THE OBJECTIVE
Jacobo Bergareche

Gente que no sabe retirarse

«’En Primicia’ es una serie que homenajea al periodismo, cuyo énfasis no está en dar una visión crítica sino en celebrar la profesión a través de grandes historias»

Opinión
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Gente que no sabe retirarse

Cartel promocional del programa. | RTVE

El Salario del miedo es un thriller clásico del cine francés, en que unos tipos desesperados aceptan el encargo de atravesar los Andes en un camión cargado de bidones de nitroglicerina, procurando que no les exploten por el constante ajetreo al que les someten unas carreteras llenas de piedras, baches y peligros. Me vino a la cabeza esta película cuando me propusieron hacer una docuserie para TVE sobre los periodistas españoles más relevantes. El requisito es que estuvieran vivos, lo cual lo hacía más difícil aún.

Estos profesionales, sobre todo aquellos que tienen voz propia y opiniones muy conocidas –es decir, aquellos que uno querría ver en una serie documental– son material altamente inflamable con el que trabajar. Los odias o los amas. Los abofetearías o te irías de copas con ellos. Estás frontalmente en desacuerdo con sus opiniones o, por el contrario, estás tan de acuerdo que necesitas escucharlos cada día porque sientes que saben expresar lo que opinas como a ti te gustaría poder decirlo. Federico Jiménez Losantos encarnaría mejor que nadie ese perfil de periodista cuyo nombre provoca automáticamente una reacción de adhesión o rechazo, tanto que a la hora de llevarlo a un documental es previsible que obligue a todo espectador a un juicio urgente del tipo: ¿está el director justificándole o refutándole? O bien, ¿es el productor de esta pieza federiquista o antifederiquista? Alguien de su perfil es inevitable que acabe en nuestro camión de sustancias peligrosas, y al cargar con alguien así, hay que hacerlo de una manera que no nos estalle al pasar por la curva cerrada de la izquierda o por la de la derecha.

Quizás el riesgo más explosivo de la serie sea seleccionar a 13 periodistas y solo a 13 para contar el periodismo en España. Parece inevitable que seamos juzgados despiadadamente, hagamos la selección que hagamos, y puesto que sabíamos que estábamos condenados a equivocarnos con la selección, hemos tratado de no equivocarnos con las preguntas que había que hacerse: ¿cuántos hombre y cuántas mujer? ¿Cuántos de izquierdas y cuántos de derechas? ¿Qué hacemos para que no todo sea gente que trabaja, opina e informa desde Madrid? ¿Qué cuota le damos a la radio, cuánto a la televisión y cuánto a la prensa escrita, la deportiva y la prensa gráfica? ¿Cuántos de opinión, y cuantos de investigación o reporterismo? ¿Cuántos lobos solitarios y cuantos en la nómina de grandes grupos de medios?

Y sobre todo, cómo hacer para queesta docuserie no sea un bodrio, porque cuando uno se preocupa por contentar a cualquiera que pueda ofenderse, cumplir con las cuotas y tratar de que todo el mundo se sienta representado, el resultado acabará siendo infumable. Y es que lo políticamente correcto, suele ser incorrecto en términos de entretenimiento televisivo, y esta docuserie, me recordaban en la productora que nos contrató, era un producto para televisión en abierto. Juzguen ustedes si esto no era un camión cargado de nitroglicerina.

Los requisitos que nos exigían a aquellos que íbamos a transportar esta mercancía tan inestable eran varios, pero había uno que destacaba por encima de los demás: que fuéramos independientes, y el hecho de que ni el director ni el productor seamos periodistas es quizás la prueba más contundente de ello. Iba a ser difícil montar en el camión a gente tan opuesta como Federico Jiménez Losantos o Nativel Preciado si dábamos la impresión de que éramos gente tendenciosa, tan escabechada ya en el vinagre de alguna ideología, que mancharíamos sus nombres o le daríamos nuestro sabor a sus palabras. Yo creo que he acreditado con mis columnas en este medio que el único dios al que me someto es a Dionisio, e incluso a él le traiciono las primeras semanas de enero y las de septiembre. Maxi González, el director, es argentino y no ha crecido expuesto a aquellos a los que hemos entrevistado y retratado. Gran parte de su trabajo ha sido filmando animales salvajes en las selvas más peligrosas y tribus indígenas en las zonas más remotas del globo. Es decir, la persona más indicada para trabajar con periodistas.

«Algún conocido periodista se tiró del camión ya en marcha, en cuanto vio que viajaba con otros colegas que no eran de su agrado»

Es cierto que hubo algún conocido periodista que se tiró del camión ya en marcha, en cuanto vio que viajaba con otros colegas que no eran de su agrado o en cuanto vio que la productora que hacía el servicio de producción estaba vinculada a Prisa. Pero al final, hemos conseguido subir no solo a los 13 protagonistas de la serie, sino a más de cien personas que vienen a hablar de nuestros protagonistas. Tenemos a dos expresidentes de partidos tan opuestos, como lo son González y Zapatero, a dos ministros del Interior que solo se parecen en que son vascos, como Grande-Marlaska o Mayor Oreja, a diputados tan elocuentes como Borja Sémper y Cayetana Álvarez de Toledo, a artistas tan dispares como Joaquín Sabina y Albert Boadella, a deportistas tan queridos por todos como Vicente del Bosque o Peio Ruiz Cabestany, a gente que hace el mundo mejor como el gran David de Jorge, y por supuesto, a decenas de otros periodistas que también merecerían estar entre los trece escogidos, como Gabilondo, Maruja Torres, Zarzalejos, Arturo Pérez-Reverte y tantos otros cargados de grandes historias que contar. Tener en el equipo de guionistas a escritores tan inclasificables como Marta San Miguel o Daniel Gascón, sin duda ha ayudado a que acudieran sin miedo toda esta gente tan dispar. Y debo hacer mención especial al Gato Turiel, guionista argentino que vino de trabajar en una docuserie de las prisiones de España y la de los GEO, porque sabe ganarse la confianza de policías de élite y de los criminales más desconfiados.

