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Economía

Productos que vas a comprar aunque a veces quintupliquen su precio

Un refresco puede multiplicar ampliamente su precio, como el agua, la cerveza, el vino o el pan. Dependerá de dónde y cómo lo consumamos

Productos que vas a comprar aunque a veces quintupliquen su precio

Una persona sirve una copa de vino.|EP

Los precios son libres en España, que es la base del libre mercado. Bien es cierto que algunos pueden resultar abusivos, lo cual también es denunciable, pero en realidad un establecimiento puede cobrarte por un producto lo que estime oportuno siempre que lo refleje -obligatoriamente con el IVA incluido- en su lista de precios, que ha de estar  en todos los casos a la vista del cliente. Y es que las cosas valen lo que uno esté dispuesto a pagar por ellas, una frase que sigue estando muy presente a pesar de que se le atribuye a Publilio Siro, escritor latino de la antigua Roma que vivió entre el 85 y el 43 antes de Cristo.

Son los vendedores los que marcan el baremo de los precios según las circunstancias, pero también los clientes si deciden acatarlos. En todo caso, no es lo mismo tomarse un refresco en un banco de la calle tras comprarlo por 40 céntimos en una tienda de alimentación, que hacerlo es un local de copas de moda de los que siempre están a rebosar, donde nos pueden pedir tranquilamente 15 euros por el mismo artículo.

Cuánto valen una Coca-Cola o una cerveza

Una cosa es lo que valen -poco- y otra es lo que cuestan. El refresco más popular del planeta, la Coca-Cola, es de los artículos que más fluctúa, aunque ocurre en general con todas las bebidas refrescantes. De apenas 40 céntimos en los supermercados por una lata de 33 cl pasa a 2 ó 2,5 euros en los bares en su formato de botella de 20 cl. Menos cantidad y más cara, pero debemos tener en cuenta que igualmente se paga consumirla en el local y la habitual tapa. En los supermercados es más barata en envases de 2 litros -que cuestan entre 2,50 y 1,80 euros- que una bebida pequeña en un bar. Los precios más altos de este popular producto los encontramos en los aeropuertos, en restaurantes de renombre -hasta cinco euros en ambos casos- y, sobre todo, en los locales de copas de moda. Algunos de ellos no discriminan entre los precios de una copa con alcohol y un refresco, que cobran entre 12 y 15 euros. Es decir, una Coca-Cola puede costar entre 40 céntimos y 15 euros, una diferencia de 14,40 euros por lo mismo.

Ocurre algo parecido con una cerveza. Una caña de 20 cl sale por 1,5 ó 2 euros y un tercio cuesta entre 2 y 3,50 euros en cualquier bar, pero pagarás la cerveza a precio de copa en multitud de locales de moda. Una botella de 1 litro en una tienda sale como una caña en un bar, ronda el euro y medio, y las latas de 33 cl cuestan entre 40 y 60 céntimos, pero pueden ver su precio rebajado hasta la mitad, apenas 30 céntimos, en el caso de muchas marcas blancas de los supermercados. Si la cerveza, además, no es de una de las marcas clásicas, su valor pueden dispararse y ocurre, por ejemplo, con esas nuevas cervezas que presumen de haber sido elaboradas con métodos tradicionales, de ser naturales, de no estar filtradas o de ser «alternativas». La calidad de muchas de ellas brilla por su ausencia, pero molan las etiquetas llamativas y los reclamos poderosos que utilizan y muchos consumidores no dudan en gastarse al menos cinco y seis euros en probar una cerveza que ni siquiera está buena.

El vino se dispara

Otra tendencia en alza es cobrar las copas de vino en los restaurantes, cada vez más escasas, a una media de tres euros, lo cual puede estar justificado en el caso de buenos vinos. Lo que no es normal es tener esas tarifas para caldos cuya botella ni siquiera supera ese precio. Ocurre mucho con el vino Señorío de los Llanos, de Valdepeñas, que puede adquirirse en sus versiones de cosechero, crianza, reserva y gran reserva, y sus precios van desde poco más de tres euros a ocho en el caso de la botella más cara. Es un vino digno, de buen sabor, pero no se justifica en ningún caso cobrar tres euros por una copa, y ocurre con demasiada frecuencia.

Tampoco es de recibo que te sirvan una copa de vino de una botella que lleva abierta desde que inauguraron el restaurante y pasa demasiado, con el consiguiente ‘disgusto’ del propietario por tener que tirar ese vino y ponerte otro de otra botella recién abierta, a la que le podría pasar lo mismo. Hay miles de vinos, desde los baratos y peleones a los más selectos, el problema es cuando el local no los trata como merecen pero pretende cobrarlos como si lo hiciera. Cuidado.

