Mónica García, cualquier cosa y madre
«Perdió las elecciones contra Ayuso, aunque vendiera como un éxito parcial adelantar al Partido Socialista»

La ministra de Sanidad, Mónica García. | Eduardo Parra (Europa Press)
Me cuentan que Isabel Díaz Ayuso lleva dos días sin dormir. Los nervios y el miedo se le han pegado como una lapa a las entrañas. Ella, que se las prometía tan felices, que en su horizonte el cielo era de un azul radiante, donde las nubes eran unas masas blanquecinas que descansaban en el paraíso de las realidades extinguidas junto a los dinosaurios. Que sus futuras mayorías absolutas se reproducirían como conejos con dentaduras que mostraban un clímax perpetuo. Que el final solo vendría por la desidia que provoca el éxito continuo o por la búsqueda de objetivos mayores, como la presidencia del Gobierno. Todo era de una placidez que parecía hecha para la eternidad, pero súbitamente la han despertado del masaje con final feliz que la realidad lleva practicándole desde 2019. Y es que su peor pesadilla, su antídoto, su kriptonita, resurge de sus cenizas para acabar definitivamente con ella, aunque se conformaría con provocarle por primera vez un leve rasguño.
Mónica García ha decidido volver a Madrid. La verdad es que nunca se había ido, pues sus competencias, aunque sería mejor decir sus incompetencias como ministra de Sanidad, las desarrolla en la capital de España. Lo que este humilde articulista quería decir es que la ministra va a volver a la política madrileña. Aprovechó un acto del fin de semana pasado para decir que se iba a presentar a las primarias de Más Madrid para volver a ser su candidata a presidir la comunidad autónoma. «Quiero que se vaya Ayuso, quiero que merezca la pena luchar contra ese Goliat».
Si Mónica García se postula a ese puesto es porque sabe que le queda muy poco en su actual ocupación. Puede que aún menos de lo que podamos imaginar. Esta semana se van a volver a producir huelgas de los médicos de la sanidad pública debido, entre otras cuestiones, a sus maratonianas jornadas de trabajo. La ministra puede que se crea que es la única médica y madre, como puso en sus redes sociales a modo de carta de presentación. Lo escribió como si fuera algo que la hacía excepcional, única, algo que la destacaba sobre el resto. Señora García, le garantizo que hay muchas médicas de verdad, las que ejercen cada día ese noble oficio, que también son madres, pero que no pueden ejercer como les gustaría por sus jornadas laborales de 16, 17 o más horas cuando es necesario. Lo mismo ocurre con los médicos que son padres, pues aquí la ministra del ramo sabe que no es cosa de sexismo.
La cosa es que Mónica García se ve fuera del ministerio. Se ha dado cuenta de que le queda poco tiempo de exprimir ese chollo que es ser ministra y, antes de que la echen o ella diga que se marcha para aplacar el fracaso de su gestión, ha buscado un nuevo lugar, aunque en su caso sea viejo, donde poder seguir viviendo de la cosa política. Cualquier cosa menos ejercer esa profesión de la que tanto alardea en sus redes sociales. Pero es que ella sí que quiere ver a sus tres hijos más tiempo que el de arroparlos en la cama antes de dormir y darles el beso de buenas noches. Me han contado de padres que comparten esa profesión que se han preguntado, mientras desayunaban en la cocina de su casa, quién era ese señor que salía de la habitación de su hijo y que tenía un leve bigotillo naciéndole sobre el labio superior.
Pero lo que más sorprende es la alegría al dar la noticia, tanto por parte de ella como del partido. Que un servidor sepa, Mónica García perdió las elecciones contra Ayuso, aunque vendiera como un éxito parcial adelantar al Partido Socialista y convertirse en la jefa de la oposición. Alguien tiene que quedar segundo y tercero, aunque Ayuso gane por mayoría absoluta. También hay que decir que, en esos momentos, la señora García era una política «virgen», sin pasado. Ahora lleva una mochila a la espalda: su lamentable gestión al frente del ministerio ha erosionado gravemente su imagen anterior. Y es que las personas con las que compartía gremio profesional han renegado de ella de manera furibunda.
Y es esa persona a la que ahora Más Madrid presenta como si fuera un gran fichaje a la altura de los galácticos de la primera etapa «florentiniana». Un servidor no podía imaginar que estuviera tan mal ese partido, pero, tras lo de Íñigo Errejón, se ha visto que todo puede empeorar o mantener el nivel de fracaso. Alguien que ya perdió con Ayuso y fue desterrada del ministerio que más se ajustaba a su capacitación. Ayuso no duerme, y es porque no se puede creer que su rival político vuelva a tropezar en la misma piedra. «Así se las ponían a Fernando VII», piensa ella, mientras se le escapa un bostezo inevitable.
