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'Solo los valientes': una triple salida del armario

¿Qué es ser escritor? ¿Y ser trans? ¿Y gay? Alejandro Albán es trans, gay y escritor, y ‘Solo los valientes’ es un viaje por su proceso vital, un acompañamiento en su descubrimiento y aceptación de quien realmente es

‘Solo los valientes’: una triple salida del armario

Foto: Winnie | The Objective

Hay tres cosas que Alejandro ha tenido que descubrir, nombrar y asumir antes de poder contárselas a sí mismo: que es trans, que es gay y que es escritor. Ahora ha llegado el momento de contárselas a los demás. Solo los valientes es su primera novela publicada. Círculo de Tiza es la editorial que respalda este trabajo autobiográfico: una triple salida del armario. Antes de Solo los valientes Alejandro Albán había ganado los premios literarios Lasarte Oria de Microrrelato, Joaquín Lamolda Gómez de Relato Ilustrado y Federico García Lorca de Narrativa. Albán nació en Granada en 1988 y es licenciado en Medicina y doctor en Medicina Clínica y Salud Pública por la universidad de su ciudad natal. Es psiquiatra y actualmente trabaja como investigador y docente.

En la novela acompañamos a Alejandro en su triple proceso vital. Alterna momentos del pasado con la más rigurosa actualidad compartiendo, por ejemplo, sus miedos e incertidumbres ante la necesidad de encontrar editorial cuando Círculo de Tiza todavía no había llegado a su vida (y a su obra). Para Alejandro «es importante que los relatos de distintas personas se conozcan para acercarnos a realidades diversas porque no hay una única manera de ser trans; hay heterogeneidad en la expresión de género, también en las preferencias sexuales y por eso no podemos pensar que existe un único relato», cuenta durante la entrevista con THE OBJECTIVE en la editorial Círculo de Tiza.

Imagen vía Círculo de Tiza.

La culpa

La culpa sobrevuela la novela por partida doble: por ser trans y por estar escribiendo una obra autobiográfica. La culpa por ser trans está muy ligada a la familia. «La transexualidad se aparece ante mí como un terremoto que me tiene en su epicentro y que amenaza con derribarlo todo a mi alrededor», escribe Alejandro. También escribe: «¿Cómo me lo habría tomado yo de estar en su situación? ¿Si mi hija me dijera que es un chico o mi hijo que es una chica y no tuviera toda mi experiencia para curarme de prejuicios?». Alejandro comenta que, aunque la culpa es indebida, solemos tenerla interiorizada. «Racionalmente nos cuesta mucho librarnos», reconoce.

La culpa por estar escribiendo una novela autobiográfica no es menor que la de ser trans. «¿Qué pensarían mis padres si les digo que estoy escribiendo esto? ¿Qué pasará si algún día se publica y lo leen? Al igual que Gertrude Stein, yo escribo para mí mismo y para los desconocidos, pero cómo hacer que los conocidos no te acaben leyendo», escribe. Tarda en decirles a sus padres que está escribiendo una novela, que está escribiendo esta novela. ¿Cómo no sentir que los estoy utilizando?, se pregunta, exponiendo sin su permiso una parte de su vida. «No creo que le diga nada –a su padre– hasta haber terminado. Si se lo digo y lo desaprueba, corro el riesgo de detenerme. Y necesito seguir escribiendo», relata en el texto.

Ahora que la novela está en la calle la pregunta es obligatoria: ¿la habrán leído sus padres? «A mi madre, a mi padre y a mi jefe les he pedido que no la lean. Mi madre no lo ha respetado en absoluto y la ha leído», dice con una sonrisa resignada. «Mi padre no, pero ha visto mis entrevistas y me apoya, está contento por mí. Mi madre me dijo una frase que me encantó: tu libro estaría bien si yo no fuera tu madre», cuenta.

«No sé si alguna vez se supera la culpa, es algo muy complejo. A mí es un sentimiento que me interesa mucho y, de hecho, lo que planeo escribir a partir de ahora va a ahondar un poco más en la culpa en general y no solo aplicada a mi historia. La escritura te permite que todos esos sentimientos desagradables de los que te gustaría librarte sirvan para contar historias, y eso es fascinante», explica.

Alejandro Albal, autor de ‘Solo los valientes’. | Foto: Winnie | The Objective.

Los tres procesos

Para escribir esta novela Alejandro ha tenido que echar la vista atrás para rescatar situaciones, emociones y sentimientos que creía olvidados. Como la alegría inexplicable que sentía cuando era pequeño y alguien lo confundía con un niño. «Yo no era consciente y a la vez sabía que era especial de una forma que no era ni buena ni mala, que era diferente», escribe. Los años pasaron y «comprendí que las cosas inconcebibles, las que crees que solo les ocurren a los demás, pueden pasar. Durante mucho tiempo pensé que la transexualidad era una de esas cosas inconcebibles», explica en la novela.

