The Objective
Román Cendoya

P.S., presidente ilegítimo

«Cuanto más dure la orgía de la corrupción, es fundamental que la justicia se mantenga firme e implacable»

Opinión
P.S., presidente ilegítimo

Pedro Sánchez. - Archivo

Tras lo sucedido en el Congreso y en Ferraz, ha quedado claro que Pedro Sánchez no tiene un ápice de dignidad personal ni de político demócrata. Va a seguir aferrado a una presidencia ilegítima y va a continuar, hasta cuando pueda, como líder de un gobierno cloaca y de un partido formado por una panda de cómplices entregados a la corrupción. Solo se salvan Page y la alcaldesa de Palencia. En el conjunto del PSOE, nada. No tiene solución.

Pedro Sánchez ya no tiene ninguna legitimidad democrática para seguir siendo presidente del Gobierno. Perdió las elecciones y, sin embargo, una mayoría del Congreso lo invistió como presidente, con toda legitimidad. Ese mismo Congreso, con una mayoría mayor de la que lo nombró presidente, 180 escaños, ha aprobado pedirle que dimita y convoque elecciones. No lo ha hecho y no va a hacerlo. Lo que le ratifica como un presidente autócrata sin legitimidad democrática. Escoria política.

Un hecho de enorme gravedad e impropio de una democracia. Solo un enajenado, acompañado de una panda de bufones como Patxi López —el hijo lelo de Lalo— y su bancada, es capaz de ovacionarse a sí mismo y celebrar como un triunfo la votación en la que se aprobó su falta de legitimidad democrática, mientras el Congreso gritaba «dimisión, dimisión». Los seguidores de la secta sanchista aseguran que el pueblo les pide que Pedro resista y que, como Patxi López, todos están con Begoña.

La realidad es que, por su forma de hacer, de actuar, de comportarse y de no respetar la soberanía popular, ha provocado que la inmensa mayoría del pueblo español piense, desde hace mucho tiempo, lo que clamó la plaza mayor de Sabadell: «Pedro Sánchez, hijo de puta». Fue en Sabadell, pero sucede en cualquier lugar de España —conciertos de música, plazas de toros, romerías…— donde se junte un grupo libre de ciudadanos, se corea lo que es Pedro Sánchez.

A Pedro Sánchez hay que darlo por perdido. Nadie, excepto los jueces, puede tomarlo en serio. Es un patético chulo macarra que saca pecho donde tenía que sacar vergüenza. Insiste en no saber nada de lo que hacían los máximos responsables de su partido. Niega las evidencias y cree que con el «y tú más» y su despreciable chulería puede tener razón sobre todo y en todo. Trata a sus socios de investidura como menores cuantías que solo se merecen su altanería y su desprecio. Qué vergüenza produce ver cómo partidos, con trayectorias históricas, se someten al matonismo político de un malvado que promete todo y no cumple nada. Excepto con ETA Bildu.

Queda, como máximo, un año de legislatura. Cuanto más dure la orgía de la corrupción, es fundamental que la justicia se mantenga firme e implacable. Que los jueces hagan su trabajo con la profesionalidad que les caracteriza y vayan imponiendo y sumando todos los años de cárcel que se merecen los involucrados. Sin remilgos ni cortapisas, aplicando el máximo de pena posible de cada delito por su desprecio absoluto a los españoles.

Pedro Sánchez va camino de tener más imputados que diputados. Por eso, no sería de extrañar que el Comité Federal del PSOE terminara celebrándose en la Audiencia Nacional o en Soto del Real. Allá donde haya más quórum. Todo un récord.

Como hacía Franco, Sánchez ha constituido una cómplice «unidad de destino en lo universal» con José Luis Rodríguez Zapatero y su familia. No habla de Leyre, no conoce a Ábalos o Cerdán. Pero para Sánchez «no es aceptable el atropello que tanto [ZP] como su familia han sufrido en sus derechos fundamentales». Cometer delito fiscal, dentro de toda una trama criminal para el blanqueo de capitales y el tráfico de influencias, atesorando joyas de origen desconocido, es para Sánchez «un derecho fundamental». Es obvio que tiene una visión sesgada y parcial de la realidad en favor de sus delincuentes. Considera que con Zapatero se han «vulnerado» sus derechos constitucionales. Pedro Sánchez, en su evasión de la realidad y en el encubrimiento de la corrupción, cree en Zapatero y anuncia que va a explicarlo todo. ¿Explicar qué?

Zapatero no puede explicar nada porque ya declaró tres horas ante el juez y lo explicó todo tan bien que terminaron imputadas sus hijas y su secretaria. Cada vez que Zapatero abre la boca, suben los imputados, aumentan los delitos y la sensación colectiva de que va a tener muchos años por delante para estar en la cárcel.

Pedro Sánchez considera lo de su hermano, ya juzgado, pendiente de sentencia, un atropello. Igual que los seis delitos que la justicia atribuye a su mujer. Todo porque ellos están muy por encima del ordenamiento jurídico del resto de los españoles.

No hay nada que hacer con Sánchez y con todo el Comité Federal del PSOE. Pedro Sánchez tuvo la osadía de decir. «Vamos a limpiar lo que haya que limpiar, como estamos haciendo, vamos a defender la verdad donde traten de sepultarla y vamos a seguir gobernando para quien necesite que este país avance». Afirmó que va a seguir, presentarse y gobernar hasta 2031. Ante semejante frase y afirmaciones, si el PSOE fuera un partido político y el plenario fuera serio, deberían haber reaccionado expulsando a Sánchez de todos sus cargos. La escoria que vive alrededor del «puto amo» celebró todo con alegría y entusiastas ovaciones.

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