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Cultura

Basilio Baltasar explica cómo gestionar un premio que resista a los embates del tiempo

Conversamos con el director de la Fundación Formentor para reflexionar sobre la importancia de los galardones literarios como resistencia en momentos de literalidad

Basilio Baltasar explica cómo gestionar un premio que resista a los embates del tiempo
Cati Cladera|Fundación Formentor

El Premio Formentor se otorga desde 1961, cuando se concedió un doble galardón a Beckett y a Borges. Años después se interrumpió, en pleno régimen franquista, y décadas volvió en una nueva etapa, que comenzó en 2011 con la entrega del premio al mexicano Carlos Fuentes. Desde ese momento, Basilio Baltasar ha fungido como director de la Fundación Formentor, un hilo que une caminos culturales para mantener el premio y dar voz a autores con alto nivel literario más allá de su popularidad en el mercado.

El Premio Formentor, como afirma Baltasar, se creó como una conspiración cultural por un grupo de editores con afinidades estéticas y pasión por la herencia ilustrada. Al recordar los días en los que se creó el premio, nos afirma que esos «15 pequeños pero relevantes e influyentes editores literarios compartían una idea muy clara respecto a lo que era la cultura literaria, la alta cultura y el compromiso del editor con la calidad». Para él obviamente existía, desde los años sesenta, la literatura comercial y esta ayudaba a subsistir a los editores, pero el compromiso con las bellas letras y la tradición que se remontaba a varios siglos atrás, formaba parte de las señas de identidad del mundo editorial literario y del premio cuando esté se conformó.

Años después de sus primeras entregas, el Premio Formentor «renace de sus cenizas» en el 2011, «precisamente con idea de recuperar esas señas de identidad que los primeros editores habían creado» para así «respaldar a los editores que, a día de hoy, han mantenido ese compromiso con la literatura» y a los escritores que «escriben con la vocación estética y artística como principal rasgo de su compromiso intelectual, cultural y obviamente literario».

Si algo se considera de un premio como el Formentor, además de su gran compromiso literario, es el glamour que lo rodea, al celebrar su entrega en el paradisíaco cabo Formentor y, este 2021 particular, en el hotel Barceló Renacimiento en Sevilla. Es por ello que en THE OBJECTIVE le preguntamos a Basilio Baltasar si entre tanto glamour y vocación estética, ¿el premio de élite podría llevárselo un autor que hiciese literatura comercial? Él responde que no, que aunque los conceptos puedan ser confusos, cree que hay un rechazo contemporáneo a la palabra élite. «Yo creo que la élite existe y el compromiso ilustrado de la élite también».

«Yo creo que un premio como el nuestro tiene que contribuir a la construcción del buen gusto»

Basilio Baltasar

Para Baltasar, la élite no es un rasgo de exclusivismo aristocrático, sino un rango de comprensión y de gusto cultivado, deliberadamente cultivado, desarrollado de una manera exquisita. «Yo creo que un premio como el nuestro tiene que contribuir a la construcción del gusto. Otra cosa es que hablemos de la industria del entretenimiento, que hablemos de los productos comerciales. Ese es otro mundo que no es el nuestro y lo que queremos es precisamente situarnos en esa genealogía de la alta cultura europea y contribuir a reforzar lo que son las ideas medulares de la del arte y de la literatura», afirma.

Visibilidad a las nuevas voces y fortalecimiento de las lenguas europeas

Para el director de la Fundación Formentor existen muchos premios, los más conocidos son los editoriales y luego los institucionales; sin embargo, estos últimos pueden tener más limitaciones por estar mediados por instituciones públicas. No obstante, el premio que dirige es independiente de ambos formatos y «está comprometido únicamente con la calidad literaria de los autores a los que quiere, por un lado reconocer y por otro lado recomendar». Lo que tiene en cuenta el premio «es la integridad artística de la obra literaria».

