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OPINIÓN

Juanma Moreno y la hibernación primaveral

«La firmeza de sus pasos ha sido sustituida por un suelo de arenas movedizas»

Juanma Moreno y la hibernación primaveral

El presidente del PP andaluz, Juanma Bonilla. | EP

Lo primero y creo que está bastante claro es que el Partido Popular ganó las elecciones andaluzas de manera holgada, y con una gran diferencia sobre el segundo y el tercer partido más votados. Decir lo contrario no sería una opinión respetable más, sino mentir de manera deliberada. Pero eso no hace menos criticable la estrategia, no de perfil bajo, sino directamente de subsuelo, de Juanma Moreno. Tan somnolienta, anestesiante y pasiva que el despertar tenía que ser de una brusquedad contraria, un movimiento sísmico que ha hecho que los cimientos del Palacio de San Telmo hayan perdido la solidez de cuando entraba el candidato popular hasta la semana pasada. La firmeza de sus pasos ha sido sustituida por un suelo de arenas movedizas. 

Y es que a quién se le ocurre hibernar en primavera. Moreno Bonilla «osó» dormirse en los laureles. Se ha demostrado que, además de algo incongruente, no era el momento adecuado. Querer dormir el sueño de los justos cuando el sol y las flores de azahar aparecen en Andalucía es una estampa de gran belleza, pero también ha demostrado ser un acto tan poético como suicida. 

Juanma Moreno quiso imitar el título de una de las mejores canciones de Antonio Vega, «Se dejaba llevar». Pero para dejarse llevar hay que tener el talento que desbordaba ese hacedor inmenso de letras deslumbrantes. Pero eso no lo puede hacer un político que no ha demostrado tener esas cualidades excelsas. El talento se puede dejar ir, dejarse llevar por la vagancia. Messi o Federer podían entrenar menos de lo necesario porque se habían caído en la marmita del talento desde que estaban en las tripas maternas. Pero ese no es el caso de Moreno Bonilla, que si ha ganado los partidos anteriores es porque sus rivales son más flojos que él, y todo lo contrario a la excelencia. Pero si no se tiene un talento excelso, uno no se puede confiar tanto y pretender ganar no haciendo nada o haciendo muy poco.

La suerte, cuando no viene acompañada del talento innato, precisa de un trabajo constante si no quieres que te abandone y se lleve con ella la mayoría absoluta. Es imposible ganar un partido si lo juegas andando y sin la actitud competitiva necesaria. Si no, que se lo digan a mi Real Zaragoza, que por mucho que los rivales de los últimos partidos se han empeñado en ponerle la menor tensión y energía, y sin jugarse nada, nos han ganado jugando con las manos en los bolsillos. Juanma Moreno pensó que ganaría el partido por goleada o mayoría absoluta, simplemente con saltar al terreno de juego y ver que su principal rival era Miss Mopongo. Pero esa presumible goleada por ocho a cero ha quedado en un más humilde cuatro a uno, una victoria contundente, pero no aplastante, como era el objetivo.

Juanma Moreno todavía llevaba la marca de la almohada en la cara cuando compareció el pasado domingo por la noche para dar sus primeras impresiones tras los resultados electorales. Antes de bostezar él, ya lo estaba haciendo un servidor. Hay quien dice que es bueno que un político sea plano y previsible. Como si fueran virtudes que asocian con una supuesta templanza y cordura. Nada demuestra científicamente que esos conceptos mariden como un buen vino del Somontano con el mejor ternasco de Aragón. Lo que un político tiene que ser es eficiente, y para conseguirlo no es necesario ser un soso, ni que parezca que te han sacado sangre cinco veces en el mismo día. Un pan sin sal tan insípido que ve en Andrés Iniesta o Miguel Induráin a unos cachondos de cuidado. 

Dicen que los bostezos se contagian, pero lo que se contagia en política es la desidia. Querer desaparecer como figura política, pretender ser el hombre invisible que ni está ni se le espera, y que no quiere molestar a nadie, y pretender regresar el domingo electoral como una aparición divina que se hace carne presidencial. No se sabe si dio el cante cuando eligió la estrategia del avestruz y no querer enfrentarse a la realidad, o cuando decidió que jugar a ser cantante por un día le haría ganar algunos votos entre los andaluces que tienen los oídos de adorno o para sujetar las patillas de las gafas. Otro buen momento para esa canción hubiera sido el sábado de reflexión, que curiosamente coincidía con el Festival de Eurovisión. No hubiera desentonado nada en un concurso musical donde el Gobierno de Sánchez decidió que no nos presentáramos. Lo mismo que decidió hacer Moreno durante la campaña electoral. 

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