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El piso de alquiler de Lolita en la Castellana por el que paga 3.000 euros: moderno, con paredes blancas y vistas de ensueño

La actriz vendió su icónica casa de La Moraleja para mudarse al centro de Madrid, a una de las zonas más privilegiadas

El piso de alquiler de Lolita en la Castellana por el que paga 3.000 euros: moderno, con paredes blancas y vistas de ensueño

Lolita, en una imagen de archivo. | Gtres

Lolita Flores es uno de los rostros más conocidos de nuestro país y pertenece a una de las sagas con más relevancia. Al igual que su madre, en su momento, Lolita siguió el camino del espectáculo. Es por eso que ahora es una consagrada actriz que suele moverse por los teatros, protagonizando diversas obras que gozan de mucho éxito. Su carrera ha hecho que Lolita cuente con una buenísima situación económica que se traduce en varias de sus posesiones más famosas. Probablemente, el más conocido es su piso en el Paseo de la Castellana.

Este se ha convertido en su auténtico refugio de paz. Tras una época de idas y venidas y de vender su mítico chalé de La Moraleja, la artista se instaló en 2019 en este pisoazo de 200 metros cuadrados ubicado en la zona norte de la arteria madrileña —entre Cuzco y Chamartín—, muy cerca del estadio Santiago Bernabéu. Se trata de un piso señorial por el que paga un alquiler de lujo —estimado en unos 3.000 euros al mes—, que destaca por ser completamente exterior y tener una personalidad arrolladora.

El piso de alquiler de Lolita en la Castellana

El corazón de la vivienda es un amplísimo y luminoso salón rodeado de enormes ventanales. Desde los sofás se puede contemplar una panorámica privilegiada del Paseo de la Castellana y los rascacielos de la zona financiera de Madrid. Es el rincón favorito de la artista para posar en sus redes sociales. La base de la casa es de diseño moderno y paredes blancas, pero Lolita rompe el minimalismo con sofás en tonos potentes —como un vibrante azul turquesa—, puffs beige, una mesa de mármol verde, sillas clásicas tapizadas en rojo y alfombras coloridas.

El salón está adaptado para ser un espacio familiar cómodo, dejando espacio libre para que sus nietos —los hijos de Elena Furiase— jueguen tranquilamente cuando van a visitarla. Lo que hace verdaderamente única a esta casa es la inmensa cantidad de arte, historia y recuerdos familiares que alberga. El piso es un homenaje continuo a su dinastía. or toda la casa hay repartidas fotos familiares, libros y cuadros con un valor sentimental incalculable. Entre sus tesoros más preciados destaca, como no podía ser de otra manera, su premio Goya —que ganó en 2002 como actriz revelación por Rencor—.

En el salón preside un gran lienzo pintado con el rostro de su madre y, junto a una mesa auxiliar, destaca una imponente estatua de bronce oscuro de La Faraona vestida con traje de volantes en plena grabación de un baile. Lolita mantiene un emotivo altar con un plato repleto de velas encendidas dedicado a sus «tres ángeles del cielo» —sus padres, Lola y El Pescaílla, y su hermano Antonio Flores— para que, según sus propias palabras, «alumbren su camino». En contraste con el salón dinámico y lleno de recuerdos, su dormitorio principal es un templo de la calma. Aquí impera el blanco absoluto, los estores semitransparentes que tamizan la luz y una decoración muy minimalista y despejada, pensada exclusivamente para descansar tras sus largas jornadas de teatro, conciertos o grabaciones en televisión.

La carrera de Lolita Flores es la historia de una constante reinvención. Ser la primogénita de Lola Flores y El Pescaílla no era fácil; el peso del apellido era monumental. Sin embargo, a sus 67 años, Lolita ha logrado algo al alcance de muy pocos artistas: desmarcarse de la sombra de sus padres y consolidarse con un nombre propio, brillando con luz propia en la música, la televisión y, sobre todo, el teatro y el cine. Lolita empezó muy joven en la música. Debutó en 1975 con un éxito arrollador que ya es historia del pop español: «Amor, amor».

