El pueblo de la infancia de Irene Montero a dos horas de Madrid y con 35 habitantes: «Allí viví muchas primeras veces»
El padre de la exministra, Clemente, nació en un pequeño pueblo de Ávila rodeado de mucha naturaleza

Irene Montero, en una imagen de archivo. | Gtres
Irene Montero es un de los rostros más conocidos de la política de nuestro país. La que fuera ministra del Gobierno creció y ha vivido toda su vida en Madrid —aunque ahora, por su rutina laboral, tiene que pasar largas temporadas en Europa—. Lo hizo entre los barrios de Moralataz, Ciudad Lineal y La Elipa, donde comenzó a surgir su inquietud política. Sus veranos son los momentos que más recuerda con cariño, sobre todo por veranear en un lugar que le marcó para siempre; un pequeño pueblo de Ávila hasta donde le llevaban sus padres, cuando trabajaban en la temporada estival, para estar junto a sus abuelos.
Irene recuerda con mucho cariño ese lugar, situado a unas dos horas y media de Madrid, y donde vivió «muchas primeras veces». «Los veranos los pasaba allí enteros en casa de mis abuelos, he pasado allí mi infancia y era una maravilla», ha contado en alguna que otra ocasión. «Una vez que tenía cumplida esa responsabilidad [los estudios], a disfrutar», apunta, resaltando que, a pesar de tener mucho tiempo libre, también sabia responsabilizarse de sus obligaciones.
El pueblo de la infancia de Irene Montero
Así, Irene pasó sus veranos en la localidad de Tormellas, un municipio muy pequeño situado en la vertiente norte de la Sierra de Gredos, cerca del valle del Jerte. Es el típico pueblo de montaña castellano, con casas de piedra y una población que apenas supera los 40 habitantes censados —aunque aumenta en verano—. Su padre, Clemente Montero —quien murió en 2018—, era natural de allí. De él heredó Irene una casa en el pueblo que ha sido objeto de atención mediática en diversas ocasiones. Montero ha hablado de Tormellas para reivindicar sus orígenes de clase trabajadora y su conexión con el campo, alejándose de la imagen puramente urbanita de Madrid.
Para la exministra, este pueblo no es solo un lugar de vacaciones, sino un símbolo de memorias familiar. Es el lugar donde se crió su padre y donde ella pasó veranos y festivos, conectando con un estilo de vida austero y comunitario. A diferencia de su vida en Galapagar o su actividad en Europa, Tormellas ha sido históricamente su lugar de desconexión, lejos de los focos. También, representa el paso de una familia que migró del campo a la ciudad (Madrid) en busca de oportunidades, una historia común a millones de españoles durante el siglo XX. Tormellas pertenece a la comarca de El Barco de Ávila. Es una zona conocida por sus judías (con Denominación de Origen) y por un paisaje espectacular de gargantas de agua cristalina y robledales, un entorno que ella ha descrito en ocasiones con nostalgia en sus redes sociales.
Tormellas, una pequeña localidad de pocos habitantes
Tormellas se encuentra a unos 1.000 metros de altitud, en la vertiente sur de la Sierra de Gredos. Su territorio es montañoso y está profundamente marcado por el agua. La garganta de los Caballeros es el alma del pueblo. Es una corriente de agua cristalina que baja directamente de las cumbres de Gredos. En verano, los alrededores se llenan de gente que acude a sus piscinas naturales, como el Charco de los Mozos. Por su parte, Navamures se trata de una pequeña pedanía que pertenece al municipio, situada apenas a un par de kilómetros, manteniendo esa estética de piedra y pizarra típica de la zona.
Se trata de uno de los municipios menos poblados de la provincia. Según los datos más recientes (2025/2026), cuenta con apenas 35 habitantes censados. La mayoría son personas de edad avanzada, aunque en periodos de vacaciones y verano la población se multiplica por diez debido al turismo rural y a los hijos del pueblo que regresan. Tradicionalmente ha sido un pueblo de ganadería (vacuno) y agricultura de subsistencia, aunque hoy vive principalmente del sector servicios ligado al turismo de naturaleza. A pesar de su tamaño conserva varios elementos arquitectónicos con mucha historia. La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción es una construcción del siglo XVIII, sencilla pero robusta, que preside la vida del pueblo.
El puente romano fue reformado en el siglo XVII, sigue siendo un punto emblemático que cruza la garganta y conecta con antiguas rutas de trashumancia. Por su parte, en San Pascual de Tormellas existe una fuerte tradición religiosa local en torno a este santo, de quien se dice que fue amigo de San Pedro del Barco. Recientemente, en 2022, ambos pueblos se hermanaron oficialmente para honrar esta leyenda. La vida social del pueblo alcanza su pico en fechas señaladas. El 15 de agosto se celebran las fiestas patronales en honor a la Virgen de la Asunción. Es el momento de mayor bullicio, con verbenas y actividades para los niños.
Rodeado de casas de adobe, piedra y madera
Pasear por Tormellas es ver casas de piedra, adobe y madera, muchas de ellas con las solanas —balcones de madera orientados al sol— típicas de la arquitectura popular de Gredos. Es un urbanismo de calles estrechas diseñado para protegerse del frío intenso del invierno abulense. Como decíamos, fue su padre, Clemente, quien guió a Irene Montero hasta esta zona de la Península. Su figura es fundamental para entender el discurso político de la exministra, ya que ella lo ha citado en numerosas ocasiones como su principal referente de clase trabajadora y de los valores del esfuerzo.
Clemente murió en junio de 2018 justo en el momento en que su hija asumía un papel protagonista en la política nacional y poco antes del nacimiento de sus nietos mellizos. Así, Clemente era natural de Tormellas, el pequeño pueblo de Ávila del que hablamos antes. Representó a esa generación que formó parte del éxodo rural en España durante el siglo XX. Trabajó durante la mayor parte de su vida como empleado de mudanzas. Irene ha recordado a menudo el esfuerzo físico de su padre, describiéndolo como un hombre que «se partió el lomo» para que ella pudiera estudiar y tener oportunidades que él no tuvo.
Su padre, Clemente, nació allí
Fue una figura clave en el fomento de la educación de Irene. A pesar de sus ingresos modestos, sus padres hicieron el esfuerzo de llevarla al colegio Siglo XXI, una cooperativa de enseñanza con un modelo pedagógico progresista y laico que marcó profundamente la ideología de la política. Aunque Clemente no era una figura pública ni un militante de primera línea, Irene lo describe como un hombre con una conciencia social muy clara. Tras su fallecimiento en 2018 a causa de una enfermedad, Clemente dejó un legado que se convirtió en objeto de escrutinio público debido a la relevancia de Irene.
La herencia incluyó propiedades en Madrid y su parte de la casa familiar en Tormellas. Irene le dedicó unas emotivas palabras en redes sociales tras su muerte: «Mi padre era un hombre de campo que vino a la ciudad a trabajar… Me enseñó que la política es para que la gente viva mejor».
