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Natalie Diaz: la exjugadora de baloncesto que se convirtió en poeta (y ganó el Premio Pulitzer)

Natalie Diaz recibió el Premio Pulitzer de Poesía por ‘Poema de amor poscolonial’, un canto a la resistencia de los indios mojaves norteamericanos contra la violencia del Estado

Natalie Diaz: la exjugadora de baloncesto que se convirtió en poeta (y ganó el Premio Pulitzer)

Fragmento de portada. | Vaso Roto

A pesar de enunciarse en singular, Poema de amor poscolonial (Vaso Roto, 2022) es un conjunto de poemas en los que Natalie Diaz enuncia un canto melancólico en favor de la dignidad de sus hermanos, los indios nativos norteamericanos; y lo hace, sin complejos, desde el amor, un amor queer, siempre en movimiento.

Natalie Diaz, la poeta que antes fue jugadora profesional de baloncesto

Natalie Diaz (Needles, California, 1978) es una poeta mojave (este es el nombre que los españoles les dieron a los nativos indios), ganadora en 2018 de la así llamada beca de los genios, la prestigiosa Beca MacArthur, y autora de dos colecciones de poemas: When My Brother Was An Aztec (Copper Canyon Press, 2012), por la que estuvo nominada al Premio PEN/Open Book en 2013 y Postcolonial Love Poem (Poema de amor postcolonial), publicado en inglés en 2020 por Graywolf Press y que le valió el Premio Pulitzer de Poesía, así como ser finalista del National Book Award, del Los Angeles Times Book Prize, el Forward Prize for Best Collection y el T.S. Eliot Prize. En traducción de Elisa Díaz Castelo y en edición bilingüe, se presenta ahora bajo el sello Vaso Roto para el público castellanoparlante. 

Además de poeta, Diaz fue jugadora de baloncesto femenino (jugaba de base) durante su época universitaria y, tras ésta, después de cuatro años, jugó como profesional en Europa y Asia. Una lesión en la rodilla, sin embargo, la obligó a retirarse y a volver a la Universidad (a la Old Dominion University), donde cursó un MFA en Poesía y Ficción. Y no es baladí la mención ya que es en el deporte (y en el baloncesto en particular) de donde Diaz saca la fuerza para sus palabras y, al tiempo, es lo que le dio puerta de entrada a la literatura. La propia Natalie Diaz ha expresado en alguna ocasión que, para ella, el lenguaje y el básquet se parecen mucho ya que el lenguaje es una energía, algo que acontece, una suerte de movimiento. Y que el impulso que mueve su escritura es el mismo que le sirve para controlar un partido de básquet. Unos cuantos de sus poemas, además, están específicamente dedicados al baloncesto. 

En la actualidad, Natalie Diaz es especialista en lingüística y profesora asociada en la Universidad del Estado de Arizona, donde imparte clases en su programa de Máster de Escritura Creativa. De ahí que su poesía se pregunte constantemente no solo por el lenguaje en el que se vehicula, sino en las (problemáticas) posibilidades de trasvase de ésta de una lengua a otra (particularmente cuando nos referimos a la lengua nativa de los indios).

natalie diaz
Natalie Diaz. | Foto: Jamestroud vía Wikipedia. | CC BY-SA 4.0

Un himno del deseo (contra la opresión)

Así como los poemas de la primera colección de versos de Natalie Diaz tendían hacia un surrealismo narrativo, donde la temática se fundamentaba en las expresiones cotidianas de la vida de los indios nativos americanos (en los lazos familiares, los amores queer y, en general, la vida ordinaria, pero también en la alucinada experiencia con la droga del hermano de la voz poética) expresadas de una forma más bien mítica y a veces cruda, con tránsitos límbicos en los que el equilibrio entre la vida y la muerte era bastante quebradizo, en Poema de amor postcolonial la forma es más tradicional y el contenido, aunque no menos hondo, sí que se presenta de un modo menos complejo (digamos más telúrico), no con una menor imaginería, pero sí con elementos que nos conectan con la tierra.

