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En el foco

Al nacionalismo catalán le desagradan el humor y la ironía

«Puigdemont ha alzado la voz contra Mendoza llamándole ni más ni menos ‘resentido’»

Al nacionalismo catalán le desagradan el humor y la ironía

Ilustración de Alejandra Svriz.

Me encantaría escuchar al fugado Carles Puigdemont contar uno de esos chistes de un americano, un español y un catalán. A lo mejor me hacía reír o, mucho me temo, me lo tendría que explicar porque no lo habría entendido. No niego que los nacionalistas catalanes tengan el derecho de luchar democráticamente por su objetivo de independencia. Pero entre sus virtudes no está el sentido del humor y menos aún la ironía. Es a ellos a quienes hay que explicar el chiste.

Viene esto a cuento por la escandalera que ha montado, con poco éxito, Junts per Catalunya por unas palabras del novelista barcelonés Eduardo Mendoza, de vuelta de todo a sus 83 años, superestrella en ventas de libros y ganador, entre otros premios, del Cervantes, el Princesa de Asturias o el Planeta, máximos galardones literarios en España. 

Los nacionalistas se han rasgado las vestiduras por el hecho de que Mendoza dijera en la presentación de su última novela (La intriga del funeral inconveniente) que habría que cambiar el Día de Sant Jordi, el 23 de abril, patrón de Cataluña y Día del Libro y de la Rosa, por simplemente Día del Libro: «No pinta nada. Sant Jordi era un maltratador de animales y seguramente no sabía leer». No debió calibrar bien su manifestación, porque a los pocos días afirmó que se trataba de una broma. Y el jueves, mientras firmaba en la caseta de su editorial, Seix Barral, ejemplares, comentó que la polémica era un despropósito. 

Las juventudes del partido de Puigdemont, fugado desde octubre de 2017 y residente actualmente en Bruselas por su presunta participación en la declaración unilateral de independencia de Cataluña, trataron el jueves de boicotear la presencia del escritor en la Feria lanzando octavillas contra él. La sangre no llegó al río. Al contrario, Mendoza, que no hizo más comentarios provocadores sobre el caso, se convirtió en el escritor que más ejemplares vendió durante la jornada.

Junts y otros grupos independentistas han pedido que el Gobierno catalán, dirigido por el socialista Salvador Illa, le retire la Creu de Sant Jordi, una de las máximas condecoraciones de Cataluña, que las autoridades catalanas le concedieron en 1995 por su trayectoria literaria y sus referencias continuas y admirativas a Barcelona, la ciudad que vio nacer al escritor, que estudió abogacía y sociología antes de ejercer como traductor e intérprete en Naciones Unidas y dedicarse de lleno a la literatura.

Sin embargo, los nacionalistas sostienen que ha puesto en cuestión el sentido nacional catalán de la festividad del 23 de abril. El presidente de la Generalitat ha declarado que no hay ningún plan para quitarle la Cruz y considera la polémica un sinsentido. «Que fue una broma, hombre. Lo dije con ironía, pero los nacionalistas lo han interpretado como un ataque al santo patrón de Cataluña. Hay que hablar más del Día del Libro», afirmó el jueves mientras firmaba libros.

Pero las bromas y la ironía son anatema en el ideario nacionalista, siempre cargado de victimismo. Puigdemont ha alzado la voz contra Mendoza, llamándole ni más ni menos «resentido». «Es un resentido que vivió con amargura la eclosión de catalanidad tras la muerte de Franco», ha dicho desde su casa en Waterloo, una localidad periférica de Bruselas. Paradójicamente, ha llamado nacionalista al autor, entre otras muchas novelas, de La verdad sobre el caso Savolta (1975), La ciudad de los prodigios (1986) o Sin noticias de Gurb (1991), en las que Barcelona es siempre protagonista.

Es el humor y la ironía el eje central de la literatura de Mendoza, aunque no exenta de un trasfondo social. Al concederle el Premio Princesa de Asturias de las Letras el año pasado, el jurado lo definió como un «proveedor de felicidad». Al parecer, a él no le desagrada la definición. Hacer reír al lector ha sido su lema, lo cual no siempre resulta fácil. «Cuando me muera, que me olviden. Es muy malo para los hijos cargar con la momia del viejo», ha declarado en una de las entrevistas que ha concedido con motivo del lanzamiento de su última novela, donde abundan el humor y la excentricidad.

«En el colegio [de los maristas] recibí una educación estrecha, tediosa y opresiva. Tenazmente me inculcaron las virtudes del trabajo, el ahorro y el decoro, gracias a lo cual salí vago, malgastador y un poco golfo, tres cosas malas en sí, pero buenas para escribir novelas», declaró en el discurso de aceptación del Princesa de Asturias entre risas de los asistentes.

Y al referirse al ego que tienen los literatos, dijo también que «lo último que se pierde no es la esperanza, sino la vanidad». Ya comentó en su día Ernest Hemingway que un novato jamás debe dejar a un escritor consagrado copia de un proyecto de novela porque le robará la idea y se la apropiará.

Con estas coordenadas, suena lógico que Puigdemont y sus seguidores tengan dificultades para entender el humor y la ironía de Mendoza o de cualquier escritor… Y de ahí la necesidad, probablemente, de tener que explicar el chiste del americano, español y catalán. La risa es saludable, abre la mente y aleja la intolerancia. En definitiva, es un signo de libertad. ¿Se sienten libres quienes a toda costa creen de verdad que están oprimidos y perseguidos por un Estado único o plurinacional, como gusta decir Pedro Sánchez, en el afán de no perder los siete votos que tiene Junts en el Congreso y cuya presión permitió sacar adelante la ley de amnistía y posteriormente el indulto de los cabecillas del Procés? Precisamente sobre esta rebelión escribió en 2017 un breve ensayo muy crítico Mendoza, Qué está pasando en Cataluña, que en algún momento lo ha definido como una chaladura.

No son buenos tiempos para Puigdemont y sus seguidores, que ven cómo Aliança Catalana, la plataforma ultranacionalista liderada por la alcaldesa de Ripoll, Silvia Orriols, les va quitando espacio. La portavoz de Junts en el Congreso, Míriam Nogueras, pide ya abiertamente elecciones anticipadas porque Sánchez incumple las promesas a Cataluña. Y encima la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, pese a estar en sus horas más bajas y en línea de salida de la política activa, ha declarado que Junts es un partido «xenófobo y clasista», lo cual ha tenido una respuesta dura del líder fugado: «Está favoreciendo al Partido Popular y a la derecha mediática».

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