The Objective
Javier Rioyo

Chulo, triste, solitario y final

«El traidor será traicionado, el regador regado, el Sánchez sanchificado. No puede ser tan necio y creer que se guardarán sus secretos»

El verso suelto
Chulo, triste, solitario y final

Ilustración creada con inteligencia artificial.

«Descubres tu bobería,

que ha que la tratas infinitos años

y no conoces que es la Poesía»

Viaje del Parnaso, Miguel de Cervantes

Este chulo, empoderado de inmerecida tribuna, tiene muchos asesores, muchos que le escriben, le maquillan y le aconsejan en sus poses. Ya no hay quien le salve. Quien le crea, ni quien le acompañe que no sea algún miembro de su coro de subvencionados. También caminan a su lado unos cuantos millones de acríticos, iliberales, faltos de información y ajenos a la realidad. Empecinados en sus viejos eslóganes, mantenidos en su acolchado pensamiento de que son los buenos y están en el lado correcto. Qué aburrimiento, qué inútil luchar contra los molinos de sus lugares comunes. ¡Qué país, Miquelarena!

También Hitler ganó en las urnas. Así como lo siguen haciendo los populismos de toda condición, corrupción y demagogia. Estamos rodeados, pero no estamos sometidos. Yo sigo con mi Dante. De la mano de Virgilio hasta el infierno, pero solo la puntita, por cotillear quiénes están bajando. Qué gusto comprobar que «el infierno son los demás». Yo no quiero ser de Pasajes, ni de san Pedro, ni de san Juan, ni de Antxo, ni de leches. Yo me conformo con tener mesa en Casa Cámara y ver los barcos pasar. Yo quiero ser un pasajero de paso. Ni chulo, ni chuleado. Ni chuleador. Sin Begoñas ni Patxis.

A este chulo se le ven las costuras. Unidas a su falta de llaneza, su afectación, su burla descarada y la traición permanente a lo que un día prometió en aquellos iniciales tiempos en que fingió representar aquello de lo que carece. La avaricia, la soberbia, la traición, el engaño y los negocios ya viajaban con él en compañía de su tribu, hoy instalados entre la sospecha y la cárcel. Pronto se fue envileciendo con las alabanzas de sus «panas» y aumentadas por las alabanzas propias. Este personaje, poco gallardo, mal español; cervantino sin lecturas, quijote sin caballerosidad, se engaña a sí mismo creyéndose, o fingiendo, ser «el gallardo español». El gran fingidor, artista de TikTok, iletrado recomendador de lecturas, está viviendo un momento que se compadece mal con su viejo discurso de regenerador. Debajo de su chulería asoma ese otro que está triste, solitario y final. Ya es tarde para estar dispuestos, después de conocidas tantas traiciones, a ser capaces de perdonar al traidor y a los traidores.

A Zapatero —ese «ávida dollars» sin arte, sin consistencia, sin Borges— su recorrer tierras, comunicar con diversas gentes no le sirvió para ser más discreto, más liberal ni mejor persona; al contrario, desde que abandonó Babia y tocó poder. On the road fue tropezando con sus iguales, se reconocieron, se hicieron familia, la cosa suya. Líder aplaudido y paseado en procesión entre tribus de engañadores que se disfrazan de honradez, socialismo, generosidad, «tener poco y dar mucho». Lenin les ampara y ellos se juntan. Caerá y pagará por sus negocios y sus infamias, sus perlas y sus rubíes, sus maniobras en compañía y con la complicidad de otros. Alguien capaz de elegir un asesor como Luis Arroyo —paredón, abroñigal y después— no le salva ni la perruna fidelidad de una Gertrudis. El efecto Aldama amenaza su futuro. El futuro de sus pares y de sus impares. Cuidado: los avaros nunca dejan de ser mendigos. Ni los cobardes, aunque se hayan enriquecido con repentina y extraña fortuna, volverán a su pobreza… moral.

No pintan bien las cosas para los trileros. Pintan bastos y bastonazos, acuchillamiento de los suyos en estos idus de la temporada de primavera/verano en la calle Ferraz. El traidor será traicionado, el regador regado, el Sánchez sanchificado. No puede ser tan necio y creer que se guardarán sus secretos, lo que contó en la confianza de la pandilla de los semovientes burladores navarros o valencianos, leoneses o granadinos, se terminará conociendo. Cuidado, que rondan malos agüeros. Coleccionar quijotes no te hace caballero. Decir que se ha leído a Cervantes no te libra de haber compartido chistes con Tito Berni. Leer, o lo que sea que haya sido su cercanía cervantina, no te otorga ser de vida ejemplar ni heroica. Ni acercarte a las «chicas Almodóvar» de ahora —se llamen Leire o Aitana— te hace mejor persona ni mejor cinéfilo.

