Prostitutas, prostitutos y ahora Maputo
«Una inversión en la felicidad ajena y nunca en la propia, como lleva demostrando el sanchismo desde que gobierna»

Imagen generada con IA.
Ahora se entiende todo. No hay nada como estar informado para entender por qué las cosas se han hecho y se hacen de una determinada manera. Que el desconocimiento con su oscuridad propia se abra a una claridad donde se comprenda o al menos se sepa por qué se actuó de esa forma. La opacidad, el secretismo, hace que siempre se piense en lo peor, cuando hay veces que se debe a una explicación que, si no es lógica, por lo menos hace del misterio algo más manifiesto.
Y es que por fin sabemos por qué este Gobierno no hace nada con la corrupción propia. La razón de que Pedro Sánchez se vuelva la versión masculina de Shakira y se convierta en «ciego, sordomudo» ante todo lo que tenga que ver con el juicio de las últimas semanas en el Tribunal Supremo a Ábalos, Koldo y Aldama. El presidente ve más útil utilizar el tiempo en hacer videos en TikTok recomendando libros y canciones, o dejando constancia de lo deportista que es grabando cuando coge la bicicleta los fines de semana y hace una ruta que parece la del bakalao en la década de los noventa, pues le deja con una cara igual de desencajada que a los que seguían fielmente a ese mesías de nombre Chimo Bayo. Que mezclar no es bueno es algo de lo que te das cuenta desde muy joven, cuando en el bar de copas te invitan a un chupito y no sabes si es colonia o el anticongelante del coche. Lo mismo pasa cuando mezclas la política con cualquier cosa. Esta última acaba por contagiarse de la toxicidad de la primera, aunque sea una tan sana y recomendable, en principio, como es hacer deporte. Lo que está claro es que una de las dos actividades no le está sentando bien al presidente del Gobierno. O puede que ambas.
No me desvío más del destino marcado, aunque en las carreteras secundarias suela encontrarse la razón del viaje. Leyendo, como siempre, una noticia en este periódico firmada por Enrique Morales, se da la respuesta a una de las grandes dudas que teníamos los ciudadanos españoles. No entendíamos cómo un Gobierno como este, que hace tantas cosas, no se pusiera con la corrupción en nuestro país. Los malpensados dirán que su inacción se debía a que parte del Gobierno es la que la ejerce, poniéndole especial empeño en perfeccionar dicha práctica. A veces no les sale bien, y los juicios aparecen en su presente y en su futuro más cercano. Pues, señoras y señores, la razón de que este Gobierno no se preocupe por la corrupción en España es porque está más preocupada por acabar con la que sufre un país «hermano» como Mozambique, con el que todo el mundo sabe que nos unen unos vínculos históricos. Uno llevaba toda la vida pensando que lo primero que hay que hacer para poder criticar la casa de los demás es tener la tuya limpia y ordenada, y resulta que este Ejecutivo prefiere empezar de fuera hacia dentro. Para que luego digan que este Gobierno no es innovador.
El titular de la noticia del compañero Enrique Morales dice: Exteriores ha destinado más de 5,2 millones de euros a combatir la corrupción en Mozambique. Un servidor se quedó ojiplático al leerlo. Si leen la noticia, se enterarán del resto de datos y detalles de la información. A mi curiosidad le gustaría saber por qué Mozambique y no Marruecos, Brasil o México, a la hora de elegir un país al que ayudar a salir de su corrupción. ¿De dónde le viene a este Gobierno su simpatía por el pueblo mozambiqueño? Si se debe a que les hace gracia el nombre de la capital del país, Maputo, conocida la simpleza de los muchos personajes torrentianos que hay en este ejecutivo. Primero fueron los prostitutos en las saunas gais de Sabiniano, después las prostitutas de Ábalos, y ahora es Maputo.
Estamos ante un Gobierno tan universal y que le gusta tan poco mirarse su propio ombligo, aunque esté lleno de mugre y pelusas, que se deja para el final e intenta ayudar a todo el que puede. Lo demostró con el pueblo palestino, al que ha resuelto todos sus problemas, como todo el mundo sabe. Y ahora lo hace con Mozambique, inyectándole unos milloncitos de euros que seguro que van a su destino y derivarán en una democracia plena en ese país, además de que gracias a este Gobierno tan solidario dejará de ser uno de los países más pobres del mundo. Un dinero muy bien invertido, como todo el que gestiona este Ejecutivo. Quien quiera ver razones oscuras en esta cuestión es que no tiene corazón y, además, es un racista que no quiere que ese país prospere. Una inversión en la felicidad ajena y nunca en la propia, como lleva demostrando el sanchismo desde que gobierna. Y es que este Ejecutivo es como una madre o un padre que prioriza la salud y la felicidad de los hijos antes que la propia, y si por el camino tiene que trabajar sin descanso, comer a las cinco de la tarde como nuestro presidente, descuidar su salud o dormir poco, lo hace. En definitiva, hacer del resto del mundo un lugar tan perfecto, que no haya duda de que su corrupción es especial y única.
