Arma nuclear: Israel y España mintieron, como Irán a EEUU
Israel negó estar fabricándola y España, por el contrario, mostró una manipulada voluntad de hacerlo

Imagen de archivo.
Irán defiende oficialmente, lo lleva haciendo durante muchos años, que su programa nuclear no pretende capacitarse para fabricar armas nucleares, que sus fines son exclusivamente civiles. Señalan la generación de energía, la medicina y la investigación. Hasta tal punto lo han defendido que destacan que una fatwa del que era su líder supremo, Ali Jamenei, prohibía tales armas.
Nadie les cree, ni ellos mismos saben cómo justificar el embuste sin reírse. Si echamos la vista atrás, lo cual nos aporta muchas veces una visión más realista del asunto, vemos que los iraníes no han sido los primeros en mentir cuando se trataba del asunto de fabricar armas nucleares.
Uno de los que estuvo mucho tiempo mintiendo fue precisamente su mayor enemigo, Israel. Cuando en 1957 Israel llegó a un acuerdo con Francia para comprarles un reactor nuclear y la tecnología imprescindible para conseguir fabricar ese tipo de armas, acordaron hacerlo en total secreto. En aquellos años, Estados Unidos se oponía a nuclearizar Oriente Medio y sus presidentes, en mayor o menor medida, intentaban ser muy estrictos con la prohibición.
John Kennedy recibió las primeras pistas al comenzar su presidencia, pidió informaciones contrastadas a la CIA, que en un primer momento no las consiguió. Obviamente, las autoridades judías lo negaron con vehemencia y trazaron un plan para ocultarlo.
Israel le miente en la cara a Estados Unidos
Pero en el mundo del espionaje es complicado engañar durante mucho tiempo al enemigo, especialmente si dispone de los amplísimos medios de la CIA. En 1961, Kennedy recibió la confirmación de que Israel había montado una central nuclear en Dimona. Pidió explicaciones al primer ministro israelí, Ben Gurion, que le mintió en la cara. Dimona existe, le debió responder, pero con los mismos fines pacíficos que los iraníes aseguran ahora que tienen sus centrales.
Los gobernantes israelíes se mantienen en sus trece con la falsedad incluso después de encontrarse entre la espada y la pared: admitieron que les mandaran inspecciones para comprobar sus fines pacíficos. Por suerte para ellos, los inspectores aceptaron primero los retrasos injustificados en las visitas y, finalmente, incluso tragaron con los paseíllos que les daban por la central, en los que no les mostraban su verdadero fin. Increíble, pero cierto. Esos inspectores llegaron a certificar el rollo ese de objetivo pacífico.
Kennedy fue asesinado y para Israel la suerte mejoró. Los siguientes presidentes optaron por no saber, preferían que sus colegas fueran a lo suyo con discreción, acordaron mirar para otro lado y creerse los desmentidos o silencios que Israel mantenía, mantiene, hasta ahora.
España lo utilizó como arma contra Estados Unidos
Lo que ocurrió con España es una historia bien distinta, exactamente la contraria de la de Israel e Irán, aunque el objetivo era el mismo: engañar a Estados Unidos. Durante la dictadura de Franco, se creó el «Proyecto Islero», cuyo objetivo era disponer de una bomba nuclear. Según atestiguó su responsable, Guillermo Velarde, sus investigaciones abrieron el terreno a la creación del arma –el plutonio fue el elemento elegido frente al uranio-, pero cuando Franco recibió esa información se preocupó por si los estadounidenses se enfadaban y ordenó paralizarlo en 1965. Sin embargo, el plan se mantuvo por el interés de Agustín Muñoz Grandes, vicepresidente del Gobierno, y el de Luis Carrero Blanco, su sustituto en el puesto.
La CIA estadounidense informó varias veces a finales de los sesenta y principios de los setenta, de que España era el único país europeo con propensión a fabricar esas armas, quizás porque Francia estaba dispuesta a ayudar, porque había material para poner en marcha el programa y porque Velarde había avanzado mucho en sus investigaciones.
Las autoridades de Estados Unidos se preocuparon de verdad cuando Carrero Blanco fue designado presidente del Gobierno, un político nada pro americano dispuesto a fastidiarles en todo lo que estuviera en su mano para conseguir que trataran con más respeto a España.
El hecho clave, el gran farol, lo montó Carrero Blanco de cara a la entrevista que iba a mantener el 19 de diciembre de 1973 con el secretario de Estado, Henry Kissinger. Le encargó a Velarde un informe breve, no más de un folio, en el que en inglés y español, explicará técnicamente que España estaba cerca de poder construir una bomba atómica.
Con el encabezamiento de «Estado actual del proyecto Islero», Carrero Blanco le enseñó el documento a Kissinger, que ya venía caliente por la negativa del gobierno, unos meses antes, a autorizar el repostaje en cielo español de los aviones que iban a ayudar a Israel en la guerra del Yom Kipur. El secretario de Estado se quedó muy disgustado, pero poco más se sabe de lo que hablaron. Fue una conversación entre los dos y a Carrero Blanco le asesinaron al día siguiente. El proyecto Islero no llegó a más.