Más allá de modas y temas comerciales, el galardón dirigido por Baltasar enaltece y fortalece a las lenguas europeas y la visibilidad de la obra artística a quien no haya gozado de reconocimiento. «Nos ha tocado vivir una época que ha sido forjada por la lengua inglesa y esta forma parte del poder cultural contemporáneo. La lengua inglesa es muy potente y tiene sus propios premios, sin embargo, nosotros nos fijamos en las lenguas europeas y esto es un rasgo de diferencia de nuestro premio».

¿Por qué un premio desde el mecenazgo?

El Premio Formentor es un «buen ejemplo de lo que puede ser un mecenazgo», explica Basilio Baltasar. El mecenazgo del premio es un caso de éxito para entender «la no vinculación con ciertos intereses», por lo tanto, «el premio goza de libertad», un jurado libre para elegir autores que se incluyan dentro de los parámetros del premio.

«Lo único que se tiene que tener en cuenta para evaluar la calidad de este mecenazgo es la relación de nombres que han sido reconocidos con el premio. Esa trayectoria y esas calidades añadidas son las que definen el compromiso cultural de ese mecenazgo. No tenemos ya necesidad de especular, ni de explicar, ni de justificar. En estos once años, estos once premiados definen un programa estético, un programa literario. Ahí están los nombres. Los verdaderos protagonistas son los escritores premiados y el mecenazgo ha hecho posible esta lista, esta relación», asegura Baltasar.

Esos protagonistas empezaron siendo Borges y Beckett, una biblioteca en sí mismos, esa que Baltasar desea seguir continuando desde el mecenazgo. «Desde luego fue un comienzo espectacular y esos dos primeros premiados definen cuál es la preocupación del jurado cada año, cuando se reúnen primero a investigar, a buscar, a reunir y luego leer y evaluar». Para el director de la Fundación Formentor lo importante es ser fiel a ese gesto fundacional con el que comenzó el premio. «Hay premios que tienen otras preocupaciones, otras inquietudes. La preocupación de los jurados del premio Formentor es ser coherente con ese primer nombramiento, con esos dos primeros premiados y que a lo largo de 60 años, ha sido parte de la historia literaria del continente europeo».

Premio Formentor para 2022

A pesar del cambio de sede del premio del Cabo Formentor a Túnez, y que flaqueó por culpa de la pandemia y volvió a España a la cálida ciudad de Sevilla, la realidad y las preocupaciones del jurado cada año seguirán siendo las mismas a pesar de las localizaciones, según asegura Basilio Baltasar.  «Nos hemos visto obligados a abandonar ese enclave de la geografía mallorquina y creo que adoptando el modelo itinerante, lo que hacemos es llevar el espíritu de Formentor a diferentes ciudades y a diferentes lugares». Esa es ahora la inquietud del director de la Fundación Formentor luego de que este 2021 hayan llevado el encuentro a Sevilla y a su vida cultural, «tan rica como importante», y que pretende crear una especie de «hermanamiento de Formentor con Sevilla», en el cual ve nuevas experiencias y oportunidades.  Este año el premio ha sido otorgado en Sevilla al escritor argentino César Aira.

Una de estas oportunidades es el diálogo. «Antes de estar en Sevilla iba a ser en Túnez y no sucedió por la pandemia», afirma el director, quien confirma que «sin duda» y «posiblemente» el Premio Formentor mute a nivel de geolocalización y este se pueda celebrar en diferentes sedes para hacer que el premio sea mucho más europeo. «La idea es precisamente la itinerancia, que cada año el Premio Formentor y las conversaciones se celebren en un lugar diferente».

La agenda del Premio Formentor para 2022 sigue y se afianza como galardón: comienza con el fallo del jurado en la biblioteca del escritor portugués José Saramago en su casa de Lanzarote, un primer vínculo europeo fuera del enclave del cabo Formentor, enalteciendo así la riqueza europea del premio.

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