The Objective
Entrevista

Cebrián: «'El País' ya no es una institución, se nota la influencia de Rodríguez Zapatero»

El primer director del gran periódico de la Transición pasa revista a su 50 aniversario, de cuyos fastos ha sido excluido

El 4 de mayo de 1976 nació el diario El País. Se cumplen, por tanto, 50 años de un periódico que llegó a ser una auténtica institución en España, sobre todo en los primeros pasos de la democracia. La persona más importante en la historia de ese periódico es Juan Luis Cebrián, que fue su primer director y, posteriormente, consejero delegado, presidente y presidente de honor… hasta que un flirteo con THE OBJECTIVE provocó su despido en 2024. Él ha sido el gran ausente en los fastos oficiales organizados por el 50 aniversario, aunque también se ha echado de menos al exdirector Antonio Caño y a firmas como Fernando Savater, Félix de Azúa, Antonio Elorza o Francesc de Carreras. Todos ellos han sido ‘cancelados’ durante los últimos años… si bien han encontrado acomodo en TO, donde escriben cada semana con la misma libertad con la que lo hicieron en El País durante décadas. En esta entrevista, Cebrián repasa la historia del periódico y se atreve por primera vez a emitir algunos juicios críticos sobre la última etapa.

PREGUNTA.- ¿Cómo es posible que un periodista de apenas 31 años fuera el primer director de El País?

RESPUESTA.- Tenía 31 años, pero mucha mili a mis espaldas. Ingresé muy pronto en la universidad y con 18 años entré a hacer prácticas en el periódico Pueblo y participé también en la fundación de Cuadernos para el Diálogo en el año 62, que fue la primera revista que empezó a establecer los fundamentos de lo que luego sería la Transición y la reconciliación entre los españoles. 

P.- ¿Quién y por qué decidió fundar El País

R.- Es una historia un poco compleja. Carlos Mendo y Darío Valcárcel fueron a ver a Manuel Fraga y a José María de Areilza, que eran sus padrinos, por así decirlo, con la idea de hacer un periódico para una nueva etapa. Pero, como no tenían suficiente dinero, pidieron ayuda a los principales editores de España, incluido Jesús Polanco, que era editor de libros de texto. Y luego empezaron a buscar director. Primero se lo ofrecieron a Miguel Delibes, pero dijo que no. Después a Jesús de la Serna, que tampoco aceptó. Finalmente, encontraron a Vicente Gállego, del que yo iba a ser el director adjunto, pero a los 15 días renunció. Entonces me dijeron: «Bueno, pues dirígelo tú». Yo tenía 31 años en ese momento, pero contaba ya con 12 años de ejercicio periodístico, y muchos de ellos como redactor jefe, subdirector y director. Era de los mayores de la redacción, porque la edad media era de 25 o 26 años. 

P.- Entre los primeros accionistas del periódico, que eran muchos, se encontraban personas que seguramente sorprenderán a los más jóvenes. Tú has citado a Manuel Fraga, que había sido ministro con Franco, y a José María de Areilza, pero también estaba Jordi Pujol. ¿Por qué gente tan variopinta de repente se juntó para montar un periódico? 

R.- Porque la presencia como presidente del periódico del hijo menor de don José Ortega y Gasset ponía de relieve que, efectivamente, el periódico quería rescatar, entre otras cosas, la tradición cultural, intelectual, artística y científica de la prensa española, que había desaparecido durante el franquismo. Y eso hicimos.

P.- Entiendo entonces que El País no se concibió como un periódico de izquierdas, ¿no? 

R.- No. Yo publiqué un artículo en el primer número donde explicaba que éramos un conjunto de intelectuales y periodistas que querían hacer del periódico un ejemplo de lo que era la prensa libre. Y decía que la prensa libre es aquella que es capaz de resistir los ataques y de oponerse al poder político y al poder económico cuando cometen desvaríos. Ese fue el motivo fundacional del periódico, junto con la idea de que los periódicos los hacen los periodistas, no los consejeros delegados ni los accionistas de la empresa.

P.- ¿Qué pasó para que luego, con el paso de los años, El País se convirtiera, al menos a ojos de una gran mayoría, en un periódico más cercano a la izquierda?

