The Objective
El buzón secreto

'Caso Kitchen': se pilla antes a un policía que a un espía

La Policía y el CNI intervinieron en defensa del Gobierno: hay policías procesados, pero ningún miembro del CNI

‘Caso Kitchen’: se pilla antes a un policía que a un espía

El extesorero del PP Luis Bárcenas frente a dos agentes de la Policía Nacional. | Eduardo Parra (EP)

La Policía no debe intervenir en misiones de respaldo al Gobierno que contravengan las leyes. Lo que el CNI pueda o no hacer, lo que deba o no hacer, está marcado por una directiva genérica secreta del Gobierno y por la esencia del trabajo de la inteligencia: que nadie conozca lo que haces. Dicho de otra manera: la Policía está atada a los jueces y el CNI funciona al margen de ellos. Cuando los jueces reciben indicios de delitos de cualquier tipo de funcionario público, los van a perseguir; lo que ocurre es que los espías están más acostumbrados a esconderse en las sombras.

Esta pequeña disertación viene al caso por el juicio que se está celebrando por el caso Kitchen, el espionaje al que fue sometido Luis Bárcenas, extesorero del PP, y su familia. El problema de pillar a un corrupto es que siempre guarda y esconde documentación de sus trapicheos que implica a otras personas, a ser posible altos cargos del Gobierno o de empresas poderosas que aceptan sus trampas, participan en ellas e, incluso, se benefician económicamente.

Bárcenas disponía de información que comprometía a altos cargos del Gobierno y la utilizó como amenaza para conseguir beneficios de cara a la situación penal que se le venía encima. En estos casos, el CNI suele comportarse como el gran protector del poder: hace frente al chantaje con todos sus medios, que son muchos y muy potentes. Alguien podría decir que el servicio de inteligencia no está para eso, pero la realidad es que ellos piensan que cualquier situación que socave la estabilidad política es motivo para que entren. Con diferencias, es conveniente recordar que los espías estuvieron años haciendo frente al chantaje de Bárbara Rey sobre el rey Juan Carlos.

Los espías suelen salir indemnes

La Policía no suele entrar en este tipo de trabajos porque no van a encontrar el amparo de un juez y su filosofía de actuación no incluye estas misiones partidistas. Hay casos históricos en los que se demostró sus actuaciones fuera de la ley, como el espionaje político montado en la etapa socialista por el entonces vicepresidente Alfonso Guerra. Quizás el motivo fue que era un momento en el que el Gobierno se fiaba del comportamiento de policías amigos y no del que pudieran mostrar los espías.

En todos los casos, la historia confirma una realidad: este tipo de misiones las hacen mejor los espías, básicamente porque sus actuaciones irregulares raras veces acaban en los tribunales y, si lo hacen, suelen salir indemnes. Hay excepciones llamativas: en 1998 pillaron los micrófonos que la Casa había diseminado por la sede de Herri Batasuna en Vitoria, un partido en ese momento legal. Tras años de investigación, se celebró el juicio, con dos directores acusados que sin duda habían dado las órdenes, Emilio Alonso Manglano y Javier Calderón. El único condenado fue el agente que, permítanme la simplificación, cambiaba las cintas.

La Policía detectó a los «Cecilios»

El juicio del caso Kitchen ha sentado en el banquillo a la cúpula del Ministerio del Interior de la época y a muchos policías que dirigieron la operación. Alguno de ellos, como Enrique García Castaño, reconoció con anterioridad que detectaron la presencia de sospechosos controlando los movimientos de la familia Bárcenas, que los trataron de identificar, pero les fue imposible. Dio por sentado que eran «Cecilios», como les gusta llamar a él y a Villarejo a los agentes del servicio secreto.

No me cabe duda de la veracidad de las palabras de García Castaño; los conoce muy bien. Es una prueba más de que el CNI estuvo implicado en la operación para anular a Bárcenas, solo que no hay ni un espía sentado en el banquillo de los acusados. Dice un pensamiento vinculado al mundo secreto que hay que dedicar a «los hombres más limpios, para los trabajos más sucios». Yo añadiría que hay que procurar que esos hombres dispongan de medios adecuados, capacidad de moverse sin ser vistos y el respaldo de leyes como la de Secretos Oficiales, que los amparan hasta el extremo.

El servicio de inteligencia participó en el caso GAL y no tuvo repercusión para ellos, pero sí para la Policía. Y ahora estuvo en el caso Kitchen y no ha tenido repercusión para ellos y, de nuevo, sí para la Policía.

Publicidad