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Síndrome del impostor: incluso Neil Armstrong creyó ser un fraude

Cuenta el escritor Neil Gainman una anécdota curiosa. Estaba él en una convención de tres días rodeado de artistas y científicos, encogido entre tanta eminencia, cuando se encontró a Neil Armstrong. El primer hombre que pisó la luna era discreto y calmado y estaba al final de la sala sin molestar a nadie cuando Gainman se le acercó. Conversaron y Armstrong terminó por hacerle una confesión; levantó un dedo, apuntó hacia la sala y dijo: “Veo a todas estas personas y pienso: ‘¿Qué demonios estoy haciendo aquí?’. Todos ellos han realizado cosas asombrosas. Yo simplemente fui adonde me enviaron”. Gainman quedó sorprendido y le respondió: “Sí, pero tú fuiste el primer hombre en llegar a la luna, y eso tiene su importancia”.

Síndrome del impostor: incluso Neil Armstrong creyó ser un fraude

Cuenta el escritor Neil Gaiman en su blog una anécdota curiosa. Estaba en una convención de tres días rodeado de artistas y científicos, encogido entre tanta eminencia, cuando se encontró a Neil Armstrong. El primer hombre que pisó la luna era discreto y calmado y estaba al final de la sala sin molestar a nadie cuando Gainman se acercó. Conversaron y Armstrong terminó por hacerle una confesión; levantó un dedo, apuntó hacia la sala y dijo: “Veo a todas estas personas y pienso: ‘¿Qué demonios estoy haciendo aquí?’. Todos ellos han realizado cosas asombrosas. Yo simplemente fui adonde me enviaron”. Gainman quedó sorprendido y le respondió: “Sí, pero tú fuiste el primer hombre en llegar a la Luna, y eso tiene su importancia”.

Ese sentimiento de insatisfacción, esa incapacidad para valorar los logros propios y ensalzar los ajenos, es conocido como el síndrome del impostor y siete de cada diez personas lo han experimentado, al menos, en una ocasión a lo largo de su vida. Quienes lo padecen «tienen la sensación de no estar nunca a la altura; de no ser lo suficientemente buenos, competentes o capaces; de ser impostores, un fraude», resume la bióloga Aida Baida Gil a la BBC.

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El síndrome impide a quienes lo padecen disfrutar de sus propios logros. | Foto: Bret Hartman/AP Photo

 

La científica decidió investigar el trastorno después de haberlo padecido durante toda su carrera; tenía éxito y reconocimiento y, sin embargo, se sentía incompleta, llegando a creer que todos sus logros, nunca sus fracasos, se debían a golpes de fortuna. “Nunca lo achacas a tu inteligencia, sino a factores externos o al hecho de que hayas tenido que trabajar muy duro para lograrlo», concluye.

«Este síndrome es mi vida. Creo que tengo mi trabajo por casualidad y que no tengo ni idea de lo que estoy haciendo»

Además, este trastorno tiene otras implicaciones. Porque haciendo honor al sentimiento de fraude, de ser un impostor, convive con el miedo a quedar retratado y en entredicho. Al menos así lo interpreta la consultora Sandra Marín en el diario ABC: “El síndrome del impostor hace a quien lo padece tener miedo de no estar a la altura y no merecer el cargo que ostenta, pues piensa que cualquiera lo hará mejor. Por ello, en todo momento les invade el temor a ser descubiertos en su supuesta ignorancia”.

Existe un componente de inseguridad y falta de autoestima en el emerger de este síndrome, de marcarse unos objetivos complicados y excesivos que acaban minando la moral de cualquiera. Con todo, la calidad del entorno de una persona resalta como un factor decisivo: rodearse de pesimistas, no hacer otra cosa que escuchar comentarios negativos, conduce hacia el afloramiento del síndrome.

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Los ambientes tóxicos y los comentarios pesimistas son dos de los factores más determinantes en el desarrollo del síndrome. | Foto: Altaf Qadri/AP Photo

En redes sociales como Reddit, las conversaciones sobre patologías son más o menos comunes y los usuarios no dudan en compartir sus experiencias. Uno de ellos, por ejemplo, ha escrito un mensaje que es especialmente trágico: “Este síndrome es mi vida. Creo que tengo mi trabajo por casualidad y que no tengo ni idea de lo que estoy haciendo y que nadie sabe todavía lo incompetente que soy en realidad. ¿Habrá personas realmente excelentes en sus trabajos que también se sientan de esta manera?”. Otro hombre comenta que para él mantener el trabajo, después de tres meses, es como un logro: “Me pregunto si no será una broma”.

En este sentido, algunos terapeutas se asoman a estas páginas para dar su apoyo, su comprensión y sus consejos. Uno de ellos explica que muchos de sus pacientes guardan en común una preocupación excesiva por la aceptación social. “Muchos se preocupan de lo que otras personas piensan de ellos”, dice. “Esto genera mucha ansiedad y la verdad es que nadie está prestando tanta atención sobre ellos porque lo que la gente suele hacer es centrarse en sí misma”.

 

Cómo sobreponerse al síndrome

En cualquier caso, los expertos coinciden en que la vía más efectiva -y escabrosa- para superar este síndrome parte de la autoaceptación, y esta parece una cima muy alta cuando la autoestima está por los suelos.

Si sospechas que puedes estar sufriendo esta patología, existe un test que te ayuda a averiguarlo.

Si sabes a ciencia cierta que lo padeces, la coach Virginia Jiménez da una serie de consejos para sobreponerse:

  1. Haz tu propia definición del éxito. Esto incluye la vida personal y la profesional y permite que la ansiedad de unas metas desproporcionadas desaparezca.
  2. Convierte los pensamientos negativos en positivos. Los malos pensamientos son el mayor obstáculo en la vida. Una forma de llevar a cabo esta transición se fundamenta en mostrar gratitud hacia los demás y con uno mismo.
  3. Establece expectativas razonables. Superar objetivos más alcanzables nos dará la energía necesaria para hacer las cosas sin tantas tensiones innecesarias, disfrutando del recorrido.
  4. Concéntrate en aprender de los fracasos. Cuando se falla, no hay que darse por vencido. Escribir un diario de errores es de gran utilidad para ser consciente de ellos y asegurarse de que no se repitan.
  5. Deja de compararte con los demás. Construye tu propio éxito, olvídate del ajeno.
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