Señora Montero, usted es un accidente político
«El nulo respeto por las víctimas y sus personas queridas es algo que jamás se olvidará»

María Jesús Montero. | Marta Fernández (Europa Press)
Este Gobierno ha demostrado no apenarse por nada ni por nadie. Su comportamiento psicopático es de manual y cumple fielmente su definición. Es un trastorno de personalidad antisocial marcado por la falta de empatía, remordimiento y emociones profundas. Son individuos narcisistas, manipuladores e impulsivos que utilizan el encanto superficial para engañar, buscando poder y gratificación personal sin considerar el daño efectuado o sufrido por otros.
Un Gobierno que pretende vender una imagen antibelicista y preocupada por la población civil en algunos de estos lugares en guerra, como Gaza o Irán, pero que trata a la ciudadanía de su país que necesita ayuda con un desprecio superlativo. Ejemplos tenemos muchos, pero recordemos unos pocos. Como los ciudadanos de La Palma, donde hay todavía más de cien familias que viven en barracones cuando la erupción del volcán se produjo durante el otoño de 2021. Los ciudadanos de la Comunidad Valenciana que sufrieron la infernal dana, un diluvio que al presidente del Gobierno no afectaba. Miraba los techos de cualquier habitación de la Moncloa y estaban lisos y sin agujeros. Las goteras afectaban a esa sinrazón tan suya, y a ese cerebro demasiado seco donde es imposible que nade la empatía. «Si necesitan ayuda que la pidan», y cambió de canal en su televisión, aburrido de esas imágenes dantescas, y se puso una serie de una plataforma de pago. Tenemos también el ejemplo del accidente ferroviario en Adamuz a principios de este año, pero que este Gobierno quiere que pensemos que es una cosa del Paleolítico superior. El nulo respeto por las víctimas y sus personas queridas es algo que jamás se olvidará. A este Gobierno, con su ministro a la cabeza, solo le interesaba mantener su puesto e intentar demostrar que ellos no tenían culpa de lo que había sucedido. Fueron incapaces, al igual que en Valencia con la dana, de ir a los funerales donde se despedía a los fallecidos y dar un consuelo a sus familiares y amigos. Buscaron todas las «vías» posibles para negar sus responsabilidades, y acabaron escondidos en un túnel donde solo se ilumina su egoísmo.
Ahora es María Jesús Montero la que demuestra una sensibilidad propia de un servilletero, una frialdad que ni el mejor de los frigoríficos, en definitiva, una inhumanidad manifiesta. Y es que en el debate televisivo del pasado lunes, donde acudieron los líderes de los partidos principales, no se le ocurrió decir otra cosa a la que se le seca la boca y nos saca la lengua que los dos guardias civiles que murieron en la provincia de Huelva persiguiendo a narcotraficantes fue un accidente laboral. Un accidente laboral ha sido toda su trayectoria política, como demuestran sus resultados, señora Montero. Dando tumbos por donde le han dejado, sean los gobiernos andaluces de los ERE o el sanchismo. Dos administraciones oscuras y opacas donde el accidente y el atropello, además de irremediables, son la marca de la casa. Y ahora Sánchez la envía a Andalucía a certificar que su carrocería política reciba el «siniestro total».
Los accidentes laborales, para este Gobierno que se dice tan cerca de la clase trabajadora, siempre han sido un problema provocado por el malvado empresario. Un empresario que no ha dotado de los medios necesarios al trabajador y por lo cual ha sufrido una lesión, a veces con consecuencias crónicas, cuando no directamente la muerte. Un empresario que, por ahorrarse unos euros, pone en grave riesgo la integridad de su plantilla. Pues ahora llega la simpar señora Mopongo y, sin darse cuenta, reconoce que el Gobierno del que ella ha sido parte hasta hace pocas semanas es el principal responsable de que esos dos guardias civiles no estuvieran dotados con todo lo necesario para enfrentarse a un enemigo tan poderoso en todos los sentidos, sobre todo el económico, como es el mundo del narcotráfico. No sabemos adónde irá ese dinero ahorrado, puede que a comprar botellas de agua que refresquen esa lengua que saca tanto a pasear que se le reseca. Mientras tanto, a nuestros guardias civiles en las costas se les dan unas colchonetas que apenas flotan sobre el mar.
En este caso y como es marca de la casa, tampoco han querido dar la cara ni Pedro Sánchez ni el ministro del ramo, en este caso Marlaska. El primero, un mensaje gélido en sus redes sociales, y el segundo, alguna declaración institucional, pero también distante. Ambos, cómo no, eligieron no ir a los funerales de los guardias civiles. Esconderse en las cuevas donde la oscuridad mana de ellos. Sí que fue la señora Montero, pero porque no le quedaba otra, y porque la campaña electoral obliga a hacer estos «esfuerzos» que fueron recibidos como Dios manda, con pitidos y animadversión general. La que se encontrará el próximo domingo en las urnas.
