La crisis de ideas de Hollywood: la interminable sucesión de secuelas y remakes
En este episodio de ‘Déjate de películas’, analizamos cómo las sagas han pasado a copar los primeros puestos en taquilla

Fotogramas de las sagas de Avatar, Star Wars y Spiderman.
La creciente dependencia de Hollywood de las secuelas, remakes, reboots y universos compartidos se ha convertido en uno de los rasgos más visibles —y también discutidos— de la industria cinematográfica actual. Aunque la repetición de fórmulas exitosas no es algo nuevo en el cine estadounidense, la intensidad con la que los grandes estudios han abrazado esta estrategia durante las últimas dos décadas revela un cambio profundo tanto en el modelo de negocio como en la relación entre el público, la propiedad intelectual y el riesgo creativo. Un fenómeno que analizamos en esta nueva entrega de Déjate de películas.
En realidad, Hollywood siempre ha producido secuelas. Ya en las décadas de los treinta y los cuarenta existían sagas de monstruos clásicos, seriales de aventuras o nuevas entregas de personajes populares. Sin embargo, aquellas continuaciones eran complementarias a una industria que seguía apostando por historias originales, géneros variados y películas concebidas como obras independientes. Hoy, en cambio, la situación parece haberse invertido: gran parte de las superproducciones más visibles dependen de marcas ya conocidas por el espectador.
La razón principal es económica. El coste de producir y promocionar una película de gran presupuesto es enorme, y los estudios prefieren minimizar el riesgo apostando por títulos con reconocimiento previo. Un remake de una película famosa, una nueva versión de una saga nostálgica o la expansión de una franquicia consolidada ofrecen algo muy valioso en un mercado saturado: familiaridad inmediata. El espectador reconoce el nombre, los personajes o la iconografía incluso antes de ver el tráiler. En un contexto dominado por plataformas de streaming, videojuegos, redes sociales y una atención fragmentada, esa ventaja comercial pesa mucho.
La nostalgia también juega un papel central. Muchas producciones actuales apelan deliberadamente al vínculo emocional de generaciones que crecieron con determinadas películas o personajes. Nuevas entregas de sagas veteranas o reinterpretaciones de éxitos del pasado no solo buscan atraer a jóvenes espectadores, sino también a adultos dispuestos a revivir experiencias culturales de su infancia o adolescencia. Este fenómeno ha favorecido un cine fuertemente basado en la memoria colectiva, donde el reconocimiento puede importar más que la sorpresa.
No obstante, esta tendencia tiene consecuencias artísticas debatibles. Una de las críticas más frecuentes es la sensación de agotamiento creativo. Cuando las carteleras se llenan de secuelas, spin-offs o relecturas de propiedades ya conocidas, disminuye el espacio para propuestas originales de presupuesto medio, históricamente esenciales para la renovación del cine comercial estadounidense. Muchos proyectos innovadores encuentran mayores dificultades para obtener financiación o visibilidad frente a franquicias multimillonarias respaldadas por campañas masivas de marketing.
Además, no todas las secuelas o remakes logran justificar su existencia artística. En numerosos casos, parecen responder más a cálculos corporativos que a una necesidad narrativa real. Películas cerradas hace décadas reciben continuaciones tardías cuyo principal atractivo es la explotación de una marca reconocible. Del mismo modo, algunos remakes reproducen casi mecánicamente obras anteriores sin aportar una mirada nueva, lo que alimenta la percepción de un Hollywood excesivamente dependiente de sí mismo.
Con todo, sería injusto reducir el fenómeno únicamente a una crisis de imaginación. Existen secuelas y remakes que han enriquecido el material original, actualizándolo para nuevas sensibilidades o explorando caminos narrativos inesperados, a veces incluso superando a sus predecesoras. La cuestión, quizá, no es la existencia de secuelas o remakes en sí mismos, sino el desequilibrio creciente.
Sobre Déjate de películas
Déjate de películas es un podcast de THE OBJECTIVE dedicado al mundo del cine. Se trata de una tertulia de periodicidad mensual en la que se discutirán todo tipo de temas relativos al séptimo arte: tendencias, estrenos, corrientes, directores, actores y, por encima de todo, películas. También hablaremos de los grandes asuntos de la vida —existenciales, filosóficos, políticos o sociales—, pero siempre apoyándonos en el cine.
Para ello, queremos seguir así la estela de programas como Qué grande es el cine, del maestro José Luis Garci, de Cowboys de medianoche, o de La Clave, aquel mítico espacio que dirigía el gran José Luis Balbín. Son modelos muy elevados, por lo que no pretendemos estar a la altura, pero sí al menos parecernos aunque sea de lejos.
Los componentes del equipo de Déjate de películas somos Sonsoles Callejo, abogada; Salvador Otamendi, consultor político; y Jaime Cervera, historiador y periodista de este diario. Los tres rondamos la treintena y compartimos una común pasión por el cine de ayer y de hoy.