«A las personas cis nunca se les pide que expliquen su identidad sexual, pero nosotros debemos tener todas las respuestas»

«A las personas cis nunca se les pide que expliquen su identidad sexual, pero nosotros debemos tener todas las respuestas. Para mí ser un hombre era amar el azul y odiar el rosa, querer ser el príncipe del cuadro, imaginar el nombre que tendría si fuera un hombre, que cada pronombre femenino doliese, que mi nombre doliese, era quedarme embobado mirando trajes y corbatas en las tiendas de ropa, y a la vez no era nada de eso. Era algo mucho más importante. Que tu cuerpo se alinee con tu mente es algo tan valioso y a la vez tan poco valorado, una suerte que solo se aprecia cuando falta», escribe.

Cambio de nombre, operación, testosterona, lo que se suele conocer como transición, aunque el proceso es mucho más largo, como refleja Alejandro en la novela. En un momento dado de este proceso vital apareció una nueva rama: la orientación. Descubrir, descubrirse como gay. «Cuando llegó mi turno, dije que era bisexual. No dije que era gay. ¿Cómo iba a decirlo si aún no era capaz de reconocérmelo a mí mismo?», escribe.

Salir del armario como escritor también ha sido un largo proceso. «Por las noches, tumbado en la cama, me pregunto por qué hago esto y si podré seguir haciéndolo, si la vergüenza no acabará superando las terribles ganas que tengo de escribir. Mis padres ni siquiera saben que antes de esta novela escribí otra, llamada Nadie vuelve, ni que se la acabo de mandar a un agente literario. Para ellos no soy un escritor ‘de verdad’. Lo siento, aunque no me lo digan. Tampoco me creían cuando les decía que era un hombre, y tampoco me bastaba con serlo en la soledad de mi cuarto», cuenta en la novela. En persona Alejandro hace hincapié en algo que ya ha dejado por escrito: «Yo no elijo lo que escribo». En el libro afirma que cuando supo que Solo los valientes sería su siguiente novela entendió que no podría escribir nada más hasta que la acabara. «Sería esto o no escribir. Y si paso mucho tiempo sin escribir, me pongo triste», escribe.

En la novela dice que escribir forma parte de su identidad, también se refiere a la escritura como una ambición ilegítima y bastarda, un sueño que ni él se creía. Todavía está inmerso en el proceso de reconocerse como escritor. «Es una defensa, cuando te revelas como escritor y fracasas es algo muy doloroso», explica. «Ahora incluso tengo la tentación de decir que he podido escribir esto porque es una novela autobiográfica, pero que no significa que tenga la habilidad para escribir algo distinto porque nunca quieres apostar por ti». Así pues, ver publicado Solos los valientes es una validación externa que necesitaba, aunque las dudas sigan presentes por querer dedicarse a la ficción a partir de ahora. «Solo los valientes es como mi nacimiento como escritor, tengo una necesidad vital y la voy a respetar, así que el mayor regalo que me puede hacer este libro es seguir escribiendo y publicando», cuenta.

Foto: Winnie | The Objective

«Solo los valientes es como mi nacimiento como escritor, tengo una necesidad vital y la voy a respetar, así que el mayor regalo que me puede hacer este libro es seguir escribiendo y publicando»

En el libro bromea sobre el día en el que tenga esta novela en sus manos, sobre cómo entrará en las librerías y lo colocará delante de los demás libros para que la gente se fije en él. Ese día ha llegado, Solo los valientes ya está en las librerías. Entre risas confirma que sí, que en las librerías no lo ha hecho pero sí en las grandes superficies como El Corte Inglés y Carrefour. «Lo tenían muy mal colocado y he ido a recolocarlo», dice riéndose, «pero soy muy disimulado haciéndolo».

Hermetismo abierto en canal

Alejandro deja muy claro en el libro que es un tipo hermético. Por si no fuera suficiente, me lo vuelve a decir cuando nos vemos. Inevitablemente sonreímos. Él es un tipo hermético, pero en su novela se ha abierto en canal. Su triple proceso va a acompañado de muchas cosas, entre ellas sexo, drogas y problemas de salud mental –depresión– derivados de la difícil situación que estaba viviendo. «Estoy un poco disociado de todo lo que he contado porque cuando lo pienso digo madre mía lo que he soltado yo aquí», cuenta. «Pero cuando estaba escribiendo me debía a la historia. Ha habido episodios que no tenía ninguna gana de contar, que me he resistido, pero si no lo contaba la historia no funcionaba y al final sirves a tu novela», explica. «Por ejemplo, un punto de inflexión es cuando, no voy a hacer spoiler, tiro las drogas. El momento que hay justo antes es doloroso para mí, pero si no lo contaba se perdía un punto superimportante en la trayectoria del personaje», explica.

Esta apertura en canal no es incompatible con que el hermetismo esté presente durante toda la obra. Alejandro habla de ‘lo mío’ y de secretos. ‘Lo mío’ es el equivalente a ser trans, que también es uno de sus secretos, como el hecho de que escribe. Dice en el libro: «Quizás si escribo, es porque callo». Sentado frente a mí reconoce que cuesta nombrar lo que duele. «A mí todavía me cuesta hablar de ciertas cosas y me cuesta nombrarlas. No las nombramos como si eso fuera un escudo, pero al final es peor porque va aumentando el poder de lo que callamos. Al nombrar algo le vamos perdiendo el miedo y lo vemos más normal», concluye.

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