¿Quién limpiará en Moncloa tu colección de quijotes? No la he visto, ni ganas, aunque la imagino, elegante como un empleado de Galerías Preciados, sencilla y popular. Menuda cabalgada manchega y universal, alimentada por tus amigos en Cervantes, en sus patios de Monipodio, en sus viajes pagados, sus dietas y sus pasaportes libres de controles y de perversos jueces. Esa colección de quijotes la debes embalar adecuadamente cuando —más pronto que tarde— te debas refugiar de tu amado pueblo en alguna cueva de Montesinos. Puedes pedir ayuda de tu muy «querido» socialista manchego, ese raro que permanece fiel a lo que fueron algunos socialdemócratas, que parece ser Emiliano García-Page. Te puede arreglar unos días de meditación y sueños, de espantar pesadillas.

Te puede venir bien la meditación en ese amplio y espacioso agujero una vez allanada la bajada de «cambroneras y cabrahígos, de zarzas y malezas» que todo lo ciegan. Y deja ya que pasen los de Page, que intenten resucitar lo que hayas dejado de los huesos de ese socialismo secuestrado por sus contrarios, sus nuevos allegados y sus oportunistas de ayer y hoy. Más Page, más González, más de los castigados y expulsados, de los históricos y de los pocos valientes que crean en una complicada renovación, recuperación de la socialdemocracia. Menos Monteros, Lópeces, Bolaños y otros genuflexos. Menos falsos poetas de esos que hacen negocios desde sus cargos, que asesinan jueces desde sus columnas; menos de esos que trabajan y se desvelan por hacernos creer que tienen de poetas «la gracia que no quiso darles el cielo».

El todavía director del Instituto Cervantes, viajero de lengua suelta y poco reflexiva; ese señor García de Granada —nada que ver con Federico— es uno de los más entregados conversos a su otrora despreciado socialismo. Él era un rojo, y lo que vio en el sanchismo le hicieron dos rojos. Pero no es tonto o no tanto como creen algunos de sus conocidos, ahora en manifiesta retirada. El que fuera profesor en Granada sigue siendo un falso bueno… en todo, en inolvidable definición del poeta Ángel González, que bien conocía el paño y sus apaños.

Savater, y otros amigos muy respetados que forman parte de mis pensadores preferidos desde hace décadas, esos que me acompañan con su humor, sus textos y recomendaciones, no le dan mucho crédito en el mundo del pensamiento, la reflexión, la mejora y difusión de nuestra cultura ni en la defensa de nuestra lengua. Vamos, que no se lo creen ni como poeta ni como responsable de nuestra más necesaria y dañada institución de lengua y cultura en el exterior. No consigo hacerme creer ni respetar en mi intento desinteresado de hacer de abogado defensor. En estos días negros, oscuros, sin soles de infancias, esperando un eclipse del que salgamos como un país que sea otro y mejor.

Más cervantino de verdad, de más sinceridad y menos retórica. Como decía nuestro Miguel —el mismo que se inventó las figuras/muñecas de la colección de Sánchez—: «Tanto peca el que dice latines delante de quien los ignora, como el que los dice ignorándolos». Ya no hay pinganillos para el latín, el presupuesto fue asignado para las lenguas de la patria mía. De esa patria que desprecian los que mantienen al muñeco que no se sabe retirar. Que piense un poco, que reflexione.

Mejor lejos de su poeta «laureado», el poeta adulador, limpialetrinas y ponedor de alfombras rojas, eso sí, que por más que sea un reconocido coleccionista de figuras del Pensador de Rodin, nada se le nota. Tiene cientos repartidos entre sus miles de libros, por más que no se «contamine» ni de unos ni de otros. Ni coleccionar pensadores te asegura pensar mejor. Ni acumular libros te hace buen lector, ni siquiera buena persona. Les deseamos lo mejor, pero lejos de sus poderes tomados por asalto. Que se vayan, se retiren, que sepan que no huye quien se retira. Y que vuelvan a Cervantes, que se apliquen, sean buenos niños y se vayan por las estaciones de Puente a algún destino sin vistas al público. Por lo que sea. «El retirarse no es huir, ni el esperar es cordura cuando el peligro sobrepuja a la esperanza». Vale.

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