Una chica de 16 años degollada y olvidada
«Si toda muerte violenta es una fatalidad, cuando la víctima tiene toda la vida por delante se hace aún más duro»

Un agente de los Mossos d'Esquadra. | EP
Una adolescente de 16 años se levanta de su cama con todo el sábado por delante para disfrutar de él. El día anterior también fue festivo para ella y no tuvo que ir a clase, pues se celebraba el Día del Trabajador. Tenía, por tanto, tres días completos para cumplir con sus obligaciones como estudiante e ir preparando los exámenes de fin de curso, pero también para divertirse con sus amigos y amigas, y practicar un ocio más individualista en su habitación escuchando música, leyendo o viendo alguna serie. Ese sábado se levantó especialmente descansada y con ganas de aprovechar el día. El viernes festivo le había venido muy bien para organizar tranquilamente cómo quería repartir el tiempo de ese fin de semana largo. Tras posar sus pies en el sábado y ponerse las zapatillas de andar por casa, quiso saber cómo era la realidad fuera de esas cuatro paredes. Subió la persiana de su habitación y se encontró con un cielo despejado, silencioso, pacífico. Le entraron unas ganas terribles de disfrutar de él sin un techo de por medio. Es normal que un adolescente muchas veces sienta que la casa familiar se le cae encima. Salir a respirar y a intentar oxigenar ese mundo caótico que es la cabeza de una chica de 16 años.
Había belleza en esa estampa de aquella mañana en Esplugues de Llobregat. Una chavala adolescente salía a caminar por su ciudad para disfrutar de una calma que no se suele llevar bien con la distorsión y el ruido interno habitual en estas edades. Pero aun así, ella fue capaz ese mediodía de salir a la calle sin ninguna otra intención que dar un paso tras otro sin tener un destino marcado. Andar sobre sus pensamientos, pero sin pisotearlos. No le interesaban las huellas que iba dejando atrás, sino el camino que se iba abriendo en la mente futurista de cualquier adolescente. Pero mientras iba ensimismada en estos pensamientos, el presente volvía a atacarla, pero esta vez de una manera definitiva, mortal. Pudo levantar la vista por última vez para ver cómo el cielo caía a sus pies. Acababa de ser degollada por un hombre magrebí que gritaba «Alá es grande».
Algunos medios de comunicación se hicieron eco de la noticia sucedida el pasado dos de mayo. Destacaban que un hombre había matado a una mujer en Esplugues de Llobregat, pero que se descartaba que fuera un caso de violencia de género. Como si fuera la única razón posible para cometer un asesinato. A un servidor le sorprendió la poca publicidad dada a esta noticia en estos mismos medios, como si no les importara el hecho si no podían aprovechar para hacer publicidad de los intereses progubernamentales. Una supuesta defensa de las mujeres donde el hombre español, si no es de esta nacionalidad, tampoco interesa continuar con la noticia, aparece como una bestia que no puede frenar sus impulsos y que acaba matando. Lo que al principio era una mujer, cosa mejor para el relato interesado, resultó ser una adolescente de 16 años. Para un servidor, este dato hacía aún más cruel la noticia. Si toda muerte violenta es una fatalidad, cuando la víctima es alguien que tiene toda la vida por delante, se hace aún más duro de digerir el fatal acontecimiento. Ni aun así estos medios le daban a la noticia la relevancia que tenía. Algo estaba pasando para que estos medios progubernamentales no hubieran salido a la palestra a intentar dar más información sobre la muerte violenta de una chica adolescente.
Fue cuando se supo que el hombre que la había matado era un magrebí de mediana edad que iba por la calle con un cuchillo de grandes dimensiones atacando a toda persona con la que se cruzaba. La chica de 16 años tuvo la mala suerte de llevarse la peor parte y no poder vivir para contarlo. A este Gobierno, tan feminista como sus socios, y a sus medios afines no les viene bien hacer publicidad de la muerte violenta de una chica adolescente, y por tanto de sexo femenino, además menor de edad, cuando el verdugo es un hombre extranjero, y menos en un momento donde desean la regularización de todos ellos, dándoles igual sus situaciones personales. Infórmense de si hay algo de seriedad en la manera en que algunos de sus países de origen dan los certificados de antecedentes penales. Se pueden imaginar la respuesta.
Ningún político del Gobierno ni de sus socios ha salido a hacer declaraciones, ni tampoco en sus redes sociales. Esta chica de 16 años no debía ser lo suficientemente mujer, ni su caso especialmente grave, ya que su asesino había nacido fuera de nuestras fronteras. Varias cuchilladas por su cuerpo y una definitiva en el cuello que sí que pueden torcer todos estos para mirar hacia otro lado y hacer como si no hubiera pasado nada.
