The Objective
El buzón secreto

Los ilegales, espías ocultos entre nosotros (también en España)

El mundo del espionaje ha cambiado en los últimos años, especialmente tras el inicio de la guerra de Ucrania

Los ilegales, espías ocultos entre nosotros (también en España)

Un espía.

La que parece la gran novedad del espionaje contemporáneo solo lo es en parte. Hace más de un siglo, a alguien se le ocurrió en la URSS la figura de un agente que pudiera cumplir misiones en el exterior utilizando una identidad falsa convertida en real. Los bautizaron como «los ilegales», en contraposición a esa otra figura representada por los delegados de sus servicios secretos en el extranjero, con un estatus diplomático que los amparaba en sus misiones de espionaje, de tal forma que si eran descubiertos con las manos en la masa, el país receptor se tenía que limitar a expulsarlos. Eran, y son, los legales.

La idea es apasionante y pone al límite la capacidad psicológica de los afectados. Os cuento un caso representativo. Artem Dultsev y Anna Dultseva, dos espías rusos, son enviados como ilegales a Argentina. Han estado muchos meses preparándose y, con documentación manipulada de fallecidos olvidados, aterrizan por separado. Están casados, pero el plan es que simulen que se conocen allí y se casen otra vez. No está claro que los nuevos Ludwig Gisch y María Mayer vayan a tener hijos; es una decisión personal, compleja. Deciden concebir a Sofía y Daniel; saben que no les podrán desvelar sus auténticas vidas, simplemente los educarán como dos argentinos más, con los mismos valores de la cultura cristiana y la misma pasión por Lionel Messi.  

Pasado el tiempo, asentada su leyenda, se van a Eslovenia como cuatro argentinos expatriados. En diciembre de 2022 son descubiertos, encarcelados y separados. A los chicos nadie les da una explicación durante el siguiente año y medio y, pobrecillos, no entienden nada. En agosto de 2024, Sofía y Daniel, los dos con menos de diez años, forman parte de un extraño acto público, un intercambio de espías entre Rusia y Occidente. En un avión con destino a Moscú, sus padres les anuncian que toda su vida ha sido una farsa. A mi parecer, esta es la vida más dura que puede llevar un espía: metido en una personalidad falsa, involucras a tus hijos, produciéndoles un daño injustamente. 

El programa más secreto de Rusia

Los ilegales es el título de un libro que ha escrito el periodista estadounidense Shaun Walker y que en España publica Salamandra. Una investigación que añade elementos interesantes a una especialización del espionaje que quizás sea la más inhumana de todas. Una especialización que tradicionalmente ha exigido años de formación previa intensa y dura, seguida de estancias aún más largas en un país extranjero para dotar de credibilidad y legalidad a la leyenda que marcará sus vidas futuras y, finalmente, cuando se decida desde la central de espionaje en Moscú, el desplazamiento al país en el que los activarán para moverse en las sombras.

Walker cuenta muchos casos interesantes; uno de ellos muestra la locura de la vida de muchos agentes de este programa. Linov, mucho tiempo de ilegal en Israel en los años setenta, terminó descubierto por el contraespionaje judío, pero en la URSS nunca supieron el auténtico motivo. Al regresar a su país, fue interrogado una y otra vez por la KGB para confirmar que no se había convertido en un agente doble. Nunca llegaron a tener la certeza al cien por cien de que su hombre, que había realizado sacrificios inimaginables por su país, les era absolutamente leal. Cinco años después de su regreso a su patria, mientras intentaba reparar el radiador de su dormitorio, Linov encontró un micrófono oculto detrás del aparato. Había pasado mucho tiempo y el servicio de seguridad seguía desconfiando de él.

Los ilegales asumen nuevas misiones

Ahora el trabajo de los ilegales se ha complicado. La expulsión en noviembre de 2022 de 400 espías rusos de Europa le creó a Putin un auténtico problema y ha tenido que recurrir a ellos para cumplir misiones realizadas antes por los legales. 

¿En España también hay ilegales? Sin duda alguna. El caso descubierto hace 15 años en Madrid lo demuestra. Henry Fritz, en realidad Serguey Yuryevich Cherepanov, vivió muchos años en España. Había nacido falsamente en Nueva Zelanda, a donde se había desplazado para conocer su propia historia de primera mano, y luego había viajado a Ecuador, por eso de interiorizar el español y las costumbres latinas. Si no hubiera sido por un espía ruso que se convirtió en agente doble y le delató, todavía hoy seguiría viviendo en nuestro país. Con escasa frecuencia, acudía a Moscú para visitar a su mujer y a su hijo, mientras en España convivía con Carmen, una buena mujer ajena a todo, que no entendió su repentina desaparición. Tiempo después supo que había convivido con un espía ruso, un ilegal.

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