The Objective
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Así fue la dimisión de Pedro Sánchez en el Comité Federal de 2016: «Vamos a ser leales»

José Luis Ábalos fue el primero en abrazar al líder del PSOE tras su destitución como secretario general

Nunca antes se había visto el discurso con el que Pedro Sánchez se despidió de su partido tras ser depuesto como secretario general del PSOE en el Comité Federal del 1 de octubre de 2016. A diferencia de su imagen rota al entregar su acta de diputado, semanas después, en esta ocasión compareció tranquilo, casi inmutable, pese a la batalla de más de 12 horas que se libró en Ferraz y que culminó con su derrota en la votación del máximo órgano entre congresos. Los vídeos exclusivos que revela THE OBJECTIVE con motivo de la publicación del libro Todos los hombres de Sánchez (Editorial Deusto) muestran a un Pedro Sánchez aparentemente impasible, a quien no pareció afectarle en exceso el desgarro vivido en el interior de la sala Ramón Rubial. Tras el intento de «pucherazo» con la urna escondida en un «cuartucho», las lágrimas de Susana Díaz y el enfrentamiento físico de algunos de los presentes, el líder del PSOE tomó la palabra tras una conversación con su jefe de gabinete, Juanma Serrano.

Consumada la derrota, Serrano se acercó a la mesa de la dirección federal y, poniéndose delante de él para que nadie les leyera los labios, le preguntó: «¿Qué hacemos?». Sánchez le contestó: «Juanma, nos vamos. No merece la pena. Si lo que quieren es que me vaya, me voy». El hombre de confianza de Sánchez, el primero que le apoyó en su carrera a las primarias en 2013 y el propietario del Mercedes GLC negro con el que posteriormente recorrió España, puso la decisión en conocimiento de la presidenta de la Mesa del Comité Federal, Verónica Pérez, la «autoridad del PSOE» que se encargó de darle la última palabra para anunciar su dimisión, justo después de proclamar el resultado de la votación: 133 en contra, 107 a favor.

«Hemos vivido una situación muy tensa hoy»

«Compañeros y compañeras, hemos tenido un comité federal muy tenso. Ha habido momentos dramáticos. Me decía un compañero con mucha experiencia en comités federales y con muchos años de militancia a sus espaldas que había visto a compañeros llorar, y no lágrimas de cocodrilo, sino llorar, porque todos hemos vivido una situación muy tensa en el día de hoy». Sin embargo, el líder del PSOE no derramó ese día una sola lágrima y se mantuvo firme, con rictus serio y actitud desafiante, durante los momentos álgidos de la lucha entre sanchistas y susanistas. Con cabeza fría y mente lúcida, explicó que la propuesta que había hecho al Comité Federal pretendía dirimir «dos debates en la organización», sobre el voto a la investidura de Mariano Rajoy y su propia continuidad; y su convicción de que tendrían que pronunciarse los militantes.

Tras una semana de presiones cruzadas entre oficialistas y críticos, Sánchez lanzó un dardo envenenado a Susana Díaz, denunciando que «el cuestionamiento de esta ejecutiva federal y en primera persona del secretario general del PSOE viene de largo», desde los primeros meses en que ejerció como secretario general, gracias al apoyo de la baronesa andaluza para frustrar la victoria de Eduardo Madina. «Así lo he sentido y así lo he sufrido y quiero expresarlo al conjunto del comité federal», manifestó sin mirar en ningún momento a Díaz, la victoriosa presidenta andaluza —sentada en primera fila junto al resto de barones socialistas (Ximo Puig, Javier Lambán, Emiliano García-Page y Javier Fernández)— que se cobró una pieza de caza mayor en ese cónclave de Puerto Hurraco, por lo que le haría pagar Sánchez tras ganar las primarias en julio de 2017.

«Quiero anunciaros mi dimisión»

El segundo tema que quería abordar Sánchez era «la posición política» del PSOE en la investidura de Mariano Rajoy, cuya posición —el ‘no es no’— era inamovible. Por ello, renunció al acta de diputado semanas después (el 29 de octubre), para no acatar la decisión mayoritaria de la comisión gestora. El dimisionario líder del PSOE manifestó su convicción: «Lo peor para el PSOE ya ha ocurrido y la tormenta perfecta que llevamos viviendo en estos dos años y medio como consecuencia de la aparición de nuevos partidos políticos, hemos pasado lo peor y tenemos la oportunidad de reconstruir la organización para volver a ser el partido en el que todos nos afiliamos». Un discurso con una referencia a la militancia del partido que, a su juicio, debe pronunciarse sobre estos dos debates: el liderazgo y la posición política sobre la investidura: «Tiempo había y tiempo hay, pero las posiciones políticas de compañeros y compañeras lo hicieron imposible».

