The Objective
Ignacio Vidal-Folch

La Historia no tiene lado correcto, ni dirá nada

«Preguntarse, como hizo famosamente el actual presidente del Gobierno, qué dirá de uno la historia, es incurrir en la ingenuidad. Lo más probable es que no diga nada»

Opinión
La Historia no tiene lado correcto, ni dirá nada

Ilustración generada mediante IA.

Me divirtió enterarme ayer, por el artículo de José Manuel Calvo, de que también el presidente de China, Xi Jinping, comentando su reunión con el presidente español, Pedro Sánchez, afirmó que ambos países están, o se proponen estar, «en el lado correcto de la historia». ¿Es que esta tontería del lado correcto de la historia se dice también en China? ¿O fue una aportación creativa del intérprete que tradujo el discurso? Aquí, entre nosotros, es un sintagma últimamente muy socorrido. A Calvo le produce un gran fastidio, a juzgar por su comentario: «Tras esa manoseada afirmación se esconden el oportunismo, la superioridad moral y la cara dura de cualquier dirigente que la utilice». 

A mí también me fastidia esa coletilla. Y no sólo en boca de Jinping, según el cual un imperio comunista, con un partido único, con un pasado atroz y un presente sin libertad de expresión, puede estar en el mismo «lado de la historia» que un país democrático. 

Claro que hay gente, y es mucha, que ve la historia, la política, las relaciones internacionales, las formas de convivencia, como una película del oeste, con su inevitable duelo final entre un matón y un héroe. Gana el héroe. Así son las cosas en las películas, pero la realidad es más complicada. 

El maniqueísmo del «lado correcto de la historia» me pone malo. Por tres razones.

Una, porque denota una autosatisfacción pomposa, al meter a la Historia como garante o respaldo moral de tu opinión o de tus actos y descalificatoria del adversario. Tomas la Historia como una especie de camino al Juicio Final, que se celebrará cuando ella haya llegado a su fin (sea porque el género humano haya alcanzado la armonía universal, sea por su extinción). 

«La Historia no es una sanción moral, sino una disciplina intelectual y una forma de conocimiento relacionada con el paso de los acontecimientos en el tiempo»

 No, la Historia no es una sanción moral, sino una disciplina intelectual y una forma de conocimiento relacionada con el paso de los acontecimientos en el tiempo, por decirlo así, a gran escala. Es prematuro y presuntuoso estar seguro de que las decisiones del momento —como, por ejemplo, el rechazo de España a la política imprevisible del presidente norteamericano demenciado, o su apertura a los negocios con China— sean hechos «históricos» y no insignificantes. 

En segundo lugar, porque dividir la inteligencia de las cosas de la política en el «lado correcto» o «incorrecto» es trivial: así las cosas son en blanco o negro, se borran los matices, los grises, las relatividades, cuando es precisamente en esa zona de sombra donde tiende a residir la inteligencia de las cosas y la inteligencia del pasado. 

Ahí donde se duda, ahí donde se exploran causas, razones y reacciones. Fuera de esa zona de ambigüedad, todo está claro, lo cual resulta confortante, y ha de ser muy confortante, sin duda, saber que uno está «en el lado correcto» de lo que sea. Pero es que la vida real es, por definición, ambigua, transitiva, pactante, relativista, incierta. 

El tercer motivo de que me fastidie el sintagma «el lado correcto de la historia» es que ese lado no existe. ¿Estuvo España en «el lado correcto de la historia» cuando apoyó al Frente Saharaui, o cuando se lo entrega a Marruecos?… ¿O las dos veces?… ¿O ninguna de las dos? ¿O no es asunto de entidad «histórica»?

«La historia es otra cosa. No se entra en ella así como así, y menos del inexistente ‘lado correcto’»

Para no soliviantar al lector con ejemplos domésticos, pensemos en fenómenos sí claramente históricos, como el Tercer Reich, que hay que considerar sin sombra de duda como régimen criminal y aborrecible.

Oponerse a Hitler como hicieron los países aliados en 1939 era colocarse automáticamente en lo que algunos llaman «el lado correcto de la Historia». Pero la Historia nos dice que Francia y Estados Unidos fueron corresponsables, con sus ingenuas y vengativas decisiones como países vencedores de la entonces llamada Gran Guerra, de la desesperación de la población alemana, el surgimiento del nazismo y la explosión de otra guerra igualmente grande, grandísima.

El periodismo cuenta los hechos de la actualidad y decide cuáles son ahora relevantes y cuáles no, la política organiza la convivencia y regula los conflictos. La historia es otra cosa. No se entra en ella así como así, y menos del inexistente «lado correcto». Preguntarse, como hizo famosamente el actual presidente del Gobierno, qué dirá de uno la historia, es incurrir en la ingenuidad. Lo más probable es que no diga nada.      

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