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La nueva exposición de Francesc Tosquelles muestra la vanguardia psiquiátrica desde el exilio

La exposición en el CCCB sobre la figura del psiquiatra catalán contiene las reformas que forman parte de su legado y del paradigma social actual

La nueva exposición de Francesc Tosquelles muestra la vanguardia psiquiátrica desde el exilio

Francesc Tosquelles en Saint-Alban hacia 1944-1945 | Reproducción fotográfica: Roberto Ruiz vía CCCB

¿A quién le debemos la reforma de las instituciones psiquiátricas en el territorio español? Es fácil encontrar en las bibliografías sobre la reforma de la salud mental durante el siglo anterior los nombres involucrados en la reforma italiana de Basaglia o el papel que desempeñaron ciertos filósofos franceses. Pero en nuestro territorio también se llevaron a cabo una serie de mutaciones en los centros psiquiátricos que acabarían concretándose en el actual modelo de los centros de día, en la proliferación de carreras como la integración social o en la implantación de terapias con componentes artísticos. 

Y es por eso que en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), emplazado en una de las zonas más céntricas de la ciudad catalana, se podrá encontrar hasta finales de agosto la exposición Francesc Tosquelles: como una máquina de coser en un campo de trigo, que, comisariada por Carles Guerra y Joana Masó, pretende rescatar y situar con justicia en el mapa la figura de este médico

Imagen de la exposición vía CCCB.

Francesc Tosquelles (Reus, 1912 – Granjas de Olt, 1994) fue un psiquiatra formado en la experiencia política y cultural de la Mancomunidad de Cataluña durante la República que, después de luchar en el Frente de Aragón y en Extremadura durante la Guerra Civil, se tuvo que exiliar en Francia en 1939. Desde el campo de concentración de Sètfonts y, sobre todo, en el hospital psiquiátrico de Saint-Alban, Tosquelles revolucionó la institución psiquiátrica con una práctica experimental que vinculaba el ejercicio clínico con la política y la cultura humanizando la vida de miles de pacientes. Saint-Alban se convirtió en un refugio para artistas de vanguardia que convivían con internos, campesinos, monjas, médicos y enfermeras, en una práctica que procuraba  abrir el hospital psiquiátrico y fomentar el vínculo social de los enfermos, y que actuaban encontrando en el teatro, el cine, el arte y la escritura una herramienta terapéutica fundamental.

Actividades en Saint Alban. | Imagen vía CCCB.

La exposición podría haber tomado otros derroteros, como una posible versión comparatista con el resto de voces antipsiquiátricas de profesionales de esas décadas como David Cooper o Ronald Laing, pero los comisarios han optado por una versión más reformista que revolucionaria en la que sus transformaciones quedan dentro del marco evolutivo de la propia ciencia y atendien a motivos geográficos. Son esos mismos motivos los que, en lugar de hablar de un aire del tiempo en el que ciertas prácticas resultaban caducas, deciden emplazar el nacimiento de esas medidas en la experiencia política autogestionada de ciertas instituciones catalanas antes de la Guerra Civil, al movimiento antifascista y por la vinculación del doctor al partido marxista POUM del que se muestran numerosos carteles durante el recorrido. 

Es por ese criterio y por la coincidencia entre artistas y doctores que queda la reforma presentada muy vinculada al art brut, que es como se conoce al arte a veces catártico creado por enfermos mentales. Es por eso que las obras de arte incluidas a la muestra están vinculadas a autores de la vanguardia surrealista que pasaron por la institución que regentaba Tosquelles en el exilio,como el libro de Paul Éluard ilustrado por Gérard Vulliamy, el libro de Tristan Tzara ilustrado por Joan Miró, o la obra de Antonin Artaud, Henri Michaux, Brassaï y Léon Schwarz-Abrys. También se presentan objetos producidos por los enfermos del hospital de Saint-Alban, provenientes de la Colección del Arte Sucio de Lausana y otras colecciones particulares. 

Cuadro de Léon Schwarz-Abrys. | Imagen vía CCCB.

Esa vinculación con artistas surrealistas es la que da nombre a la exposición que remite a una frase de Lautréamont: «Bello como el encuentro fortuito, sobre una mesa de disección, entre una máquina de coser y un paraguas». El uso catártico, sublimador o incluso empoderante que hacen los surrealistas de su arte sirve como paralelismo para plantear la hipótesis de que cualquiera que realice esas artes pueda encontrar esos estados mentales. Ese es el motivo por el que quedó muy vinculado el nuevo paradigma de Tosquelles con las esferas culturales. 

El recorrido histórico que presenta la exposición alrededor de estas producciones culturales queda remarcado por obras contemporáneas y por proyectos de nueva creación, como la película de Mireia Sallarè o las piezas de Alejandra Riera, Roger Bernat, Angela Melitopoulos, Maurizio Lazzarato y Perejaume.

Finalmente otro de los ejes durante el recorrido es el que atraviesa 1948, año que Tosquelles dedicó su tesis doctoral a la experiencia vivida del fin del mundo -muy popular en esa época-, a través de un recorrido clínico y literario que iba de Gérard de Nerval hasta Antonin Artaud, a quien posteriormente el artista Nancy Spero dedicará una serie de trabajos alrededor de la violencia, la palabra y el silencio. La exposición amplía la reflexión crítica y plástica sobre el fin del mundo con las películas de Abel Gance y Eugène Deslaw, así como con grabados, dibujos y pinturas de Gérard Vulliamy, yerno de Paul Éluard, que hizo una estancia en Saint-Alban el año 1945.

Tosquelles con la maqueta de un barco divirtiéndose en el techo de Saint Alban todavía en el exilio. | Archivos familiares Tosquelles vía CCCB.

Paradigma social

La gran herencia de Tosquelles también se encuentra en el giro en los cuidados también del personal médico, desde los psiquiatras hasta las monjas, pasando por enfermeras y celadores. Aumentar su formación y la calidad de su entorno laboral era importante para ellos y para el resultado con los pacientes. Por otro lado también centró esfuerzos en que el personal de otras áreas civiles también colaboraran en el centro, así, poco a poco, se enfatizó el carácter de marginalidad de ciertas dolencias que era más dañina que la patología en sí.

Todo eso puede resumirse en un desplazamiento psicosocial de los problemas de la salud mental que ha ido en dirección contraria a la dirección por la que ha transitado la psiquiatría más ligada a la neurociencia que está centrado en lo psicofarmacológico. Esa otra dirección es la de integradores, educadores sociales y una serie de profesionales institucionales más que vienen a representar esa parte civil de la sociedad que también debe dar respuesta a estos problemas. 

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