El Papa es bilingüe
«No sabemos si Salvador Illa le confesó al Papa que, en Cataluña, se impone el catalán como único idioma escolar a niños cuya lengua materna es el español»

Ilustración generada mediante IA.
Nuestros representantes políticos, creyentes, ateos o indiferentes, se apuntan a un bombardeo para chupar cámara y subir en las encuestas. Van al encuentro con el Papa, como si fueran a un concierto de rock. Miriam Nogueras, la portavoz de Junts en el Congreso, vio su oportunidad y se lanzó sobre León XIV al grito de: «Like Gaudí, I am catalan. My nation». En un inglés de estar por casa, le instó a hablar en catalán durante los actos barceloneses. El obispo de Roma no respondió; siguió saludando. Al llegar a la Ciudad Condal —Cataluña no tuvo reyes ni reinos—, celebró su primera misa en la Catedral de Barcelona y habló en nuestras dos lenguas propias y oficiales. En estas tierras, todos, incluso el Papa, son bilingües.
Viendo las imágenes en la tele, pensé que esa aparición de la alterada diputada había vuelto a engordar la leyenda negra de la antipatía catalana. A este paso, me dije, hasta los pontífices acabarán exclamando: «No dejen que los catalanes se acerquen a mí».
Nogueras no parece conocer la liturgia católica, pero sobre todo no tiene nociones de urbanidad. Hasta el Concilio Vaticano II, la liturgia se daba en una misma lengua, el latín, en todas las iglesias católicas. Los feligreses sabían a lo que iban. A rezar. O sea que el exabrupto de la señora Noguera no venía a cuento. Además, el Vaticano ya había preparado los discursos de Cataluña con antelación y en las dos lenguas oficiales. Tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI, en sus respectivos viajes a nuestra comunidad histórica, realizados en 1982 y 2010, ya hablaron en catalán.
Robert Prevost Martínez inició y concluyó el sermón en la única lengua propia de los independentistas. De los diez minutos del sermón, unos 3,5 minutos fueron en catalán y el resto en español. Cuando el Papa instó a los fieles del Principat a ser «constructores de la unidad», tuve que contener una sonrisa irónica. Y escuché, como bajada del cielo, la voz de mi abuela Rosa, antaño orgullosa presidenta de las Madres de Jesuitas: «Fes el favor de no opinar per tot i més; no cal» («Hazme el favor de no dar tu opinión; no hace falta»). Qué difícil era y es ser una persona educada.
Que alguien haya minutado el sermón indica que los partidos van a luchar sin piedad por las sillas del Ayuntamiento de Barcelona o de las Cortes españolas. El año que viene, si Dios quiere y Sánchez no se salta la Constitución otra vez, Cataluña, al igual que otras comunidades españolas, irá a elecciones municipales y generales. Pero el voto nacionalista, el de las mayorías del católico Jordi Pujol, ya no da para tanto político necesitado de butaca bien pagada. Y hay muchos nervios para hacerse sitio.
«Sánchez y los congresistas de la derecha e izquierda independentista pelean por estrechar la mano del Papa»
En tiempos de mi bisabuelo, don Joan Cullell i Puig, los carlistas catalanes eran de Dios, Patria, Fueros y Rey. De misa diaria. Hoy, hasta los carlistas de Ripoll han cambiado. Sílvia Orriols, la líder ultranacionalista de Aliança Catalana, no parece tener ganas de asistir a los actos de la visita papal. Su grupo tampoco va a presentarse a las generales de España. Al menos, coherente lo es.
Desde luego, cada época tiene sus costumbres y religiones. El franquismo mantuvo las tradiciones católicas de forma casi asfixiante. Los políticos de la Transición, para llevar la contraria a tanta procesión, eran más laicos que los actuales; solían mantenerse en un segundo plano durante los actos religiosos. Le daban «a Dios lo que es de Dios». Hoy, Sánchez, sin devoción religiosa conocida, y los congresistas de la derecha e izquierda independentista pelean por estrechar la mano del papa León.
El Pontífice regaló discursos profundos, trascendentalmente actuales. Habló de la artificial e impaciente sociedad en que vivimos. No iba León XIV con segundas, pero, de tanto como acertó, hasta lo parecía: «Hoy, la tentación de ganar popularidad avivando el fuego de las polarizaciones parece crecer y la dignidad humana no deja de ser violada». El pontífice incluso nos instó a «huir de los enfoques identitarios que parecen aclararlo todo, pero que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos».
No sabemos si Salvador Illa, presidente de la Generalitat y católico practicante, le confesó al Papa que, en Cataluña, se impone el catalán como único idioma escolar a niños cuya lengua materna es el español. Tampoco sabemos si le contó que algunos fanáticos denuncian los negocios de inmigrantes latinoamericanos porque sirven helados de fresa, en vez de gelats de maduixa. O que los grupos de patriotas locales andan por bares, panaderías, comercios y hospitales buscando hispanos que osen hablar en castellano.
«En los colegios públicos catalanes ya no se estudia la poesía de Santa Teresa de Jesús ni de San Juan de la Cruz»
El Papa, sin embargo, acaba de alabar a los Reyes Católicos y a una «cultura de siglos», la española. Mientras, en los colegios públicos catalanes ya no se estudia la poesía de Santa Teresa de Jesús ni de San Juan de la Cruz. En los libros que se dan a escoger durante la ESO y el bachillerato público no se encuentran escritores en lengua castellana. El español solo se enseña y escribe en la clase de… español.
La atrevida portavoz nacionalista en las Cortes se dirigió en inglés al pontífice, porque es «norteamericano». Olvidó conscientemente que también es suramericano. Tiene pasaporte peruano desde 2015. Este viejo misionero, discreto, amable y culto, se apellida Prevost Martínez y el español es una de las cuatro lenguas que domina. En Cataluña ha aprendido a decir «bon dia» y que, según sus propias palabras, «esta región es un hogar amplio». El que tiene oídos para oír, oiga.