Mucha luz y con una ubicación espectacular

Aquel tema la catapultó a la fama internacional, logrando discos de platino y convirtiéndola en un icono de la canción romántica y de raíces flamencas. Durante los años siguientes encadenó éxitos como Sarandonga —una versión del tema de su padre que ella hizo eterna— o No notas que estoy temblando. Aunque la música fue su primer gran amor, con el cambio de siglo decidió explorar otras facetas donde su madurez artística pedía paso. Su gran consagración como actriz llegó en 2002 de la mano del director Manuel Gutiérrez Aragón con la película Rencor. Su interpretación de Chelo, una mujer rota y descarnada, impactó tanto a la crítica que se llevó el premio Goya a la actriz revelación.

Su regreso por todo lo alto a la gran pantalla se da este mismo año en la película Mallorca confidencial, donde asume un papel protagonista de raza interpretando a La Chusa, la matriarca de un clan. Un rodaje muy especial en el que, además, comparte cartel con su hija, Elena Furiase. Si hay un lugar donde Lolita se ha ganado el respeto unánime de la profesión ha sido sobre las tablas. Ha demostrado una fuerza dramática colosal interpretando a mujeres fuertes, complejas y desgarradoras. Lolita es uno de los rostros más queridos y magnéticos de la pequeña pantalla gracias a su espontaneidad, su humor y su arrolladora personalidad. Ha sabido conectar con las nuevas generaciones como jurado estrella del exitoso programa Tu cara me suena en Antena 3, donde regala momentos divertidísimos e históricos junto a sus compañeros.

Su enorme aportación a la cultura española ha sido refrendada al concedérsele la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio, un altísimo honor del Gobierno que premia su trayectoria y confirma que el apellido Flores sigue haciendo historia, pero esta vez con el sello indiscutible y único de Lolita. Sobre su vida personal, Lolita vivió dos grandes matrimonios. Su boda con el argentino Guillermo Furiase es uno de los momentos más surrealistas e icónicos de la historia de España. Se casaron en la iglesia de la Encarnación de Marbella y la masa de gente era tal —unas 5.000 personas colapsando el altar— que era imposible celebrar la ceremonia. Fue ahí donde Lola Flores soltó su mítica frase: «Si me queréis, irse». De este matrimonio nacieron sus dos grandes orgullos: Elena (1988) y Guillermo (1993). Se divorciaron en 1995 de mutuo acuerdo y siempre mantuvieron una excelente relación.

Años después, Lolita se volvió a enamorar del actor cubano Pablo Durán. Se casaron en 2010 en una boda mucho más tranquila, pero la relación se desgastó debido a fuertes baches económicos y la presión mediática, lo que les llevó a firmar el divorcio en 2015. Lolita nunca ha ocultado que uno de los hombres que más la marcó en su juventud fue Francisco Rivera Paquirri. Vivieron un romance muy apasionado antes de que el torero se casara con Isabel Pantoja. Aquella ruptura fue un golpe durísimo para una jovencísima Lolita, un episodio que con los años ha recordado siempre con una mezcla de nostalgia, cariño y mucha madurez.

El peor año de su vida personal, sin duda alguna, fue 1995. En apenas 15 días, el mundo de Lolita se desmoronó. El 16 de mayo de 1995 falleció su madre, Lola Flores, a causa del cáncer. El 30 de mayo de 1995, sin haber asimilado el luto, su hermano Antonio Flores moría debido a una sobredosis en la cabaña familiar de El Lerele. Hoy en día, el motor de la vida personal de Lolita es su familia. Está muy unida a sus dos hijos: Elena Furiase, que ha seguido sus pasos con éxito en la actuación, y Guillermo Furiase, que ha heredado el talento musical de su tío Antonio.

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