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Las ratas nos dicen mucho sobre el sonido de nuestros orgasmos

Las ratas de laboratorio nos podrían ayudar a desvelar el comportamiento de los humanos durante un orgasmo. Parece que sus patrones son similares a los nuestros.

Las ratas nos dicen mucho sobre el sonido de nuestros orgasmos

Los mecanismos fisiológicos que hacen posible la conducta sexual en las ratas y los humanos son prácticamente dos gotas de agua. Los científicos se preguntan si esto podría aplicarse a los orgasmos. De hecho, gran parte de lo que sabemos sobre lo que sucede en nuestro cerebro durante el orgasmo proviene del estudio en ratas de laboratorio.

Si bien las incógnitas respecto a lo que ocurre en nuestro cerebro durante el orgasmo siguen siendo mayoría frente a las certezas, décadas de investigación científica han ayudado a desentrañar algunos de sus secretos.

En nuestro laboratorio, dirigido por James Pfaus en el Centro de Investigaciones Cerebrales (Xalapa, México) y la Universidad de Concordia (Montreal, Canadá), los animales nos ayudan a comprender mejor qué son y cómo ocurren los orgasmos.

Al llevar a cabo esta investigación, esperamos comprender mejor los mecanismos cerebrales que explican el porqué nos sentimos atraídos por ciertas personas, o cómo ciertos aromas o lugares pueden evocar excitación sexual. ¿Cómo puede pasar esto sin que nos demos cuenta? ¿Y si los sonidos que hacemos durante el sexo significan algo?

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Foto: Emiliano Vittoriosi | Unsplash

¿Qué es científicamente un orgasmo?

La mayor dificultad para estudiar los orgasmos en los animales es la naturaleza subjetiva de dicha experiencia. Claramente, no podemos preguntar a los animales si tuvieron o no un orgasmo tras practicar sexo.

Sin embargo, cuando se trata de orgasmos, para nosotros es difícil perderse: cada uno sabe cuándo tiene uno.

Pero, ¿cómo se define científicamente un orgasmo? La mayoría de las definiciones se refieren a las sensaciones fisiológicas y los atributos emocionales que convergen en un período de relajación y éxtasis. Más específicamente, una de las definiciones más aceptadas describe los orgasmos como la liberación de la “tensión sexual” acumulada a través de la estimulación sexual.

Una representación de vocalizaciones ultrasónicas de una mujer en respuesta a la estimulación del clítoris. Los diferentes patrones que se muestran están asociados con efectos positivos.

Un error frecuente es suponer que los orgasmos coinciden con la eyaculación. Si bien ambos coinciden en los hombres (aunque algunos no eyaculan durante el orgasmo), este no suele ser el caso de las mujeres (aunque en algunas ocasiones las mujeres sí eyaculan durante el orgasmo).

Sin embargo, hasta la fecha, solo hay una manera de saber si alguien está teniendo un orgasmo: a través de las contracciones de los músculos pélvicos. La evidencia demuestra que las contracciones que ocurren en el momento del orgasmo son diferentes, involuntarias y prácticamente imposibles de fingir.

No obstante, el componente subjetivo es crucial. El mejor orgasmo de una persona puede ser uno regular para otra y la estimulación requerida para inducir un orgasmo varía enormemente de persona a persona a raíz de las diferencias genéticas y ambientales. Esto hace que los experimentos sean difíciles de realizar en humanos.

Por su parte, los instrumentos psicológicos estandarizados que evalúan la intensidad y la frecuencia del orgasmo conllevan los mismos problemas que afectan a todos los estudios de autorreporte (un método de recogida de datos en el que la fuente de información es el mensaje verbal del sujeto sobre sí mismo), como la mentira o la falta de una comprensión adecuada de los propios estados subjetivos, que varían de cultura a cultura.

En síntesis, con un solo un biomarcador del orgasmo, sin una técnica de imagen cerebral confiable que pueda elucidar los mecanismos bioquímicos y las ‘arenas movedizas’ de las experiencias subjetivas en la investigación del orgasmo en los humanos; los neurocientíficos nos vemos de manos atadas.

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Foto: Alejandra Quiroz | Unsplash

El modelo animal al rescate

En machos de diferentes especies, la eyaculación es sinónimo de clímax sexual. Del mismo modo, las hembras pueden experimentar tensión o contracciones uterinas y musculares rítmicas. Si bien no podemos asumir que los animales experimentan orgasmos, tal vez podríamos dilucidar si fisiológicamente el animal tuvo uno.

¿Qué pasaría si pudiéramos encontrar comportamientos análogos entre humanos y otros animales que nos permitan inferir los orgasmos de estos últimos?

