa medida y con las críticas necesarias.

Yo he decidido desde hace unos años salirme de la ficción. He llegado a la conclusión sana y cínica de que el colegio es una burocracia que hay que pasar. Mis hijos, que como todos los niños ya lo sabían desde hace tiempo, están felices de ver que no trato de engañarles al respecto. Desde que ven el colegio como una amable prisión llevadera están mucho mejor socializados Han dejado de creer en las buenas palabras de sus celadores: “esto es por tu bien”, “el colegio es un lugar de sabiduría”, “al colegio se va a aprender”, para gestionarlo con garbo y risas, como uno que es listo puede gestionar sus emociones en una sala de espera donde sabe que va a estar varios años. Para ellos es eso, un recinto donde si hay suerte, pueden disfrutar de alguna actividad intelectual, donde si hay suerte, pueden encontrar el cariño de un maestro, donde si hay suerte, pueden tener un mejor amigo con el que disfrutar de las horas muertas. Y cuando la realidad se ve desde lo que es… suele haber suerte, porque así es como funcionan las cosas. Cuando no se espera nada, se recibe más y se recibe mejor.

A mí me funciona fenomenal esto de no tratar de convencerles de que es el mejor lugar del mundo, ni de que es un sitio imprescindible para su desarrollo vital, ni de que allí aprenderán bondades que no podrían aprender igualmente en familia o en casa. No trato de convencerles de nada que no se corresponda con sus percepciones, porque las ficciones también nos quitan libertad. De todas formas, estoy ojo avizor por si hay problemas, acosos, infelicidad de esa tremenda, que nos marca de por vida. El otro día con los niños en el coche, volviendo del colegio, le dije a mi hijo pequeño, que tiene 8 años y que es quien más me preocupa, porque tras más de cuatro años trotando por este patio-paréntesis de la vida escolar, aún no ha conseguido hacer un gran-mejor-amigo que es lo único que nos consuela en esta vida:

-Cielo, ¿hoy qué tal? ¿Has conseguido jugar con alguien en el recreo?

-Bueno, no tuve mucho recreo.

-Oh, no. ¿Tuviste que acabar trabajo de clase atrasado? Voy a tener que hablar con tus profes… ¿cuál de ellas te dejó en el aula terminando la tarea?

-No, no me quedé sin patio por no hacer el trabajo, fue porque hoy no me quise comer la comida. Cuando no te la comes, te obligan a quedarte el último.

Me cargué de humor, como siempre:

-¡Caray! ¿Seguro que vais al colegio? ¿No será más bien la cárcel?

-Jajaja. -rio “el condenado”.

Su hermano de 10 años intervino con socarronería:

-No es la cárcel, mamá. El colegio se parece mucho más al manicomio. En los manicomios los cuidadores tratan de enseñarles cosas a los enfermos, les ponen a hacer dibujos y a colorear y tal, y, además, no está tan claro que los locos estén tan locos.

-Qué razón tienes, hijo. De hecho, antiguamente, muchas personas inconformistas, disidentes, mujeres independientes a las que tildaban de histéricas… acababan en el manicomio. Sí, creo que tenéis razón. El colegio es el manicomio de los niños. De hecho, ayer me llamó, una vez más, la psicóloga para hablar conmigo porque Richard siempre anda solo en el recreo. Qué pena que no pueda decirle lo que pienso.

-¿Y qué piensas?

-Que si los colegios no fueran manicomios, no haría falta que todos tuvieran psicóloga.

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