En mi novela Los días perfectos (perdonen la desfachatez de citarme a mí mismo, pero ya que estoy revolcándome del todo en la pocilga del autobombo hablando de esta serie, me lo voy a permitir) la mujer del protagonista, un periodista quemado y desengañado de su profesión, define así un reportaje que éste planea hacer sobre los papeles del Watergate: «Esos contenidos metaperiodísticos que últimamente hacéis en el periódico para comeros vuestras propias pollas a la vez que transmitís a los lectores lo importante que es el periodismo de investigación, y se convenzan así de que pagar una suscripción por leeros es la manera de que no se acabe la democracia». Yo quisiera aclarar que la docuserie que ofrecemos trata de huir de esta percepción como de la peste, aunque por supuesto muchos nos encuadrarán en el género hagiográfico, o peor aún, en una operación de rescate del periodismo en una época en que este ha perdido el poder y el predicamento que tuvo.

Lo cierto es que si es una serie que homenajea al periodismo, el énfasis no está en dar una visión crítica de cada protagonista sino en celebrar la profesión en su conjunto a través de grandes historias vitales. Al concebir el formato pensábamos más que nada en esa gran serie documental que es Chef’s Table, donde no se habla tanto de cocina como de la peripecia vital del cocinero. De cómo cada chef elegido adquiere su singularidad y su relevancia, de su origen y de los puntos de giro de su vida, de cuáles son los platos que le han hecho diferente de los demás. Así hemos mirado a nuestros protagonistas, que son (por orden de emisión) Raúl del Pozo, Olga Viza, Federico Jiménez Losantos, Manuel Jabois, Nativel Preciado, Miguel Ángel Aguilar, Rosa Maria Calaf, Alfredo Relaño, José Gabriel Mujika, Rosa Montero, Gervasio Sánchez, Jesús Maraña y Pepa Bueno.

Ellos han sido los ojos y los oídos por los que se han asomado nuestros ojos y oídos para conocer los grandes acontecimientos de la Historia y a sus protagonistas, y también, a las personas y los sucesos que se ocultan tras los grandes acontecimientos y protagonistas de la Historia.

«Hemos visto pasar de nuevo la Historia ante nosotros, pero mirando a quien miraba para darnos a ver a nosotros»

Hemos vuelto con Pepa Bueno al acantilado de la costa gaditana desde donde reportó por primera vez la llegada de una patera hace ya 30 años, cuando aún no sabíamos lo que venía. Hemos vuelto con Gervasio Sánchez a ese precioso jardín tropical de San Salvador donde asesinaron a Ignacio Ellacuría. Hemos vuelto con Manuel Jabois al estadio de San Siro donde el Real Madrid le ganó a penaltis una segunda final de Champions al Atlético de Madrid. Hemos vuelto con Miguel Ángel Aguilar a la tribuna de la prensa en el Congreso, desde donde fue testigo del golpe de Tejero.

De esta manera hemos visto pasar de nuevo la Historia ante nosotros, pero lo hemos hecho esto vez mirando a quien miraba para darnos a ver a nosotros, y por ahí han ido emergiendo las historias realmente inesperadas de todos estos testigos de la actualidad, como por ejemplo que Nativel Preciado cantaba rancheras en un bar de Londres, que Manuel Vicent se hizo pasar de broma por policía de la secreta para detenerla por propaganda antifranquista, que los organizadores del Mundial del 82 perdieron el propio trofeo de la Copa del Mundo y una jovencísima Olga Viza fue la encargada de devolvérselo, o que Federico escribía poemas de amor y se emocionaba viendo unas violetas en un rincón de la casa donde nació en un pueblo de Teruel.

Entrevistar a aquellos que están curtidos de tanto entrevistar y se saben todos los trucos del oficio no es tarea fácil. Me dijo Jabois que si le dejas hablar a cualquiera durante muchas horas, obtendrás material suficiente como para hacerles parecer genios o todo lo contrario, santos o monstruos. Lara Siscar, la serena periodista de TVE que ha hecho con muchos silencios y mucha calma las entrevistas a los protagonistas de cada capítulo, consiguió con su estrategia de escucha activa que estos 13 periodistas olvidaran las cámaras y hablaran y hablaran durante horas, tantos si eran reticentes a convertirse ellos mimos en la noticia, como si estuvieran felices de hablar de sí mismos.

Es difícil no acabar amándoles a los 13 (incluso a Federico o a Maraña, se lo advierto a los lectores más escorados en los extremos) después de verles a cada uno en su salsa, pues todos ellos son gentes con una gran pasión hacia lo suyo, y sean del color que sean, de verdad que es difícil no verse seducidos al escuchar a alguien apasionado hablar de aquello que le apasiona. Hay algo que es común a todos ellos: que el periodismo es de esos raros oficios, como el de torero o el de cura, que es absolutamente vocacional, del que casi nadie sabe retirarse nunca, por muy mala vida que les de la profesión, por muchos enemigos que les procure o por muchos años que tengan. No le hace falta pues al espectador que le interese el periodismo, aquí lo que interesa y lo que da envidia sana, es ver a gente vivir una pasión que no se gasta e interpelar a la realidad con una mirada propia. En ello hay una fuente de inspiración para cualquiera y desde ahí se reivindica la profesión.

(En Primicia se estrena este jueves, a las 23 horas en la 2 de TVE y estará disponible en TVE a la carta)

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