Erre, el estudio de arquitectura de la hija de Juan Roig en Valencia: «Lo importante no es el edificio; es lo que pasa dentro»
Amparo es una persona discreta y quien ha participado en la construcción de edificios importantes en la ciudad del Turia

Juan Roig, en una imagen de archivo. | EFE
Juan Roig puso, hace muchísimos años, todos sus esfuerzos en Mercadona. El empresario supo, cuando sus padres abrieron Cárnicas Roig, que su camino estaba en el mundo de la distribución. En todos estos años, y para dinamizar el proyecto y tendiendo una mano a su familia, ha creado un referente dentro de los supermercados, coronándose, además, como una de las personas más ricas de nuestro país. Junto a él también están sus hijas y su mujer, Hortensia Herrero, quienes le han acompañado en este camino al éxito. Aunque eso sí, no todas sus hijas han decidido decantarse por el mundo de la distribución. Amparo se decidió por esa vena artística que lleva su madre y fundó su propio estudio de arquitectura en Valencia, la cuidad que la vio nacer.
Amparo Roig Herrero es la segunda de las cuatro hijas de Juan Roig —presidente de Mercadona— y Hortensia Herrero. A diferencia de su hermana Juana, volcada en el mundo del retail y el e-commerce, Amparo ha consolidado su carrera en el sector creativo y técnico a través de la arquitectura. Amparo es arquitecta por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Valencia (ETSAV). A diferencia del perfil puramente empresarial que se podría esperar de su apellido, ella ha desarrollado una carrera técnica muy sólida.
El estudio de arquitectura de Amparo Roig

De ella, se comenta que es una persona discreta; evita los focos mediáticos y las grandes fiestas sociales. Sus socios destacan su capacidad para ver la viabilidad de los proyectos y su enfoque en la resolución de problemas. Además, se ha consolidado como una persona bastante pragmática que prefiere la utilidad antes que la estética, sobre todo si hablamos de arquitectura. Es socia cofundadora de ERRE Arquitectura junto a Jose Martí y M.ª Ángeles Ros. Lo que empezó como un estudio convencional se ha convertido en un gigante que emplea a más de 40 profesionales.
Se encarga de la gestión estratégica y de asegurar que los proyectos cumplan con los estándares de calidad y funcionalidad que exige el estudio. Aunque el estudio realiza proyectos para el ecosistema Roig —como el Roig Arena o L’Alqueria del Basket—, también compiten en el mercado libre diseñando viviendas de lujo, oficinas para otras empresas y edificios públicos. En todos estos años, y a través de este proyecto, ha demostrado que huye de la arquitectura «de autor» que solo busca la foto bonita. Para ella, un edificio es un fracaso si es estéticamente perfecto pero incómodo para el usuario. No entiende la sostenibilidad como una etiqueta de marketing, sino como el uso inteligente de materiales duraderos y locales que ahorren energía de forma pasiva.
«Lo importante no es el edificio; lo importante es lo que pasa dentro»
Ha aplicado parte de la cultura del esfuerzo y el Modelo de Calidad Total de su familia a la arquitectura: eficiencia, procesos claros y el cliente —es decir, el usuario del edificio— en el centro. Aunque todos los proyectos del estudio son corales, ella ha estado muy involucrada en la rehabilitación del patrimonio. Un ejemplo clave es el Centro de Arte Hortensia Herrero en Valencia. En este proyecto, Amparo tuvo que equilibrar la sensibilidad de restaurar un palacio del siglo XVII con la modernidad necesaria para albergar arte contemporáneo de primer nivel.
Mantiene una vida privada muy protegida. Está casada con Antonio, quien también forma parte del entorno profesional de la familia, y tiene dos hijos. Su estilo de vida en Valencia es el de una profesional de élite pero sin ostentaciones, centrada en su estudio y en el crecimiento urbanístico de su ciudad. Su cartera de proyectos es impresionante por su escala y diversidad. Roig Arena es uno de sus proyectos más ambiciosos. Se trata de un recinto para 18.600 espectadores diseñado para ser el más avanzado de Europa, incluyendo un aparcamiento de 1.200 plazas y un parque público de 20.000 m2. Por su parte, L’Alquería Basket es un referente mundial en instalaciones deportivas, donde el uso de la luz natural y materiales industriales creó un espacio mágico para la cantera del baloncesto.

Además, también ha estado detrás de la modernización de los centros logísticos y las oficinas centrales del grupo Mercadona, aplicando eficiencia energética y metodología BIM —el modelado digital avanzado—. Son pioneros en el uso de la Metodología BIM (Building Information Modeling). No solo dibujan planos, sino que crean gemelos digitales de los edificios para predecir errores, calcular el consumo energético exacto y reducir costes de construcción. En la mayoría de ocasiones que hemos podido ver a Amparo ha sido hablando de su estudio, del que está sumamente orgullosa. «El Roig Arena no es solo un pabellón deportivo; es un proyecto de ciudad. Queremos que sea un dinamizador del barrio y un referente que ponga a Valencia en el mapa de los grandes eventos internacionales», contó.
Sus proyectos más espectaculares en Valencia
Además, ha descrito «la funcionalidad» como «su obsesión». «Hemos diseñado el edificio desde dentro hacia fuera, priorizando que cada espectador, sea cual sea su ubicación, se sienta parte del espectáculo», apostillaron. Además, desde su estudio destacan que entienden «la arquitectura como algo que debe perdurar. En este proyecto buscamos materiales honestos y soluciones técnicas que permitan que el edificio sea eficiente y sostenible a largo plazo». Admitió que liderar un proyecto así es «un reto ilusionante y una gran responsabilidad. Trabajar en un proyecto de esta envergadura te obliga a ser muy riguroso en cada detalle, desde la estructura hasta el último acabado».
Así, Amparo se ha erigido como una de las personas más discretas y herméticas de las cuatro hijas de Juan Roig. A diferencia de otros herederos de grandes fortunas, su vida personal no aparece en la prensa del corazón, sino exclusivamente en publicaciones de arquitectura o economía vinculadas a su trabajo. No tiene redes sociales abiertas al público ni participa en el circuito de influencers o eventos sociales de alta alcurnia, a menos que tengan un fin benéfico o profesional —como los premios Rey Jaime I—. Amparo está casada con Antonio Cabedo, un profesional que también está integrado en el círculo de confianza de la familia Roig. Tienen dos hijos, a quienes mantienen totalmente alejados del foco público. Donde también tiene su despacho de arquitectura.
A diferencia de otros perfiles similares que se mudan a Madrid o al extranjero, las hermanas Roig mantienen un fuerte arraigo a su ciudad natal, donde residen y trabajan. Las cuatro hermanas —Hortensia, Carolina, Amparo y Juana— mantienen una relación muy estrecha y una formación similar en el modelo de la cultura del esfuerzo que su padre ha inculcado en casa. Es común verlas juntas en la inauguración de los proyectos de la Fundación Hortensia Herrero, donde Amparo suele actuar como la arquitecta que ha supervisado técnicamente las rehabilitaciones que su madre financia.
Se dice que su trabajo es su mayor pasión. Es común que en sus viajes personales visite edificios emblemáticos y estudios de arquitectura internacionales para importar ideas a Valencia. Al igual que el resto de su familia, está muy vinculada al mundo del baloncesto a través del Valencia Basket, aunque ella lo vive desde la parte de las infraestructuras y el diseño de las instalaciones de élite.