R.- Mi voluntad siempre fue dar voz a la izquierda, porque la izquierda iba a ser muy importante en el proceso de Transición. Yo he sido siempre un demócrata liberal… y la democracia liberal no funciona sin la izquierda. Y además, como la izquierda no tenía voz en la prensa, había casi un motivo comercial: si le dabas voz a la izquierda, vendías más ejemplares. 

P.- ¿Crees que se te fue la mano acercándote al gobierno socialista de Felipe González? 

R.- No lo creo. Yo denuncié los GAL en el periódico, y tuvimos también un conflicto con el referéndum de la OTAN. Eso hizo que durante prácticamente dos años nuestra relación se cortase. 

P.- ¿Cuál dirías que fue tu mayor error en El País

R.- Tuve muchos errores, pero no tengo ni idea de cuál pudo ser el mayor. Probablemente los mayores que he cometido hayan sido con mi equipo, al que a veces no he explicado suficiente o no he sido necesariamente justo en algunas decisiones.

P.- ¿Dejar de ser periodista para convertirse en ejecutivo empresarial fue un error? 

R.- No fue un error porque yo no quería ser consejero delegado. Fue Jesús Polanco quien me lo pidió porque quería empezar a retirarse. Y entonces le puse como condición poder seguir escribiendo en el periódico, porque yo lo que soy es un periodista. 

P.- ¿La aventura televisiva fue un error? 

R.- No, no, todo lo contrario.

P.- Pero llevó a la empresa a un endeudamiento muy fuerte y a muchos problemas económicos… 

R.- No, no, el endeudamiento vino por un crecimiento fuerte de la empresa y no lo pudimos combatir por la enfermedad de Jesús Polanco. Llegamos a tener en 2005 una oferta en firme por Canal Plus por 4.750 millones de euros, pero a Polanco ya le habían dicho que tenía un cáncer y que moriría a los tres años, y ya no estaba para ofertas. Tras su muerte, llegó la gran crisis y las ofertas se redujeron a 1.700 millones. Y empezamos la travesía del desierto. 

P.- ¿Dejar un periódico tan importante como El País en manos del capital extranjero ha podido ser un error?

R.- Una de las diferencias esenciales de El País actual con El País de cuando nació es que antes éramos un grupo de intelectuales, empresarios y editores que queríamos hacer un periódico. Ninguno tuvo nunca un 30% ni nada parecido. Ahora el primer accionista tiene un 30%. El País, que había sido un intelectual colectivo, ahora es una marca mediática, pero no es una institución como lo fue durante la Transición. 

P.- ¿Y por qué no lo es ya?

R.- Pues precisamente porque es una empresa mediática. 

P.- Pero se habrán cometido errores para llegar a esta situación, ¿no? Es decir, parte del prestigio se ha perdido por el camino...

R.- Pero no solo es el caso de El País. Otros grandes periódicos europeos han perdido también prestigio… Y en los últimos años en El País se ha notado la influencia de Rodríguez Zapatero, que ha sido tan grande que ha impulsado a su gente hasta puestos importantes. Él fue quien dijo que me tenían que echar de El País

P.- El otro día, en el transcurso de una comida con la plantilla fundacional del periódico, pediste perdón durante tu alocución. ¿Por qué?

R.- Pues fundamentalmente porque cuando uno está al frente de una institución de este género tiene que tomar muchas decisiones, y a veces se equivoca. Son decisiones que uno piensa que no son todo lo acertadas posibles, pero que son necesarias para defender la continuidad de la empresa o para resolver algún problema concreto. Y esas decisiones a veces generan daños personales, generan despidos, generan injusticias.

P.- ¿Te arrepientes de muchas decisiones? 

R.- De lo que me arrepiento a veces es de decisiones que me hubiera gustado tomar y no tomé, precisamente pensando que iba a ser peor para la empresa. 

P.- ¿Me puedes poner algún ejemplo? ¿Qué deberías haber hecho que no hiciste? 

R.- Una de las cosas que creo que debí hacer fue insistirle más arduamente a Jesús Polanco que teníamos que vender Canal Plus cuando nos lo ofrecieron inicialmente. 

Juan Luis Cebrián en un momento de la entrevista. | Víctor Ubiña

P.- ¿Qué le falta a El País de hoy? 

R.- Fernando Savater. 

P.- ¿Y qué le sobra? 

