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Cultura

Querido 'millennial' quemado, el problema no eres tú, es el sistema

‘No puedo más. Cómo se convirtieron los millennials en la generación quemada’ (Capitán Swing, 2021), ensayo de la periodista estadounidense Anne Helen Petersen, pone palabras a la desesperación de los millennials

Querido 'millennial' quemado, el problema no eres tú, es el sistema
Anne Helen Petersen Cedida por la editorial

Estamos en septiembre de 2018 y el editor de cultura de BuzzFeed le insta a la periodista Anne Helen Petersen, entonces redactora senior del sitio, a tomarse un par de días libres, porque, según este, Petersen está «un poco quemada». Aquel comentario le hace sentirse molesta consigo misma, y es la reacción natural de toda adicta al trabajo, reconoce Petersen, ya que echaba por los suelos toda su concepción de la vida y, sobre todo, de su capacidad en el trabajo y su identidad como periodista. Finalmente, se toma esos dos días de descanso, que, sin embargo, no dedica a descansar. Piensa, reflexiona, y en esas, se da cuenta de la interminable lista de tareas para el mantenimiento de una vida adulta que tiene vergonzosamente pendientes; que aplaza, que minusvalora, que aparca a un lado. Y se da cuenta de que no está sola. De que hay un montón de gente a su alrededor (que no para de hacer comentarios al respecto en Internet) a la que el «estrés de la vida adulta», con sus fastidiosas tareas (pagar impuestos, comprar maquinillas de afeitar, darse de baja en el gimnasio o acaso unificar los préstamos estudiantes, entre muchas otras), no les dejaba concentrarse en su máximo objetivo: la plena dedicación al trabajo. Así, la máxima que descubre es la siguiente: «Nunca había sido tan fácil vivir en el mundo moderno y, a la vez, resulta incomprensiblemente complicado». 

Para dar respuesta a esta paradoja fundamental millennial, Anne Helen Petersen se puso a escribir, buscando un lenguaje y unas razones que explicasen esa frustración. El resultado fue un artículo, en forma de ensayo personal que pretendía abarcar una experiencia generacional. How Millennials Became the Burnout Generation es publicado por Anne Helen Petersen el 5 de enero de 2019 en Buzzfeed y acaba teniendo más de siete millones de visitas. Había dado con la clave de toda una generación: el desgaste que sufrían los millennials se presenta ya no como un simple abatimiento temporal, sino como «nuestra condición contemporánea».

No eres tú, es el sistema

Se ha de precisar, y así lo hace la propia Petersen en su libro No puedo más. Cómo se convirtieron los millennials en la generación quemada, recientemente publicado en español por Capitán Swing, que no es que otras generaciones previas no estuviesen ya quemadas. Pues, dice Petersen que «el desgaste, al fin y al cabo, es un síntoma de vivir en nuestra sociedad capitalista moderna». La diferencia es que las generaciones previas contaban con una red de seguridad, un horizonte de expectativas y un espacio autónomo en el cual la vida tenía sentido afuera del trabajo.

La generación millennial, sin embargo, se ha convertido en la primera generación que se ha conceptualizado a sí misma «como currículums universitarios andantes», en tanto que capital humano. Unos sujetos que «requerían una optimización para un mejor funcionamiento de la economía», que fueron criados en la creencia de que, si se esforzaban bastante, podrían ganar al sistema o, cuando menos, vivir cómodamente en él. Una generación que se ha dado cuenta de que no se le puede ganar al sistema, porque está roto. Petersen lo expresa en su libro de la siguiente manera: «No hablo de una utopía en sí misma, sino de concebir el trabajo, el valor personal y el ánimo de lucro de una forma distinta; y de la idea radical de que cada uno de nosotros importa y somos verdaderamente esenciales y dignos de recibir cuidados y protección». 

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Portada del libro de Petersen. | Imagen: Editorial Capitán Swing

Cuenta Petersen a THE OBJECTIVE, vía correo electrónico, que a ella el proceso gradual de distanciarse de la academia (fue profesora invitada en el Whitman College, hasta 2014) le permitió «reaprender que soy algo más que la suma de mi productividad. Es un proceso que está en marcha y creo que ir diciéndome a mí misma cosas como que ‘eres amada y vale la pena descansar’, que fue uno de los titulares de una de mis newsletters de comienzos de este año [Culture Study, en Substack], me sirve como una suerte de mantra que tengo que ir repitiéndome constantemente». 

