The Objective
España

Albares estudia el relevo del embajador en México en pleno deshielo con Sheinbaum

El ministro de Exteriores planea el cambio en uno de los destinos más codiciados para los diplomáticos

Albares estudia el relevo del embajador en México en pleno deshielo con Sheinbaum

José Manuel Albares (c) y Sergio Cuesta, a su lado con gafas. | MAEC

Continúan los movimientos dentro del Ministerio de Asuntos Exteriores. THE OBJECTIVE ya adelantó que Ander Ruiz de Gopegui, uno de los vocales asesores de José Manuel Albares, será el próximo embajador en Serbia en sustitución de Juan José Sanz, que apenas llevaba destinado dos años y medio en el país balcánico. El siguiente podría el cambio en la embajada de México para sustituir a Juan Duarte, quien lleva cuatro años en uno de los puestos más codiciados entre los diplomáticos españoles.

El reciente deshielo en la crisis diplomática, que se arrastraba desde el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, favorece que el nuevo embajador se incorpore en verano a su nuevo destino. En este sentido, desde la Oficina de Información Diplomática (OID) se ha subrayado a THE OBJECTIVE que es «rotundamente falso» que el ministro haya enviado una petición de plácet a México para su director de gabinete, Sergio Cuesta, y que, por tanto, «esté esperando respuesta mexicana».

Albares acompañará a Felipe VI el próximo jueves en su viaje a México para la primera entrevista cara a cara del monarca con la presidenta, Claudia Sheinbaum. La visita tiene un componente deportivo: la asistencia del Rey al España-Uruguay en la ciudad de Guadalajara al día siguiente, y que «se enmarca en un contexto de intensificación de las relaciones bilaterales», subrayaron desde el Palacio de la Zarzuela.

Albares ya mantuvo una reunión con Sheinbaum a finales de abril en la capital mexicana, donde se certificó que la presidenta dejaba atrás su exigencia de que Felipe VI pida perdón por el período de la Conquista, como le exigieron tanto ella como López Obrador por carta durante su mandato. Una sucesión de exigencias que, en última instancia, motivaron que ni el Rey ni nadie del Gobierno español estuviese en la toma de posesión de Sheinbaum hace casi dos años.

Al final, las palabras del monarca a mediados de marzo, admitiendo la existencia de abusos durante el período colonial, fueron suficientes a ojos de la mandataria, pese a las objeciones iniciales que planteó en público. Si bien Sheinbaum reconoció el «gesto de acercamiento» del Rey, añadió a renglón seguido que no era todo lo que le hubiera gustado escuchar y que ambos países tienen que «seguir avanzando en el diálogo». 

España se ha marcado una línea roja que no piensa cruzar: admite que hubo «abusos» en la dominación del continente hermano, pero no pedirá perdón por la conquista iniciada hace cinco siglos. Tanto Zarzuela como Moncloa son conscientes de que una disculpa tan solemne como la que pide México por parte del Rey podría abrir la puerta a que los países iberoamericanos empiecen a reclamar indemnizaciones millonarias a España por ese período histórico.

López Obrador planteó hace siete años «ponerse de acuerdo en una disculpa pública por las atrocidades cometidas durante la conquista española», pero «el Rey no contesta la carta», se quejó Sheinbaum en octubre de 2024, afeando que «fue una carta privada que tenía que ser contestada con una carta privada, aunque no hubiera estado de acuerdo». El primer gesto oficial de España con las exigencias mexicanas llegó un año después, en octubre del año pasado. Albares afirmó que a lo largo de la historia compartida entre España y México «ha habido dolor e injusticia» hacia los pueblos originarios mexicanos y que era «justo reconocerlo y enmendarlo».

Con esa declaración, el Ejecutivo español buscó cerrar la crisis bilateral con México, ya que, pese a la afinidad ideológica que existe entre ambos Gobiernos, las relaciones entre ambos países llevaban varios años sin estar en su plenitud. Sheinbaum valoró como «muy importante» la declaración de Albares. «Es el primer paso», reaccionó la mandataria mexicana, quien en anteriores ocasiones, al igual que su antecesor, había reclamado una disculpa por «la invasión violenta», tal y como define la llegada de los españoles. Pero siguieron pasando los meses sin que el Gobierno mexicano zanjase la disputa.

Por ello, el Gobierno de Sánchez presionó a la Zarzuela en los últimos meses para que el monarca tuviese un gesto con México en público y así poder pasar página. La coreografía del acto de marzo en el Museo Arqueológico Nacional sugirió que tenía la venia de las autoridades mexicanas: el Rey hizo su declaración con el embajador mexicano, Quirino Ordaz Coppel, a su lado y también bajo la atenta mirada del director de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid), Antón Leis, en representación del Ejecutivo. El alto cargo de Exteriores estuvo asintiendo con la cabeza mientras escuchaba con los brazos cruzados las palabras del jefe del Estado, en un claro gesto de aprobación del Gobierno ante la trascendencia de las palabras del Rey.

Felipe VI adelantó a Moncloa que iba a hacer esta importante declaración, no así el contenido de su pronunciamiento en público. Las palabras fueron elegidas por él y luego apoyadas por el Ejecutivo «al 100%», según dijo la portavoz, Elma Saiz. En este sentido, el Rey admitió en el museo que existen «controversias morales y éticas» sobre la forma de ejercer el poder en los territorios conquistados. Y que, si bien los Reyes Católicos impulsaron directrices y normas con un «afán de protección», como las llamadas Leyes de Indias, luego en la práctica esas disposiciones no siempre se cumplieron.

«Los propios Reyes Católicos, con sus directrices y el proceso legislativo, tenían un afán de protección que luego la realidad hizo que no se cumpliera como se pretendía. Y hubo mucho, mucho abuso», afirmó el monarca. Sin embargo, niveló de inmediato la balanza al hacer hincapié en que era necesario analizar ese período histórico «en su justo contexto», evitando lo que definió como «excesivo presentismo moral» y apostando por un análisis «objetivo y riguroso» que permita, a su juicio, comprender mejor las tensiones éticas que surgieron desde el inicio del proceso colonial.

La invitación para ver a España en el Mundial

El monarca se decidió a dar este paso tras recibir el pasado 24 de febrero una invitación de Sheinbaum para asistir al partido de España contra Uruguay en el Mundial de fútbol que organizan este año México, EEUU y Canadá. Ese partido se celebrará en el lugar donde se produjeron gravísimos altercados de orden público a finales de febrero tras la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias el Mencho, considerado el jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), por lo que a México le interesa a efectos políticos la presencia de Felipe VI para dar una imagen de normalidad al resto del mundo.

Sheinbaum indicó en su carta a Felipe VI que este evento deportivo «constituye una coyuntura propicia para evocar la profundidad y el carácter singular de los vínculos entre México y España, forjados por una hermandad histórica y sustentados en el legado compartido de la lengua, la cultura y la memoria colectiva que está repleta de grandes muestras de solidaridad, empatía y una visión humanista entre [ambos] pueblos». La Casa Real recibió «con agrado» esta invitación personal al monarca para visitar México «en el marco de la relación fraternal de amistad entre los dos países», según se indicó en un comunicado que dio a conocer la Zarzuela. Fue el punto de inflexión para que el monarca pueda ir al país hermano con la crisis diplomática ya olvidada.

Publicidad