«En todo caso, quiero deciros que para mí ha sido un orgullo ser el secretario general del PSOE y quiero anunciaros a todos vosotros y a todas vosotras mi dimisión desde el día de hoy como secretario general del Partido Socialista. Ha sido un honor serlo. Creo que esta es la organización que necesita nuestro país para transformarse, para cambiar y, desde luego, para liderar la izquierda en nuestro país. Espero todo el acierto del mundo a los compañeros que me vayan a sustituir, a toda la ejecutiva federal en funciones. Y quiero agradeceros en nombre de todos el trabajo realizado en estos meses/años intensos; y que sepáis que todos los que componemos esta ejecutiva ya dimitida vamos a estar a las órdenes de manera leal de la gestora que se va a poner en marcha. Sin más, compañeros y compañeras, es un orgullo ser militante del Partido Socialista Obrero Español»

Pedro Sánchez se puso en pie, se abrazó con César Luena, se despidió de los tres miembros de la mesa (Rodolfo Ares, Verónica Pérez y Nuria Marín) y cruzó el pasillo central de la Sala Ramón Rubial, seguido de su número dos, César Luena, y de Adriana Lastra. Los 253 miembros natos del Comité Federal se levantaron y aplaudieron. No eran aplausos de celebración ni de admiración. Según las fuentes presenciales consultadas, fue «una muestra de respeto hacia un secretario general, fuera quien fuera», si bien la mayoría lo recuerda como una breve despedida fúnebre. La primera persona a quien se cruzó en el pasillo fue José Luis Ábalos, quien le besó y le abrazó en señal de apoyo. Era el principio de una amistad que comenzó a fraguar meses después la «reconquista de Ferraz». Sánchez no había salido aún por la puerta cuando «empezaron con los vítores, a la andaluza, sin miramientos».

Viaje a EEUU

Sánchez subió a la cuarta planta, junto a su equipo más cercano. Estaba «más entero de lo que cabía esperar», según sus fieles, porque «se había quitado un peso de encima» tras más de 12 horas de desgarro interno en la reunión del máximo órgano entre congresos. Quienes le conocen bien sostienen que lo duro llegó después, cuando recogió sus cosas y se marchó para no volver hasta siete meses después, con la victoria de sus segundas primarias. Compareció ante los medios, sin aceptar preguntas, para explicar que no podía «administrar una decisión que no compartía» en torno a la abstención a un Gobierno del PP: «Mis padres me enseñaron que lo más importante es sostener la palabra. Esa es mi palabra». Pedro Sánchez abandonó Ferraz, se subió a su coche y se marchó a casa. Durante el trayecto, recibió la llamada del presidente cántabro, Miguel Ángel Revilla, a quien anunció que se iba a volver a presentar. Sin embargo, al día siguiente, llamó por teléfono a su ya exjefe de gabinete y, con un tono sereno y sin dramatismos, le transmitió sus dudas: «No sé qué hacer. No sé si buscarme la vida, si dedicarme a otras cosas… Quizá lo dejamos y ya está».

Todos sus colaboradores más cercanos explican que su decisión en aquel momento era no concurrir a las primarias. Sánchez estaba abatido y necesitaba descomprimirse. A la semana de ser depuesto por el Comité Federal, Sánchez se fue de viaje con su mujer y sus hijas a Estados Unidos. Tomaron un vuelo a Los Ángeles, con la intención de ir a San Francisco a visitar al que era su mejor amigo desde el colegio, el Ramiro de Maeztu de Madrid, y que llevaba varios años viviendo en Estados Unidos. Se trataba de Iñaqui Carnicero, que pasaría en junio de 2020 a ocupar un alto cargo del Gobierno, primero como director general del Ministerio de Agricultura y Agenda Urbana —dependiente de José Luis Ábalos— y, después, en febrero de 2023, como secretario general de Agenda Urbana, Vivienda y Arquitectura. La esposa de Carnicero también fue contratada por una empresa pública adscrita al ministerio de Ábalos el mismo año de su retorno a España. Fue entonces cuando «cambió el chip» y empezó a pensar en «la reconquista del PSOE».

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