Y es que el gran problema de los millennials, según Petersen, son las expectativas frustradas. Los millennials han interiorizado la necesidad de encontrar un trabajo que se corresponda con las expectativas de sus padres, que resulte impresionante de cara a sus compañeros y que cumpla «con lo que se les ha vendido como el objetivo último de toda esa optimización en la infancia: dedicarse a algo que les apasione», afirma Petersen. Una idea del trabajo romántica y burguesa. Así las cosas, el choque con la realidad precaria de nuestros tiempos es brutal. Y frustrante.

Destaca Petersen, además, que la causa fundamental del burnout de los millennials no es Internet, como muchas veces se afirma o cree, pero sí que es verdad que la promesa de Internet de «facilitarnos la vida está profundamente podrida y es la responsable del espejismo de que hacerlo todo no solo es posible sino obligatorio». Otra vez: las expectativas (auto)impuestas.

El valor de la palabra (y la experiencia compartida)

En el proceso de documentación para este libro, Petersen, además de seguir una exhaustiva investigación académica e histórica, ha realizado innumerables entrevistas y ha tenido múltiples conversaciones con sus compañeros de generación. Además, a través de Google Forms, distribuyó diferentes encuestas focalizadas en varios temas (hobbies, paternidad, preparación para la universidad, etc) a través de su página de Facebook (en la que tiene 45.000 seguidores) y a través de Twitter, donde animaba a retuitear y a compartir las encuestas. En total recibió más de 5.000 respuestas («¡Y me las leí todas!», nos dice, enfática).

La voluntad de recoger toda esa información tiene que ver con el convencimiento de que «carecíamos de un vocabulario generacional común y, por consiguiente, nos costaba transmitir a los demás las particularidades de lo nos estaba sucediendo», dice Petersen. El libro salió originalmente en inglés, en Estados Unidos, en septiembre de 2020. Le preguntamos a Petersen si cree que el libro ha contribuido a una mayor concienciación de sus compañeros de generación y dice que «no sé si la semilla de este libro está creciendo ya, pero lo que sí que te puedo asegurar es que ha quedado definitivamente plantada: tenemos un lenguaje para describir nuestros sentimientos y para hablar los unos con los otros sobre ello». Matiza Petersen, no obstante, que no es solo mérito suyo, pues ya desde hace muchos años hay otras personas pensando y escribiendo sobre el tema. «Creo que mi artículo y el libro han servido para ampliar la conversación», sostiene la autora, que sugiere como vía de acción más o menos inmediata «examinar de una forma mucho más activa y atenta» de qué manera elegimos interactuar, al tiempo que recuerda que «para recuperarse del desgaste no hay que retirarse del mundo».

Un enfoque norteamericano

A pesar de que también se traten otros temas en el libro, como las nuevas formas de paternidad, el ocio o la tecnología, se puede decir que, en esencia, el ensayo de Anne Helen Petersen propone una lectura de la situación contemporánea en clave laboral, cotejando el estado actual de cosas con aquel vivido por las generaciones anteriores (en especial la de los boomers), y, particularmente, centrado en Estados Unidos. 

De hecho, es esta una de las críticas que se le ha hecho al libro en sus ediciones no estadounidenses y, la propia autora, preguntada al respecto, acepta que, sin duda, es una crítica muy justa. «Cuando escribí el libro −cuenta Petersen−, lo estaba escribiendo para una audiencia norteamericana. Tenía que tomar la decisión de dotarlo de un determinado enfoque, porque estaba investigando un montón de cambios estructurales y económicos en mi país, y si trataba de darle una visión global, bien, eso hubiera acabado siendo una serie de… ¿50 libros?».

No obstante, agrega, «mi conversación con otros periodistas españoles −y con gente de Twitter de España que ha leído el libro− ha sido muy enriquecedora y me encanta pensar cómo este libro hubiera estado organizado de una manera muy diferente si hubiera sido explícitamente pensado para una audiencia española; hubiera sido muy interesante echar un vistazo a los cambios en la forma de pensar y la estabilidad post 1975, ver también si la generación de cristal es o no lo mismo que la generación millennial, pero de manera más ampliada». Finalmente sentencia: «Mi libro es una invitación para otros periodistas y autores para pensar sobre todas estas cuestiones». Queda dicho.

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