Al chupito ya no te invitan tanto

Un chupito solía ser de regalo en los restaurantes tras comer o cenar en el local, especialmente en los casos de los chinos. Pero tras el confinamiento, la hostelería ya se pronunció mencionando que iba a empezar a cobrarlos y así ha sido. La mayoría de establecimientos que antes regalaba siempre un chupito, ahora lo hace en un porcentaje mucho más reducido y se impone cobrarlo a una media de 1,5 euros, aunque otros ‘redondean’ en dos euros. Eso siempre que se trate de los licores más habituales; orujo blanco, de hierbas, crema de orujo o patxaran. Si optamos por pedir un chupito de otros licores, como whisky, ron o tequila, el chupito se puede ir hasta los seis euros y no habrá posibilidad alguna de invitación.

Ojo también a lo que en ocasiones contienen esos chupitos y a su capacidad, que suele ser de cinco centilitros. No es lo mismo un vasito de licor de hierbas Rúa Vieja, de los mejores y sin duda el más popular, por ello ha aumentado el precio de una botella de apenas seis euros a más de nueve en los últimos años; a un licor de hierbas elaborado fuera de Galicia, adquirido a granel y aderezado con agua. Sí, así es: algunos de esos chupitos que aún se siguen regalando son más agua que otra cosa.

El agua puede ser gratis o marcar la diferencia

El agua es otro de los artículos que varían su precio de manera bestial. Es gratis si la pides en un restaurante, aunque en algunos locales no facilitan agua del grifo o lo hacen solo en vasos, negándose a dispensar una jarra. Pueden hacerlo. De hecho, el local podría incluso cobrarte el agua del grifo legalmente y hasta los cubitos de hielo. Lo cierto es que existe una tendencia en la hostelería a que el agua sea embotellada y a veces se cobra a precios de oro. Por ejemplo, en los clásicos establecimientos Gino’s, una botella de agua de medio litro cuesta 3.90 euros, un precio que desde luego no se ajusta a su valor real. Es más, una cena de dos personas con dos simples botellas de agua se encarece en 7,80 euros, lo cual es una salvajada por muy habitual que sea la tendencia de hacer caja con las bebidas. Una botella de agua de esa capacidad cuesta entre 70 céntimos y un euro en las tiendas y son pocos los restaurantes que apuestan por disponer de botellas de agua de más capacidad, pero se puede ir hasta los cuatro euros en aeropuertos y en eventos puntuales. Ya si optamos por una de esas botellas aparentemente lujosas y de colores que se pusieron de moda hace unos años, aderezadas o no con sabores, 75 cl nos pueden costar entre ocho y 12 euros, y es agua.

La del grifo, en general, tiene una buena calidad en España, no tanto el gusto en algunas regiones donde se consume habitualmente agua envasada. Pero también son muchos los que piden en los restaurante agua embotellada por vergüenza, lo cual es casi una ofensa en lugares como Madrid, que dispone de un agua del grifo excelente que nada tiene que envidiar a la envasada.

Al pan, pan con masa madre

El pan es otro de los artúculos cotidianos que puede costar lo que el vendedor quiera. Es más, incluso en los supermercados encontramos barras que van de los 30 céntimos a los 2 euros. Será legal que cualquier establecimiento te cobre el pan al precio que estipule si lo refleja en su lista de precios, detallado por persona o unidad; lo que no es legal es que te sientes en un restaurante y ya, sin haber pedido nada, tengas el precio del pan y/o el cubierto a deber. En España no es legal que te cobren sin más por esos conceptos, aunque sigue ocurriendo. Hace tiempo que en Portugal los restaurantes encontraron una ‘solución’ al pan y a los numerosos entrantes con los que suelen tentarte: ellos te los ponen y si no los consumes no pagas nada, pero claro, esperar la comida con un queso o un paté delante y no hincarles el diente es casi siempre complicado.

El pan tiene una gran calidad en España en la mayoría de tiendas especializadas, pero los precios se han disparado, especialmente si se trata de un pan hecho con masa madre; es decir, sin levaduras. La mayoría del público no tiene ni idea de lo que es el pan hecho con masa madre pero le presupone mayor calidad, cuando no tiene por qué ser así, y muchas tiendas se aprovechan.

Hay muchos otros productos que varían exageradamente su precio, como el aceite, los huevos, frutas y verduras o los productos locales elaborados, pero en ocasiones el aumento de precio solo atiende a que incluyen el calificativo de naturales, ecológicos o sostenibles, lo cual no implica que sean de mayor calidad.

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