Hasta el Peugeot era mentira
«Sin el viaje en el Peugeot, la reconquista del partido es otra cosa. A él no le importa; sabe cuáles son sus poderes sobre una chusma envilecida que le sigue ciega y sorda»

Ilustración generada mediante IA.
Pongan en suspenso cualquier atisbo de credibilidad a la hora de enjuiciar cualquier dato sobre las actividades del tipo que ejerce la presidencia del Gobierno. La presidencia de España, en opinión de Charo Villacastín. Los muy forofos es lo que tienen, que a la menor circunstancia favorable el gozo les revienta por las cinchas del caballo, como a don Quijote cuando salió de la venta, tan contento, tan gallardo, tan alborozado por verse ya armado caballero. O como a Patxi López el día que dijo (28 de mayo de 2024) que la UCO desmontaba en «un informe y una investigación seria todo este montaje por el que se pretende acusar a la ‘presidenta del Gobierno’».
Contaba mi admirada Ketty Garat que Pedro Sánchez, ¡también!, nos había mentido en lo del coche, el modesto Peugeot con el que había recorrido todas las Españas de agrupación socialista en agrupación socialista, de casa del Pueblo en casa del Pueblo. Uno no le veía mayor malicia al tema: Iba en su coche acompañado por un portero de puticlub, Koldo García Izaguirre; por un avezado experto en la materia, nivel usuario, como José Luis Ábalos Meco —siempre hay que contar con el dictamen de los expertos—, y con un cuarto ocupante que era Santos Cerdán, «super-Santos Cerdán», al decir de Zapatero, cuya presencia podía justificarse por haber arrancado esta versión de la Vuelta a España, en Milagro, el pueblo navarro que el secretario de Organización del PSOE controlaba a partir de Sevinabar.
Pero resulta que nada de lo que hemos tenido por cierto es veraz. El coche en el que presuntamente viajaban los cuatro jinetes del Apocalipsis (Blasco Ibáñez no llegó a imaginar un horror tan acabado) no era el Peugeot familiar, coche que en aquel tiempo usaba la Bego para llevar a las niñas al colegio. Lo de los cuatro ocupantes lo llegó a dar por bueno uno, aunque solo se trató de un viaje corto que les llevó de Milagro a Aldeanueva de Ebro, donde tenían un acto partidario. Claro que, al verle rodeado por esa fauna puteril, no tuvimos más remedio que pensar: esto debe de ser lo que Goethe llamó las afinidades electivas. Sánchez se recorrió España en un coche que le facilitaba la casa Mercedes-Benz en régimen de renting, obligado a cambiar de auto cada tres años. O sea, que Pedro Sánchez iba en Mercedes, pero los progresistas tienen una necesidad imperiosa de aparentar modestia, razón que le llevaba a aparcar a 300 metros de la Casa del Pueblo, para hacer su entrada triunfal a pie, prueba fehaciente de una humildad a prueba de la prescripción de José M.ª Carulla en La biblia en verso: «Cristo entró en Jerusalén en un momento / porque en vez de hacerlo a pie usó un jumento». Bueno, pues él entraba a pie y, claro, los fieles se le arrebataban como un solo hombre y una sola mujer, que no quiero deslucir el párrafo por un quítame allá el lenguaje inclusivo. Por último, hay que señalar que el coche no era suyo, sino un renting de su fiel Juanma Serrano.
No sé si lo han valorado los lectores, pero tengo para mí que va a volver a llevarse la pana. ¿Una añoranza de los buenos viejos tiempos? Quizá se trata solo de una impostación de la modestia, un alarde virtuoso de pobreza.
Esa impostación es una constante en la ejecutoria de la izquierda. Rubalcaba hacía su campaña modesta, haciéndose retratar al volante de un Skoda rojo, una de estas marcas que se fabrican en los países comunistas, mayormente en la República Checa. En una de esas fotos se le ve conduciendo ese modesto utilitario, mientras a muy pocos metros podía verse a un escolta al volante de un Opel Vectra, que era otro nivel.
Creó escuela Alfonso Guerra en su invocación a los descamisados peronistas en un mitin, que a su vez apenas ocultaban la herencia de los sans-culottes de la Revolución francesa. La demagogia populista rara vez tiene un solo padre. «Nosotros, los descamisados. Oreja, un párvulo», dijo para abrir la campaña de 1989 un tío que llevaba siete años de vicepresidente del Gobierno, descalificando a quien había de ser el ministro del Interior más competente de la democracia.
Total, que Pedro Sánchez ha roto los moldes al desvelarse la falsedad de su nuevo testamento. Sin el viaje en el Peugeot, la reconquista del partido es otra cosa. A él no le importa; sabe cuáles son sus poderes sobre una chusma envilecida que le sigue ciega y sorda a cualquier argumento ajeno, y la confrontación con el exterior le sirve para fortalecerse en el interior, mientras engorda el censo electoral a su conveniencia y la oposición no parece enterarse de nada.