R.- Los periódicos en papel son zombies. Están muertos, pero se creen que están vivos. Todo lo que venden los periódicos de Madrid juntos no es ni lo que vendió El País en su primer día que salió a la calle. Y además no tienen publicidad, y tienen unos problemas económicos tremendos. Hasta su confección se ha vuelto aburrida…

«Los periódicos en papel son zombies. Están muertos, pero se creen que están vivos»

P.- ¿Se parece en algo El País de hoy a El País que fundaste? 

R.- Se parece en muchas cosas porque tiene muy buenos periodistas, colaboradores, escritores, fotógrafos… Pero hay una diferencia: nosotros queríamos hacer un periódico para la reconciliación entre los españoles que habían ganado y los que habían perdido la Guerra Civil, que eso fue precisamente la Transición y no las tonterías que nos cuentan ahora. 

P.- ¿Por qué El País de hoy no sigue con esa misión?

R.- Yo creo que ningún periódico está en esa misión hoy. La vida política ha empeorado, la clase política ha bajado de calidad, en todos los partidos y esencialmente en el Partido Socialista, cuyo actual dirigente verdaderamente amenaza con acabar con la socialdemocracia, si no ha acabado ya. Un presidente que clama porque otros rompen la Constitución y resulta que no cumple la Constitución durante toda la legislatura, que dice que va a gobernar sin el Parlamento, cuya mujer está siendo imputada, que se financió con los negocios de la prostitución de su suegro, que tiene en el banquillo a su primer secretario general y al segundo también… Es una vergüenza que muchos militantes socialistas no tengan la valentía moral de denunciar el destrozo que se está haciendo al socialismo democrático. 

P.- Curiosamente, ninguno de esos escándalos que afectan a Pedro Sánchez ha sido desvelado por el diario El País

R.- Muchos han sido desvelados por THE OBJECTIVE. 

P.- ¿No falta que El País cumpla mejor con la misión periodística de fiscalizar al poder? 

R.- Yo solo soy accionista de El País, los periódicos los dirigen los directores. 

P.- ¿Pero no echas en falta alguna crítica más a Pedro Sánchez?

R.- Sí, claro, en las páginas y en muchos titulares. Por ejemplo, hay una tendencia a exculpar los errores del Gobierno. La corrupción es sistémica en este país, el sistema de las autonomías no funciona, en el País Vasco los asesinos de ETA están siendo liberados cuando todavía hay cientos de crímenes sin resolver…

P.- El último director que tú nombraste, Antonio Caño, fue pionero denunciando a Pedro Sánchez, porque publicó un editorial en el año 2016, tres días antes del famoso Comité Federal cuyo vídeo hemos difundido en THE OBJECTIVE, llamándole «insensato sin escrúpulos». ¿Tú compartiste en su momento aquella posición editorial?

R.- Compartí la la posición editorial, pero esa frase la hubiera dejado simplemente en insensato, sin nada más después. 

P.- Pero el tiempo le ha dado la razón. 

R.- Ahora lo de «sin escrúpulos» es una chorrada con las cosas que uno lee. 

P.- ¿El País de Antonio Caño era un periódico de derechas como algunos pretenden hacernos creer?

R.- Yo creo que no. Antonio fue un magnífico director.

P.- ¿Cómo viste la salida de Antonio Caño? Porque hay que recordar que gana la moción de censura Pedro Sánchez, e inmediatamente la empresa —tú ya no estabas de presidente— decide cambiar de director y poner a Soledad Gallego Díaz. Y ella, en su primer día como directora, destituye prácticamente a toda la cúpula directiva de Caño, yo entre ellos. ¿Qué te pareció aquella decisión? 

R.- Todo eso sucedió dos semanas después de que yo dejara el puesto de presidente. Y bueno, yo admiro mucho a Sol Gallego Díaz. 

P.- La llegaste a definir como «la mejor de todos nosotros». 

R.- Fue mi directora adjunta y cuando yo dejé la dirección la propuse como directora, pero ella no quiso por razones personales. Cuando la nombraron directora tras Caño, yo le conté lo que estaba ocurriendo: el poder económico estaba tratando de hacerse con el poder en Prisa. Y le di los datos. Pero los directores son los que dirigen los periódicos, los que deciden la composición de la redacción y lo que se publica. 

P.- Pero tú sabes que normalmente cuando cambia un director se recoloca a su cúpula, no se la despide. ¿Te sorprendió aquello? 

R.- Me sorprendió mucho, pero no pedí cuentas a nadie porque no debía hacerlo. 

