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Cine

'Asesinato en la 3.ª planta', un homenaje a Hitchcock en forma de comedia

La película de Rémi Bezançon, plagada de referencias al maestro del suspense y a Woody Allen, es amena e ingeniosa

‘Asesinato en la 3.ª planta’, un homenaje a Hitchcock en forma de comedia

Escena de ‘Asesinato en la 3ª planta’. | © Jerico Films

En la literatura y en las series de televisión está de moda el llamado cozy crime, que literalmente podríamos traducir como crimen acogedor, confortable u hogareño. Se trata de retomar la fórmula Agatha Christie, con detectives aficionados —a poder ser con un toque excéntrico— y asesinos no demasiado aterradores, movidos por flaquezas humanas como los celos o la codicia. Se trata de una propuesta digerible para amantes de las tramas policiacas que no están dispuestos a bregar con truculentos psicópatas dados al sadismo gratuito y con detectives asolados por oscuros tormentos, dos nutrientes básicos de la novela negra americana actual y del nordic noir.

 Asesinato en la 3.ª planta, la nueva película de Rémi Bezançon, es puro cozy crime, con dos añadidos suculentos: el tono de comedia y el homenaje a Alfred Hitchcock. Esto último queda claro desde los mismísimos títulos de crédito, que hacen un guiño a los que el genial diseñador Saul Bass creó para Vértigo, Con la muerte en los talones y Psicosis.

Los protagonistas son un matrimonio unido por el amor al suspense. Él es escritor de novelas policiacas de ambientación decimonónica, protagonizadas por el marqués de la Rosa, investigador amateur y espadachín consumado. Ella es profesora de cine en La Sorbona y está impartiendo un seminario sobre La ventana indiscreta. Y justo a través de una ventana muy indiscreta, la del apartamento en el que viven, ella cree atisbar al nuevo vecino de enfrente asesinando a su pareja. El marido intenta quitarle la idea de la cabeza, pero a medida que se acumulan los indicios sobre el sospechoso —un actor que está representando Hamlet en el teatro—, también entra al trapo y ambos se ponen a husmear.

A partir de aquí se suceden los guiños hitchcockianos: desde la inevitable escena en una ducha hasta la aparición de un señor orondo muy parecido al cineasta en la entrada de un restaurante. El propio Hitchcock aparece, manipulado digitalmente, en una entrevista televisiva dando las pautas para crear un buen suspense y hablando de su famoso McGuffin, esa argucia para mantener al espectador interesado y debidamente despistado para así poder manipularlo a gusto.

En lo que a la trama detectivesca de Asesinato en la 3.ª planta se refiere, es probable que el homenajeado maestro del suspense le diera al director francés un pequeño tirón de orejas, porque le falta un punto de sofisticación para sorprender al espectador con algún giro brillante. En realidad, la trama detectivesca de la película es sobre todo un vehículo para la comedia y el resultado es un divertimento ingenioso, liviano, ameno y muy disfrutable.

Una pareja eficaz

En el fondo, a lo que más se parece Asesinato en la 3.ª planta es a una de las mejores comedias de Woody Allen: Misterioso asesinato en Manhattan. De hecho, por momentos se parece incluso demasiado. Si en la película de Woody Allen las pesquisas terminan en un cine en el que se proyecta La dama de Shanghái de Orson Welles, en esta cinta francesa se sustituye a Welles por Hamlet en un teatro. Durante la representación hay un simpático guiño cinéfilo a una famosa escena de Ser o no ser de Ernst Lubitsch, en la que también se representaba la obra de Shakespeare.

Uno de los secretos del éxito de Misterioso asesinato en Manhattan era el reencuentro de Woody Allen —tras la catastrófica ruptura con Mia Farrow— con Diane Keaton. No habían trabajado juntos desde Manhattan, rodada 14 años antes. Al volver a actuar mano a mano, se produjo entre ellos una química explosiva que dio como resultado secuencias de una comicidad imbatible. En el caso de Asesinato en la 3.ª planta, la pareja protagonista la forman un eficaz Gilles Lellouche, dispuesto a reírse de sí mismo, y una Laetitia Casta que, a sus 48 años, mantiene la seductora picardía. Sin llegar a las cumbres del binomio Allen/Keaton, la química entre los dos actores franceses funciona y tira de la película.

El matrimonio protagonista de Asesinato en la 3.ª planta está en plena crisis de pareja, cuando menos en crisis de apatía. Hay una ingeniosa escena en la que la editora de las novelas del marqués de la Rosa le recrimina al autor que a sus libros les falta picante y lo anima a meter escenas de sexo apasionado. Esta carencia novelesca es el reflejo de la aburrida vida sexual que el escritor lleva en la vida real con su pareja. Hasta que entra en escena la adrenalina de las indagaciones detectivescas. Ir tras la pista del vecino sospechoso de asesinato genera entre ellos una nueva complicidad que acaba contribuyendo a subirles la libido. Tomen nota de esta heterodoxa pero eficaz terapia de pareja.

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