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Análisis

Caza de brujas en el PSOE: Sánchez busca al «filtrador» de las imágenes del Comité Federal

Ábalos quería chantajear a Sánchez con sacar a la luz los vídeos de TO a cambio de una rebaja de penas de la Fiscalía

Caza de brujas en el PSOE: Sánchez busca al «filtrador» de las imágenes del Comité Federal

Pendrive con los vídeos del PSOE. | TO

El estado anímico del PSOE esta semana es de «conmoción». Los vídeos exclusivos de THE OBJECTIVE, en el marco de la investigación para el libro Todos los hombres de Sánchez (Editorial Deusto) han generado un «bochorno absoluto» en los círculos gubernamentales y socialistas. Después de tumbar el mito fundacional del Peugeot, se cae el de la democracia interna, el del primer secretario general elegido por la militancia que presumía de limpieza y épica frente al todopoderoso aparato de Ferraz. El silencio público es sinónimo de su desolación en privado, donde todos se lamentan: «Se nos caen todos nuestros mitos: el de la militancia y la vida orgánica». En la concepción familiar, gregaria y casi religiosa del partido socialista, «un intento de pucherazo interno es casi peor que un caso de corrupción», en el que se puede recurrir al clásico de la cesta y la manzana podrida, y «nos deja mucho peor que el dedazo del PP».

El Pedro Sánchez de 2016 retrata al secretario general que, apenas dos años después de su primera elección, fue capaz de intentar colocar una urna «de tapadillo» en un cuarto oscuro para una votación clandestina, sin censo ni garantías democráticas. El intento de «pucherazo» era evidente. Durante años se dijo incluso que la urna había irrumpido con varias papeletas en favor de Sánchez, las mismas maniobras que utilizaron Koldo García y Santos Cerdán en las primarias de 2014, que ganó Sánchez, colocando «dos papeletas más cuando nadie te vea», como se recoge en los informes de la UCO.

Sin embargo, lo que parece percibirse en la imagen de esta grabación inédita es que la urna de metacrilato estaba vacía. Lo que cuentan fuentes cercanas al susanismo es que, una vez iniciada la votación fraudulenta, hubo un momento en que Pedro Sánchez llamó a Susana Díaz detrás de la pared para negociar, y allí la urna disponía ya de media docena de votos, sin interventores que acreditaran quién había votado ni cuántas veces, lo que hizo pensar a los críticos que se estaba perpetrando un pucherazo en toda regla que era imperativo frenar. La sospecha de un gran número de dirigentes del PSOE es que los sanchistas habían introducido unas papeletas más, en la penumbra de ese cuartucho, donde nadie les veía. Y aunque nadie pudo demostrarlo, las revelaciones de la UCO diez años después permitieron encajar muchas piezas mentales.

«Sólo Pedro y Ábalos tenían el pendrive»

Por ello, sacar a la luz estas imágenes, guardadas en la penumbra del más recóndito cuarto oscuro de Ferraz durante una década, tiene tanta relevancia informativa. Cuentan en el entorno de José Luis Ábalos que «sólo Pedro y Ábalos tenían ese pendrive» y que lo obtuvieron siete meses después de ganar por segunda vez las primarias, en julio de 2017, tras la ‘Reconquista del PSOE’. La noche de autos (1 de octubre de 2016), no fue posible obtenerlas porque la derrota en la votación, la automática dimisión de Sánchez y la inmediata votación de la comisión gestora no hizo posible acceder al departamento audiovisual donde se grabaron para obtener los archivos. De hecho, en esa sala de la primera planta de Ferraz se seguía grabando lo que ocurría en la planta menos 1 de la sede socialista, la Ramón Rubial, mientras un Pedro Sánchez noqueado recogía su despacho y comparecía ante la prensa para anunciar su dimisión.

Siete meses después, el recién elegido secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, -en sustitución de César Luena, que había cambiado de bando apoyando a Patxi López-, se hizo con el material que ha permanecido diez años custodiado. Obviamente, no era el único que tenía esa memoria USB. También cuentan que Ábalos, el primero que se acerca a abrazar a Pedro Sánchez tras su dimisión esa misma noche, es el principal damnificado de la publicación de estas imágenes, después de Pedro Sánchez. Porque el exministro, que declarará el próximo miércoles en el Tribunal Supremo y para quien la Fiscalía pide 24 años de cárcel, pretendía utilizar este material para «negociar con Sánchez» una rebaja de las penas. Traducido: Ábalos quería chantajear a Sánchez con sacar a la luz estos vídeos a cambio de un trato favorable del Ministerio Público en el primero de los juicios de corrupción que afrontará en los próximos años. Hasta este punto son importantes estas imágenes y hasta ese punto el presidente del Gobierno y secretario general del PSOE es consciente del daño que le hacen a la organización.

Precisamente por ello, «anda Pedro Sánchez como loco buscando al filtrador» y ha iniciado una «caza de brujas» en el PSOE para encontrar al «topo». Porque si algo obsesiona y desquicia al presidente del Gobierno son las fugas de información. En numerables ocasiones ha sentado a sus colaboradores y dirigentes para someterles a un tercer grado sobre sus conversaciones. Ministros y diputados otean con qué periodistas hablan sus compañeros, y en ocasiones se atreven incluso, a mirar por encima del hombro los móviles de sus vecinos para saber con quién habla su compañero de bancada. El PSOE se ha convertido en un gran hermano y lo que ahora centra el objetivo es el personaje oculto que me entregó ese del pendrive.

«Cerdán está hasta los cojones de que le hayan dejado solo»

Es interesante saber los personajes sobre los que recae la sombra de sospecha. Me preguntan insistentemente por el círculo más estrecho de Moncloa; por Ábalos, que «obviamente no te va a contar eso a ti, ¿no?», dicen urgiendo un desmentido; e incluso por Santos Cerdán, quien últimamente «está hasta los cojones de que le hayan dejado sólo». La sombra de sospecha sobre Ábalos, Cerdán y Moncloa, sumada a la estrategia de la defensa de Koldo García, que ha revelado facturas desconocidas que descuadran las cuentas de la gerencia del PSOE y las entregadas al Tribunal de Cuentas, anticipan movimientos interesantes de cara al próximo miércoles.

Obviamente, un periodista no debe revelar sus fuentes, con las que se establece un pacto mutuo de lealtad y honestidad. Y por ello, nunca revelaré el nombre de la persona que me entregó el pendrive, cuya identidad siempre permanecerá oculta, por mucho que busque Pedro Sánchez. Sin embargo, es importante tener en cuenta que el secreto profesional es un derecho que ampara al periodista para proteger a su fuente, aunque también tiene sus límites, o debería tenerlos. Sólo tiene sentido cuando permite al periodista aflorar la verdad, y no encubrirla. Ya entenderán por qué lo digo…

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