Vito Quiles es el problema de España
«Este oficio está para fiscalizar al poder, a quien lo ostenta y lo utiliza de manera despótica y corrupta»

Vito Quiles. | Víctor Ubiña
Señoras y señores, nos hemos equivocado. Casi todos menos una pequeñísima excepción que la casualidad quiso que coincidiera televisivamente en la noche del pasado sábado. Un servidor no es nadie para escribir o hablar en nombre de los demás, por eso realizaré mi particular mea culpa. Yo creía que los problemas más graves que tiene nuestro país son el precio de la vivienda en particular, y de cualquier otra cosa en general. Que la corrupción política de este Gobierno que se está juzgando en este momento en el Tribunal Supremo, y otros juicios que se atisban en un horizonte cercano, tampoco ayudaban a sacar brillo a nuestra democracia y hacen que nuestra sociedad sea inmoral, pues ha conseguido que justifique que se perpetre cuando la realizan los suyos. Que ceder ante las presiones y peticiones de los nacionalistas vascos y catalanes hace que nuestras comunidades más pobres lo sean cada vez más, con trenes que parecen del siglo diecinueve y gente que sigue viviendo en barracones en La Palma. Las injerencias del poder ejecutivo en el judicial con la fiscalía general, pareciendo una discoteca a las seis de la mañana. Pero uno debe reconocer cuando se equivoca y señalar con nombre y apellido el principal y único problema que tiene España, y no es otro que Vito Quiles.
El sábado pasado un servidor había quedado para cenar con unos amigos. Pero un leve constipado y una tos mortal me hicieron decidir que era mejor suspender el plan por mi parte y no estropearles la velada. Así que me quedé en casa y encendí la televisión. Encontrar la paz en lo inane e insustancial de su contenido. Que mis continuados estornudos no interrumpieran una información o un contenido interesante. En algunos canales ponían películas, en otros concursos, pero mi congestión no permitía seguir el hilo de las primeras ni tener la cabeza lo suficientemente concentrada para jugar a los segundos desde mi sofá. Tras esos descartes, solo me quedaron las opciones de la segunda cadena de la televisión pública y La Sexta. No hacía falta prestar atención absoluta, aquello era un gallinero donde se picoteaban los unos a los otros, y se arrancaban las crestas dejando sus pequeños cerebros aún más expuestos. Mi fiebre del sábado noche consistía en tomarme un Colacao calentito mientras en mi televisión era fácil confundir los documentales de animales con lo que un servidor estaba viendo.
Tanto La Sexta Xplica como Malas Lenguas Noche empezaron sus tertulias políticas y de actualidad con el tema, a juicio de ellos, más importante, lo más grave a solucionar en nuestro país: Vito Quiles. Más de una hora en cada uno de los programas en mostrar a ese chaval de 26 años como el principal problema de España. Mostrar a Vito Quiles como el verdadero demonio. Debe ser él el que pone los precios a la vivienda, el que quiere que te arruines tras comprar en el supermercado un par de botellas de aceite de oliva, algo de carne o pescado y un par de piezas de fruta. El que nos sube los impuestos para tener unos servicios públicos cada vez más deficientes. La simpar Sarah Santaolalla se refería a él como si fuera Hitler, Stalin o el estrangulador de Boston. Los presentadores de ambos programas, Yélamo y Cintora, se copiaban y se repetían casi a tiempo real, como si por generación espontánea un ser superior les hubiera guiado en la «naturalidad» que había en sus discursos. Ambos dijeron que lo que hacía Vito Quiles no era periodismo. Un servidor puede dudar de las formas utilizadas, aunque jamás ha tenido un comportamiento violento, pero hace las preguntas que los ciudadanos haríamos si nos dejaran. Esos dos iluminados presentadores se creen con la potestad suficiente para decidir lo que es periodismo y lo que no. En los años que llevo relacionándome con gente del periodismo, siempre se me ha dicho que este oficio está para fiscalizar al poder, a quien lo ostenta y lo utiliza de manera despótica y corrupta, dando igual la ideología o el sector al que pertenezca. Lo que no es el periodismo es un masaje casi pornográfico al Gobierno que tiene el poder porque te haya puesto un programa, y te dediques a abrir la boca para tragarte y guardar la basura de tus amos.
Uno se fue a la cama el sábado pensando que Vito Quiles era Jeffrey Dahmer o Charles Manson. El líder de una secta satánica con aspecto aniñado y pijo para disimularlo como dios manda. Pasé tanto miedo pensando en su mente retorcida y cruel que me costó quedarme dormido. Lo bueno fue que al día siguiente, cuando me desperté, mi tos había desaparecido. Y es que semejante maldad acaba con todo.
