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El adiós de 'Orange Is the New Black', un dardo que apunta directamente a Trump

La última temporada de 'OITNB' es la más política de todas

Foto: Netflix |

Este artículo contiene spoilers de la última temporada de Orange Is the New Black.

Orange is the new black se despide. Tras siete temporadas, la que fuera la segunda serie original de Netflix dice adiós. La última temporada de la ficción de Jenji Kohan ya está disponible en Netflix –en el caso de España, en Movistar+ hasta que expiren los derechos de emisión de la plataforma española–.

Orange is the new black supuso toda una revelación en 2013. Cuando todavía los maratones eternos de capítulos no estaban a la orden del día, cuando aún sintonizábamos un canal a una hora determinada para ver un episodio de nuestra serie favorita. Entonces nació OITNB, la segunda producción original de una plataforma de streaming que apenas era conocida en Estados Unidos, Netflix, y que venía a corroborar su calidad de producción después la laureada y después denostada House of Cards.

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Alex y Piper, separadas por un cristal en esta última temporada. | Foto: Netflix

En sus inicios, OITNB provocó un furor inesperado. Tanto esta historia como la protagonizada por Kevin Spacey sirvieron a Netflix de punta de lanza, de embajadoras internacionales. Los fans de las andaduras de Piper Chapman (Taylor Schilling) y sus compañeras de prisión se multiplicaron rápido, tanto que las plataformas de streaming de distintos países adquirieron los derechos de emisión antes de que Netflix se expandiera a todo el planeta. Si bien con el tiempo el fenómeno se ha desinflado, los auténticos fans han aguantado seis largos años al lado de las reclusas de Litchfield.

La diversidad racial, sexual y de género ha servido de hilo conductor de una historia basada en hechos reales que nos enfrenta directamente a nuestra naturaleza humana y social. OITNB ha sabido como ninguna otra comedia seriada retratar a mujeres en situación de exclusión social. Temporada a temporada hemos podido conocer a fondo los derroteros de las vidas de un grupo de reclusas que son mucho más que eso: son hijas, madres, hermanas y amigas más allá de los muros de la prisión.

La serie siempre ha presentado la prisión como un microcosmos representativo de la sociedad norteamericana de esta segunda década del siglo XXI. Latinas, negras, blancas, lesbianas, bisexuales, heterosexuales, transgénero, jóvenes, viejas, gordas y flacas. Con delitos menores o mayores a sus espaldas. De un entorno socioeconómico más o menos favorable. Todas juntas con una sola cosa en común: estar pagando por un error del pasado.

Los nuevos elementos de una última temporada especialmente política

La última temporada presenta no pocos elementos nuevos. Un ejemplo es Piper, su protagonista, a la que vemos en todo momento fuera de la prisión. Sus dificultades iniciales para cumplir con la condicional, su relación a distancia con Alex Vause (Laura Prepon) y su inagotable dilema vital sirven como trama principal –no tan protagonista– de los 13 capítulos.

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Piper se enfrenta a su peor enemigo: la condicional. | Foto: Netflix

Otra novedad es la localización de las tramas. En OITNB hemos visto cómo es una prisión de seguridad mínima, una de seguridad máxima y esta vez vemos cómo es un centro de detención y deportación de inmigrantes en situación irregular, conformando uno de los argumentos más políticos de la serie. En plena polémica por las condiciones de inseguridad y hacinamiento en los centros para migrantes de la frontera sur de Estados Unidos y por la severa política migratoria de la administración de Donald Trump, esta última temporada pone rostro a un drama que no se debe ignorar.

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El centro de detención y deportación de migrantes de 'OITNB'. | Foto: Netflix

Personajes tan queridos como el de Maritza (Diane Guerrero) o Blanca (Laura Gómez) sufren en sus propias carnes el maltrato de los agentes del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos) y las condiciones nefastas propias de estos centros. Madres separadas de sus hijos, juicios a niños pequeños, denegación del derecho a la defensa... Las vulneraciones de Derechos Humanos que retrata la última temporada de Orange is the new black son muchas y ponen en la diana al mismísimo presidente de la primera potencia mundial.

La denuncia política centra la trama de la última remesa de capítulos de la serie, aunque no es la única. Hay un concepto que gira en torno a toda la temporada: el perdón. El perdón de los demás, de nuestras víctimas, el perdón de uno mismo. Hasta el propio Joe Caputo (Nick Sandow) debe enfrentarse a lo que fue en su día, un acosador sexual, en recuerdo y reconocimiento de las víctimas del movimiento #MeToo. Perdonarse es un cierre perfecto a los seis años de OITNB, que habla de nuestra condición errática como seres humanos. Pero no fallan solo las convictas al delinquir, falla el sistema al dejarlas de lado, fallan los guardias y su corrupción. Fallamos todos, a fin de cuentas. También nos perdonamos todos.

Otro elemento que, aunque esté presente durante toda la serie, cobra especial importancia en la séptima y última temporada es la salud mental. A través de los ojos de Suzanne –a quien conocimos como Crazy eyes– hemos empatizado con un personaje que sufre uno de los mayores tabúes de nuestra sociedad, la enfermedad mental. En esta temporada, se llega incluso a cerrar el área de psiquiatría de la prisión para ahorrar unos dólares, provocando que las reclusas con enfermedades mentales tengan que convivir con el resto.

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Suzanne y Doggett, un personaje al que al fin aprendemos a querer. | Foto: Netflix

Tanto la denuncia política, como el concepto del perdón y el de la salud mental nos enfrentan ante el debate que deben suscitar las buenas ficciones. Las numerosas historias que relata OITNB son, aunque basadas en hechos reales, ficción. Una ficción que no es superflua, que no es en balde. Una ficción verosímil. Puede que no sea la mejor serie de todos los tiempos, pero OITNB nos representa, lo ha hecho durante los últimos seis años. Ya no lo podrá hacer pero siempre quedará en nuestra memoria como serie pionera y en el Poussey Washington Fund –en recuerdo al querido personaje fallecido en la cuarta temporada–, un fondo para la rehabilitación de reclusas. Ficción y realidad, siempre tan cerca en Orange Is the New Black.

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