Rufián cerca de la independencia
«En Esquerra hay mucha gente a la que no le ha gustado que la imagen del partido en el Congreso se haya madrileñizado»

Gabriel Rufián. | Eduardo Parra (EP)
Señor Rufián, no sé qué más señales necesita. Si no tiene más remedio que toparse con el deslumbramiento de la realidad, el fogonazo en sus ojos que elimine su ceguera. Un servidor leyó ayer en este periódico una noticia firmada por Miguel Rojas en la que se hacía eco del malestar del Colectivo Primero de Octubre, una corriente dentro de las bases de Esquerra Republicana que ha pedido al partido expedientar a Gabriel Rufián «por sus actuaciones recientes en las que de manera evidente se ha alejado de los posicionamientos del partido, impulsando un espacio político de ámbito estatal que vulnera los principios de lealtad y de disciplina interna, por lo que demandan que se le retire temporalmente la portavocía en el Congreso y se limiten sus funciones representativas». Gabriel, quítese la venda de los ojos y reconozca que el desamor ha llegado a su pareja política.
Un servidor nunca ha ocultado que Rufián le cae bien, aunque no lo hagan sus ideas políticas. No entiendo que en el que todavía es su partido estén todo el día con la palabra «independencia» en la boca y después no le dejen ser el Frank Sinatra de esa organización, y que pueda vivir y manifestarse «a su manera». Ser el verso suelto en la capital de España, un poeta en Madrid. Lorca eligió Nueva York para hacer de su poesía algo vanguardista y universal, y es lo que pretende hacer de la política nuestro Rufián. Jugar con conceptos ideológicos supuestamente incompatibles, y que se los compre su partido actual, la confluencia nueva de partidos de todo pelaje que quiere formar y, sobre todo, y los más importantes para que Gabriel pueda llevar la misma vida de estos últimos años, los votantes de toda España, exceptuando su cada vez más lejana Cataluña, a los que nunca tuvo la necesidad de tener en cuenta para obtener lo que quería, pero a los que ahora necesita si no quiere volver a Cataluña con el rabo entre las piernas, y lo que es peor, sin escaño.
En Esquerra hay mucha gente a la que no le ha gustado que la imagen visible del partido en el Congreso se haya madrileñizado al nivel de Ayuso. Un chulapo de taberna, bocadillo de calamares y caña de cerveza bien tirada. Existía la figura del flâneur parisino, y ahora tenemos al paseante feliz y disfrutón de las calles madrileñas, cuyo mejor representante es nuestro Gabriel. Noches madrileñas siempre mágicas donde no sabes dónde vas a acabar ni a quién vas a conocer. Rufián tuvo la fortuna de que una de esas veladas acabara en un local donde coincidió con Ester Expósito. Pero también es verdad que en Madrid el que no corre, vuela, y si te duermes en los laureles, llega el delantero centro del Real Madrid y de la selección francesa, y te quedas sin verla bailar nunca más para ti, y prefiere hacerlo en un barco que navega por la isla de Cerdeña.
Acusan a Rufián de una deslealtad al partido y piden abrirle una investigación sobre sus actividades. Seguramente desconfían de que esté haciendo todo lo posible para lograr la independencia de Cataluña a través de un referéndum o de cualquier otra manera. Que esté poniendo Cataluña en el centro de sus intereses políticos personales. Y es que su centro geográfico es el de todos los españoles, Madrid, pero también lo es personalmente. Ambos son conocedores, como ya he expuesto anteriormente, de que su historia de amor está en las últimas, y si todavía no han roto es porque todavía se benefician de estar juntos. Un amor interesado y político, que viene a ser lo mismo.
Esquerra sabe que nunca tendrá a un portavoz más carismático y mediático que Rufián, pero necesita hacer algo en un momento donde Sílvia Orriols se come electoralmente a todos los partidos nacionalistas, sean de izquierdas o de derechas, y que la izquierda en Cataluña vota mayoritariamente al PSC, haciendo del voto útil un arte abstracto. Por su lado, Gabriel sabe que ha tocado techo y desplome en ERC. En España es tan famoso como Broncano o Pablo Motos, y el único que verdaderamente podría hacerles competencia si le dieran un programa en esa franja. No sé qué está esperando Telecinco para sustituir a Jorge Javier Vázquez por él y convertirlo en su presentador estrella. Lo que pasa es que él prefiere la política. Es cierto que se gana menos, pero también se trabaja la mitad.
Un servidor está deseando que el divorcio se haga realidad. Que en su nueva relación con los españoles busque el bien común y no el amor unidireccional propio de los nacionalistas e independentistas. Que tenga su lugar en el hemiciclo si es que así lo votan los ciudadanos, y que nos trate con la misma calidad y calidez humana que él recibe en Madrid y por otras partes de nuestro país. Por pedir, que no quede, y si no lo hace bien, que deje la política y se vaya a su casa. A España.
