Zapatero, los libros y las joyas
«Estos socialistas de guante blanco inspirados por Azaña no se han centrado en crear riqueza, sino en enriquecerse»

Ilustración de Svriz.
«En el despacho [de Zapatero] no había ni un solo libro, excepto las obras completas de Azaña que nosotros mismos, el Ministerio, habíamos publicado. Como me vio con cara de sorpresa, me dijo como excusa: ‘Se los acaba de llevar todos Sonsoles’. ¿Adónde? Pensé yo. Eran varios cientos». Leo a César Antonio Molina en THE OBJECTIVE y pienso que lo relevante no es el destino de los libros, ni de dónde salieron las joyas… Lo relevante es la extraña relación que nuestras élites socialistas mantienen con aquello que dicen admirar y aquello que realmente valoran.
Las ideas sobre la riqueza derivadas tanto del socialismo (y de cierto conservadurismo) han puesto constantes trabas a los avances de la libertad económica en España. Estos socialistas de guante blanco inspirados por Azaña no se han centrado en crear riqueza, sino en enriquecerse (ellos y sus familias) mientras exprimen a los empresarios. No han dado alas a la riqueza creadora, empresarial o industrial, sino a la riqueza administrativa, cortesana, ministerial… La riqueza que nace de la proximidad al presupuesto y no de la proximidad al mercado.
Aquí el rico nunca fue visto como Rockefeller, Ford o Carnegie, sino como el señorito. Y la imaginación política prefirió durante décadas la caricatura al análisis económico. Todo eso explica que España siga siendo un país de pequeñas y medianas empresas, de negocios familiares que sobreviven como pueden entre formularios, inspecciones y gravámenes; un país donde el empresario suele ser contemplado con la mezcla de desconfianza reservada al prestidigitador y al delincuente reincidente.
Mientras tanto, no es de extrañar que, en el PSOE, el político más hortera y el más analfabeto sea el que más patrimonio tiene, mejor reputación y contactos. Nuestro sistema está montado para el ascenso social de esos funcionarios y socialistas ambiciosos que declaran siempre en las entrevistas que España podría ser republicana. Nos queda claro que todas estas cosas hacen posible o probable un vuelco de España hacia otras fórmulas, siempre que aseguren el poder de estas élites.
Volviendo al tema: todos estos piensan que tienen que subirles más los impuestos a los tramos altos, aunque pocas conversiones son tan rápidas como la del igualitarista que cruza la frontera de ese tramo y descubre que el Estado también le ha tomado por burgués. Entonces, si tienen poder y contactos, empiezan a interesarse por sociedades instrumentales, asesorías discretas y jurisdicciones exóticas. Como habrán observado, los maletines siguen siempre las mismas rutas del loado sistema internacional basado en normas.
Una pensaba que no sería posible eliminar estos estereotipos creados por el socialismo y cierto conservadurismo; que los españoles somos como niños y nos ha dado siempre por quitarnos las cosas. Pero quizás no está todo perdido. Estamos viviendo un proceso más delicado y profundo, más duradero. De repente, la riqueza deja de ser una abstracción asociada a un adversario repudiado (los ricos, a los que hay que machacar a impuestos) y aparece dentro de una caja fuerte en Ferraz, luciendo como un tesoro chorreante del fondo del mar. Al parecer, estas joyas son demasiado escandalosas para el votante socialista, ya que para esta imaginería la riqueza ostentosa es el peor de los pecados. Y hay que añadir que, mientras tanto, gracias a sus políticas, sube la vivienda, sube la gasolina, sube la carne y suben las patatas, que es el tesoro de los pobres.