The Objective
OPINIÓN

Soberbia, primer vocablo de sus respectivos diccionarios

«Uno y otro no dejan indiferente a nadie. Tienen no pocos seguidores y otros tantos detractores. Despiertan amor y odio»

Soberbia, primer vocablo de sus respectivos diccionarios

Imagen generada con IA.

Al escuchar las palabras de Florentino Pérez, tanto en su esperpéntica rueda de prensa el martes y luego en LaSexta el miércoles, y las declaraciones de Pedro Sánchez el lunes junto al director de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la exitosa operación en Tenerife contra el hantavirus, me han venido a la mente escenas de El gran dictador, la genial película de Charles Chaplin, rodada en plena Segunda Guerra Mundial. Napaloni, el líder fascista de Bacteria, y el nazi de Tomainia, Hynkel, pelean en su reunión con la altura de sus sillones. Cada vez que decían algo, los elevaban para así dejar al otro en inferioridad.

Es innegable que el presidente del Real Madrid en sus 26 años de mandato ha logrado no pocos éxitos y que Sánchez, en sus ocho al frente del Gobierno, pese a unos cuantos claroscuros notables, ha tenido sus aciertos, pero también sus no pocos errores, sobre todo políticos antes que económicos. El primero sentenció en el encuentro con los periodistas el pasado martes que no tenía intención de retirarse y de ahí que haya decidido convocar elecciones anticipadas cuando aún faltan tres años para las siguientes. «No me van a echar ni a tiros salvo que lo quieran los socios». El segundo, abrumado cada vez más por la corrupción que rodea a su partido, ya adelantó que se presentará a los próximos comicios el año que viene sin esperar la opinión de los afiliados socialistas, «y los voy a ganar».

Concluida, justo es afirmar con éxito, la operación del rescate de pasajeros del crucero holandés y el contagio de algunos de ellos del hantavirus, declaró el pasado lunes en Tenerife: «Necesitamos más ciencia y más conciencia y ese es el ejemplo que España ha dado al mundo», poco después de que el responsable de la OMS le felicitara por la misión.

La soberbia forma parte del ADN de estas dos figuras públicas que cada día que pasa al levantarse se miran al espejo para decirse que son los mejores. Florentino dirige la mayor empresa constructora del país, ACS, que factura 50.000 millones de euros y cuenta con 170.000 empleados, y se estima, según la lista de Forbes, que su patrimonio supera los 7.000 millones de euros. Y sobre todo es el presidente del Real Madrid, declarado el mejor equipo de fútbol del mundo y el más laureado, con 15 Copas de Europa y 36 Ligas españolas. «67 títulos ha ganado el equipo conmigo», dijo orgulloso el martes a la prensa.

Los méritos de Sánchez ni mucho menos llegan a tanto, pero también el político se quiere mucho cuando recuerda que de ser un simple concejal del ayuntamiento de Madrid es hoy uno de los dirigentes europeos más conocidos, que hasta lo menciona Trump para denostarlo, y el único referente de izquierda en la Unión Europea. Sin embargo, no gana una elección desde 2019. Llegó al poder en 2018 gracias a una moción de censura contra el líder del Partido Popular, Mariano Rajoy. En cualquier caso, ha tenido la habilidad de pactar con los nacionalistas vascos y catalanes, así como con «la izquierda de la izquierda» y con quien sea menester para mantenerse en La Moncloa. Sus aspiraciones son las de continuar allí, aunque las encuestas presagian lo contrario.

Uno y otro no dejan indiferente a nadie. Tienen no pocos seguidores y otros tantos detractores. Despiertan amor y odio. Ellos lo saben. Florentino afirma que quienes lo critican son cuatro o cinco periodistas que dirigen una operación orquestada para acabar con él. Sánchez considera que quienes lo odian no tienen argumentos porque la economía española crece más que la europea. Forman parte de lo que él llama la fachoesfera organizada por la extrema derecha (Vox) y la derecha (PP), que le hace el juego a los que él denomina sin más fascistas.

Monta como el otro personaje muros para defender su gobierno, su partido, pero especialmente a él. Admite de muy mala gana la crítica y le cuesta pedir perdón. Así como soberbia figura en el diccionario de ambos, la palabra perdón está en la última página. El columnista Jorge Bustos describía esta semana en El Mundo muy acertadamente lo que le ocurre a Florentino y que se puede aplicar perfectamente a Sánchez: «El poder sin crítica solo engendra despotismo por arriba y fanatismo por abajo».

¿Qué semejanzas tienen ambos? No son amigos ni enemigos. Se respetan. El jefe del Gobierno no es seguidor del Real Madrid como tampoco lo era su compañero José Luis Rodríguez Zapatero, a diferencia de sus predecesores José María Aznar o Mariano Rajoy, ambos del PP, y hasta el mismo rey emérito Juan Carlos, quien siempre que podía acudía al afamado palco del estadio Bernabéu, donde se cuecen tantos negocios. El club era tildado por sus enemigos como el «club del régimen» franquista. El presidente del Madrid está más en la órbita conservadora.

Florentino afirma despectivamente que los que alzan la voz contra él quieren influir en la gestión del club, «pero no lo van a conseguir». Los llama «intelectuales del régimen» y hasta les pone nombre y apellido. Mala cosa enfrentarse a la prensa como lo ha hecho él en su caótica rueda de prensa de esta semana. Sánchez considera que sus enemigos, aparte de Vox y PP, son también cuatro o cinco «tabloides digitales», instalados en el bulo.

El discurso de ambos parece contagiarse del populismo que tanto abunda últimamente en nuestro país y de la polarización que nos invade. La polarización hoy en día es rentable en cualquier sector de nuestra sociedad. El enemigo para Florentino está en la prensa, en la Liga, en los árbitros y, last but not least, en el Barcelona y en el escándalo del pago del club catalán durante varios años de cerca de ocho millones al entonces vicepresidente de la asociación arbitral, en el llamado caso Negreira. Para Sánchez, ya se ha mencionado, es en ese mundo que él denomina fachoesfera (por cierto, el término no es suyo) en el que engloba a la extrema derecha y la derecha y a la prensa afín a ellas, donde está el mal.

Uno y otro se tienen gran autoestima, consideran que el error no va con ellos y, por tanto, la autocrítica no tiene cabida en su carácter. Personalizan su liderazgo como si más allá de ellos solo viniera el abismo. Controlan los medios de comunicación. O lo intentan. Por ellos sería mejor que no hubiese prensa, pero buscan siempre influir aunque ambos se sienten perseguidos y víctimas injustamente. 

Florentino Pérez y Pedro Sánchez son los inventores en España de la resiliencia, ese vocablo anglicista que tan de moda se ha puesto en el país. Son como esos boxeadores que caen a la lona con las cejas abiertas y medio sonados, pero que se levantan y regresan más fuertes.

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