Los investigadores que intentan cerrar esta brecha entre humanos y animales han sugerido tres características generales del orgasmo humano que podríamos evaluar en animales y comparar con humanos:

  1. Cambios fisiológicos.
  2. Comportamientos a corto plazo.
  3. Comportamientos a largo plazo.

Entonces, ¿cómo se pueden aplicar estos criterios a las ratas?

1. Cambios fisiológicos: luchar, huir o aparearse

Tanto los humanos como las ratas experimentan muchos cambios fisiológicos antes, durante y después del sexo. En respuesta, nuestros cuerpos se preparan para luchar, huir o fornicar.

Las ratas tienen reacciones fisiológicas similares a los humanos cuando se trata de la estimulación sexual que usualmente lleva a un orgasmo. Cuando la estimulación es de índole sexual, fisiológicamente hablando, los humanos también experimentan un aumento de la excitación fisiológica, el flujo de sangre a los genitales y la contracción muscular.

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Foto: Francois Mori | AP

2. Comportamientos a corto plazo: ellas toman la iniciativa

En el mundo sexual de la rata, las hembras “coquetean” proactivamente con los machos. La hembra elige qué macho atraer y cuándo. Ella anima proactivamente al macho a perseguirla corriendo hacia él y luego girando bruscamente para huir. Ella arquea el lomo cuando el macho la coge entre sus patas para invitar a la consumación.

Este ciclo se repite hasta que el macho eyacula. A veces, los machos pueden llegar incluso a quedarse dormidos. Sin embargo, para encender de nuevo la llama, la hembra salta alrededor del macho mostrando su interés por reanudar.

A lo largo de esta maratón sexual, el macho y la hembra emiten sonidos, quizá “quejidos”, en un rango de sonido que los humanos no podemos escuchar. Usando equipos de grabación especiales, podemos grabar y analizar estos sonidos en su rango de frecuencia. Estos sonidos emitidos por el macho son particularmente largos y distintivos cuando eyaculan; esto nos hace pensar que dichos sonidos están conectados a la eyaculación y, posiblemente, a los orgasmos.

Los sonidos femeninos son diferentes: son más variados y esparcidos durante el acto. Nada en sus sonidos nos indica una conexión a un posible orgasmo.

3. Cambios a largo plazo: preferencias sexuales

Las ratas macho y hembra poseen mecanismos de aprendizaje similares a los nuestros. Por ejemplo, después de experiencias sexuales repetitivas con parejas que tienen olor a almendra, tanto las ratas macho como las hembras tienden a preferir una pareja que huela a almendra sobre otras posibles parejas sexuales.

Las ratas y otros animales son conscientes de los estímulos sexuales dirigidos a ellos, por lo cual tratan de maximizar la recompensa. Es decir, ellos prefieren aquellas claves que les recuerdan experiencias gratificantes. Pero una vez que saltamos al mundo de las experiencias subjetivas, los científicos navegan en un mar de aguas poco fiables.

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Foto: Jan Zhukov | AP

Lecciones de animales para humanos

Durante un orgasmo (un estado altamente gratificante) es probable que el cerebro de los humanos asocie su entorno de una forma positiva; nuestro cerebro retiene dichas claves haciéndonos recordarlas y asociarlas con esas placenteras sensaciones. Esto ocurre muy rápidamente y sin darnos cuenta cuando tenemos sexo, ya sea con el lugar donde ocurre, la persona con quien estamos, la hora, y cualquier otra clave del contexto. La clave que más se asocia con el placer sexual puede variar dependiendo de la persona.

Por ejemplo, cuando uno huele el perfume de una expareja, el cerebro rápidamente nos recuerda los eventos más sobresalientes (como la intimidad sexual) y comenzará a “echar a andar la máquina”, a veces sin darnos cuenta.

Estos mecanismos de aprendizaje pueden configurar nuestras preferencias por quien nos sentimos atraídos sexualmente, incluso lugares u objetos, influenciando a la larga con quién, cómo, cuándo y dónde escogemos tener relaciones sexuales.

Un modelo animal para el estudio de los orgasmos puede permitir a los científicos explorar las razones por las que algunas personas tienen dificultades para alcanzar el orgasmo e identificar posibles intervenciones conductuales y farmacológicas que puedan aliviar estas dificultades. A un nivel más fundamental, la comprensión de los orgasmos animales puede arrojar algo de luz sobre lo que sucede en el cerebro humano durante un orgasmo.

Con nuestras técnicas de investigación actuales nunca podremos evaluar objetivamente un estado subjetivo en una rata. Pero al combinar estos tres factores ya mencionados, podemos encontrar algunas pistas relacionadas con los orgasmos, y estamos empezando a notar estos patrones sexuales en ratas. ¡Y ese es un buen comienzo!The Conversation


Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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