Natalie Diaz donde allá investigaba la rabia y la ternura y daba cuenta de la feroz lucha por la supervivencia, se centra aquí en dirimir cuestiones sobre el amor y la identidad, forzando a que el querer subyugue a la opresión, a que el decir del oprimido (del sujeto colonizado; ese «peregrino de la escasez», como los denomina Diaz) luche contra el olvido, contra el borrado de los cuerpos de los nativos americanos. En algo, sin embargo, coinciden y es en la longitud generosa de los poemas, cortados por versos que funcionan como certeras balas, al igual que en su querencia lorquiana.

Para Natalie Diaz, el hecho de que la lengua de sus ancestros haya sido codificada como una lengua moribunda, le provoca que cambie su relación con esta, que se vuelva un conducto imprescindible para transmitir la verdad de los cuerpos (y sirva también para alertarnos de las crisis ecológicas que amenazan el planeta). Y, al tiempo, un reclamo de la idiosincrasia de su tribu, un canto divino, que beatifica, y una elegía al deseo y al amor libre (queer), incondicionado, puro.

La luz está muy presente en este poemario (se la menciona casi ochenta veces) puesto que es un forzamiento de la invisibilidad en la que América mantiene a los indios, condicionándolos a los límites fijados de sus Reservas. Con ello, Natalie Diaz habita y expande los límites. Los fuerza, al apercibirse de que «la luz late en todo y canta / contra su cuerpo, ciñe el hueso de la rodilla. / Nuestros cuerpos: -enjaezados por la luz, azotados por/ la luz». Y concluye el poema «Ligera luz de piel» así: «Y yo, devoradora de luz, de luz amante».

Natalie Diaz
‘Poema de amor poscolonial’ de Natalie Diaz. | Imagen vía Vaso Roto Poesía.

Amor y sed son lo mismo

Poema de amor poscolonial defiende la fusión del cuerpo con la tierra (porque el cuerpo y el agua son lo mismo, porque el cuerpo y la tierra son lo mismo, y porque «el cuerpo está más allá de los seis sentidos»), defiende otra forma de estar en el mundo, aquella que acepta los «amores de desagravio», la de esos nativos que «somos estadounidenses y somos menos del 1% de los estadounidenses». Una visión que entiende la patria «como un coágulo de nubes», en tanto que sueño y ruido, y que se pregunta sobre cómo nos conforma el amor. Su leitmotiv: avanzar siempre hacia abajo, «hacia la belleza y la saciedad del apetito de un monstruo».

Poema de amor postcolonial es un libro que huye de las metáforas y confronta los estereotipos

Poema de amor postcolonial es también una reflexión sobre las expectativas, sobre cómo perder ese país que no es nada, y sobre el imposible mapeo de un territorio sagrado (el territorio cercano de los cuerpos, su intimidad); ese espacio donde se confunde el instinto con el deseo, la herida con la caricia. Un libro que huye de las metáforas y confronta los estereotipos, y que, en su decir (en su enunciar desde la lengua mojave) traducido se sabe pobre, porque toda traducción lo es. Y, por ello, es un libro de cicatrices. Las de la violencia contra las personas indígenas, que no es (y ha sido) solamente histórica sino que es institucional, y sistémica, y sigue dándose hoy día. Esas guerras colectivas que acaban siendo privadas (y al revés). 

Poema de amor postcolonial se sabe mito ambivalente, porque «lo que amenaza a la gente blanca con frecuencia se desestima como mito». Y, como nos dice la autora: «Nunca he sido cierta en Estados Unidos. Estados Unidos es mi mito».  Así, siguiendo a John Berger propone una vuelta a lo pre-verbal (lo pre-verbal entendido como lo corporal, cuando el cuerpo era más que puro cuerpo), allá donde es posible la verdadera traducción. O dicho de otra manera: el pensamiento del cuerpo.

Poema de amor postcolonial es un libro sobre los apetitos y sobre cómo el amor es amor (y sed) y, a la vez, «aquello en lo que el amor se convierte»; el cuerpo anegado por el bombeo salvaje de dos corazones. Propugna el ideal de la aspiración a convertirse en aquello que no necesita ser comprendido, que es hogar y ya no casa. Que no necesita leer el cuerpo porque sabe que leerlo es romperlo un poco. Por ello, Natalie Diaz aquí reescribe, porque sabe que es imposible desescribir. «Vamos a donde hay amor» escribe (¿reescribe?) Diaz en el último poema del libro, Trabajo de duelo. Hagámosle caso, pues y reescribamos, entre todos, la Historia de los oprimidos. 

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