THE OBJECTIVE
Ramon Gonzalez Ferriz

Ciudades

Cada vez más humanos prefieren la ciudad al campo por una simple razón: porque es mejor. No hay invento más típicamente urbano que una segunda residencia en el campo.

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Ciudades

Cada vez más humanos prefieren la ciudad al campo por una simple razón: porque es mejor. No hay invento más típicamente urbano que una segunda residencia en el campo.

Se cree que los seres humanos empezaron a crear ciudades hace ocho milenios. Y ahora, tanto tiempo después, por primera vez en la historia, hay más gente viviendo en ciudades que en el campo.
Y eso que las ciudades tienen mala fama. Son lugares ruidosos, contaminados, caros e impersonales. En muchos rincones del mundo son, además, peligrosos y extremadamente pobres. Y  se podría creer que son hasta antinaturales: ¿por qué iba el ser humano a cortar su conexión con la naturaleza viviendo lejos de donde crece su comida, de donde probablemente vivieron sus ancestros, en un paisaje de hormigón y acero? Llevamos siglos quejándonos de las ciudades: para los primeros cristianos era allí, en esas Babilonias, donde nacía el mal, producto del deseo y el comercio. Buena parte de la tradición literaria occidental ha sido una exaltación de la nobleza de la aldea frente a la corrupción de la Corte. Y, por supuesto, ¿recuerdan el mito del buen salvaje?

Con todo, cada vez hay más humanos que prefieren la ciudad al campo por una simple razón: porque es mejor. Pese a su mal nombre y la imagen idealizada que tenemos del campo, las grandes urbes son más ecológicas que los pequeños pueblos, es más fácil encontrar en ellas gente con ideas e intereses afines a los nuestros y son más tolerantes que los núcleos reducidos. Además, los pobres urbanos eran por lo general aún más pobres cuando vivían en el campo. Hasta los índices de suicidio son más altos en el campo que en la ciudad, como explica el economista de Harvard Edward Glaeser en su libro El triunfo de las ciudades. Sin ciudades no habría innovación y todo sería más caro.

Y por supuesto: no hay invento más típicamente urbano que una segunda residencia en el campo.

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