P.- Unos años después fuiste tú el despedido. En concreto, cuando anunciamos que ibas a hacer un podcast en THE OBJECTIVE...

R.- No me sorprendió porque me habían avisado dos años antes de que Zapatero había dicho que me echaran. Pero sí me sorprendió lo mal que lo hicieron. A mí me llamó por teléfono un señor al que no he visto en mi vida para decirme que había incumplido el contrato según ellos y que por lo tanto ya no podía escribir más. Yo les pedí poder despedirme con un artículo a los tres días, pero me dijeron que no.

P.- Aquel artículo se acabó publicando en THE OBJECTIVE… pero sí te han hecho una entrevista con motivo del 50 aniversario, aunque no se te ha visto en el acto solemne de Barcelona.

R.- Yo recibí una invitación para acudir como suscriptor, un email diciendo: «Confirme usted que va». Pero creo que todos los directores deberíamos haber sido invitados personalmente. El problema es que hoy no hay un compromiso con la institucionalidad intelectual por parte de la empresa como lo había cuando se fundó.

P.- Es triste que El País cumpla 50 años y su fundador no tenga un papel protagonista en el evento de conmemoración ni haya firmado un artículo en el suplemento especial que se ha publicado, como tampoco otro director como Antonio Caño…

R.- Es amargo. A mí me ha dolido mucho la exclusión de Fernando Savater. Yo digo que nos han cancelado, que es una palabra de moda ahora.

P.- ¿Pero quién os ha cancelado? 

R.- A mí me contaron que Zapatero. 

P.- Sí, pero Zapatero no manda en un periódico. Tú has dicho varias veces que en un periódico manda el director.

R.- Zapatero tuvo un personaje importante en el Consejo de Administración, Miguel Barroso, que tenía mucho poder. Y algunos accionistas son muy cercanos a Zapatero.

P.- ¿Qué relación tienes con el actual presidente del Grupo Prisa, Joseph Oughourlian?

R.- Tengo una relación correcta, mucho mejor que la que tuvimos cuando él era consejero y yo presidente. 

P.- Ahí estabais en guerra abierta. 

R.- Él consideraba que yo había sido un desastre como consejero delegado y presidente. Pero cuando yo me fui la acción estaba a 1’80 euros y hoy está a 30 céntimos. Y aparte han hecho un par de ampliaciones de capital, han vendido Santillana España, que era la madre de la empresa, han vendido la televisión de Portugal, la radio de Argentina… Yo no presumo de haber sido un gran consejero delegado, pero yo dejé la acción en seis veces lo que vale la acción ahora. 

P.- ¿Cómo llega Joseph Oughourlian a El País?

R.- Llega porque compra acciones. 

P.- ¿Y cómo las compra? 

R.- La verdad es que no sé cómo las compró. Porque él compró un 2% en la salida a bolsa, y años más tarde, en el año 2015, me entero un día prácticamente por la prensa que en la misma semana Telefónica, que también tenía un dos y pico, había ejercitado unos derivados e iba a pasar al 12%, y que otro accionista que era Amber Capital (Oughourlian) también pasaba al 13%. Es decir, que en una semana me encuentro con que esos dos accionistas tenían prácticamente cerca del 30% de la empresa.

P.- ¿Y quién estaba detrás de esa operación?

R.- Detrás de Telefónica, estaba Telefónica. Por parte de Oughourlian, pues Amber Capital, que es un fondo de inversión de esos que llaman buitres. 

P.- ¿Había detrás algún interés especial? ¿Qué sospechas? 

R.- No lo sé. Yo creo que empresarialmente El País ha perdido independencia.

P.- ¿En qué momento crees que se jodió El País

R.- Yo creo que no hay un momento en el que las cosas funcionen y otro en el que las cosas se jodan. Yo creo que es un proceso, y ese proceso creo que comenzó justo después de la muerte de Jesús Polanco. Jesús había dejado una empresa muy endeudada, para la que yo había ofrecido una solución real, pero él estaba enfermo y no quería. Y entonces se desataron intrigas nacionales y quizás alguna internacional, no lo sé, por hacerse con un instrumento tan poderoso, por personas que a lo mejor no les interesaba España, les daba igual lo que pasara en España, pero sí les interesaba América Latina. 

P.- Si tuvieras hoy que montar un periódico, ¿cómo lo harías? 

R.- Pues yo haría una máquina del fango como THE OBJECTIVE.

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