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La calle de Madrid donde sigue viviendo María Hervás y toda su familia: «Allí todavía hay mucha gente obrera y sigo apegada a sus historias»

La actriz de 'Machos alfa' confesó, en una entrevista en la SER, que sigue residiendo en la misma vía de siempre

La calle de Madrid donde sigue viviendo María Hervás y toda su familia: «Allí todavía hay mucha gente obrera y sigo apegada a sus historias»

María Hervás, en una imagen de archivo. | EP

María Hervás nació y creció en Madrid. La actriz de Machos alfa ha desarrollado la mayor parte de su carrera profesional en la capital donde también sigue residiendo su familia. Algo en lo que quiso incidir hace unos días, durante una entrevista en la cadena SER, en la que afirmó que los privilegios que vive en su carrera pueden hacer que sea «inevitablemente algo más conservadora». Aunque eso sí, aseguró que todavía sigue «muy apegada a las historias de la clase obrera». «Entre otras cosas porque es la clase a la que han pertenecido mis padres y mi día a día está completamente impregnado de todo eso y de la justicia que reclamamos desde la ideología nosotros en casa», apostilló.

Además, a pesar de su éxito y de poder querer buscar un entorno más exclusivo para su residencia, la actriz sigue viviendo en la calle donde se crio, en Ronda de Segovia, donde todavía siguen viviendo su familia. María nació en la ciudad madrileña a mediados de los años 80. Aunque el gran público la ha coronado recientemente gracias a la televisión y las plataformas de streaming, en el sector es unánimemente respetada por ser una auténtica as teatral, capaz de sostener monólogos salvajes que ya forman parte de la historia reciente de las tablas en España.

María Hervás y su privilegio por ser actriz

María Hervás
María Hervás, en una imagen de las redes sociales.

Nació en pleno centro de Madrid. Su vocación no fue un flechazo adolescente convencional; de hecho, comenzó a estudiar la carrera de Arquitectura e incluso llegó a cursar tres años de Filosofía por la UNED. Sin embargo, la pulsión interpretativa ganó la batalla y se formó en la prestigiosa escuela de Cristina Rota, completando sus estudios de danza y canto. Esa base intelectual y metódica se nota hoy en día en la profundidad con la que analiza y construye sus personajes. Si hay un lugar donde María Hervás demostró que juega en otra liga, es en el teatro.

Ella misma adaptó, produjo y protagonizó Iphigenia en Vallecas —una adaptación del texto de Gary Owen—. Se dejó los ahorros y la piel en el proyecto. El resultado fue un éxito histórico de crítica que le valió el Premio Max a la Mejor Actriz en 2019 y el Premio de la Unión de Actores. Poco después protagonizó Jauría, una durísima obra de teatro documento dirigida por Miguel del Arco basada textualmente en las transcripciones del juicio de La Manada. Su interpretación de la víctima fue tan sobrecogedora y llena de dignidad que le otorgó su segundo premio Max consecutivo (2020) y el Fotogramas de Plata. Paralelamente a su idilio con el teatro de culto, su visibilidad para la comedia y el drama la han convertido en un rostro imprescindible de la pequeña pantalla.

«Estoy apegada a las historias de la clase obrera»

Se dio a conocer de joven en series como Los Serrano o La que se avecina. Su consagración popular llegó con papeles coprotagonistas en series de enorme éxito como El pueblo —donde interpretaba a Amaya, un personaje cómico hilarante—, La cocinera de Castamar, Machos alfa (Netflix) y la aclamada Galgos (Movistar+). Fuera de los focos, María Hervás destaca por tener un discurso directo, maduro y muy alejado del postureo habitual de las redes sociales. Desde hace algo más de un año, además, mantiene una relación con el cantante Dani Martín, con quien siempre ha sido especialmente discreta. Se define como una lectora voraz, amante de la filosofía, los viajes independientes y la desconexión en la naturaleza. 

Como decíamos, y como la propia María ha confesado en la SER, sigue viviendo en la Ronda de Segovia, una de las avenidas históricas más singulares de Madrid. Forma parte del cinturón de las Rondas del sur y oeste de la capital —junto a la Ronda de Toledo, la Ronda de Valencia y la Ronda de Atocha—, las cuales ejercen hoy en día de límite natural entre el Distrito Centro —barrios como La Latina y Palacio— y el distrito de Arganzuela. Su trazado discurre en una pronunciada pendiente que conecta la glorieta de la Puerta de Toledo con la intersección de la emblemática calle de Segovia y el paseo de la Virgen del Puerto. La fisonomía de la Ronda de Segovia nació literalmente pegada a la historia defensiva y fiscal de Madrid.

La calle de Madrid donde vive junto a su familia

Surgió alrededor de 1825 como un camino o paseo de ronda que bordeaba la antigua Cerca o Muralla de Felipe IV, levantada en el siglo XVII. En 1868, con el derribo definitivo de las murallas para permitir el Ensanche de Madrid diseñado por Carlos María de Castro, el camino se ensanchó y se transformó formalmente en un bulevar urbano. Debido a su ubicación en la cornisa de Madrid, la Ronda de Segovia ofrece una de las topografías más accidentadas y bonitas de la ciudad. Transcurre a los pies del cerro de Las Vistillas y del Parque de la Cornisa. Si se suben sus empinadas escalinatas o cuestas laterales —como la famosa Cuesta de los Ciegos—, se llega directamente al Madrid de los Austrias.

Históricamente fue recogida en las crónicas del célebre cronista de la villa, Pedro de Répide, quien describía la zona como un lugar de desmontes, terraplenes y pequeños jardines que miraban hacia la cuenca del río Manzanares y la Casa de Campo. Durante el siglo XIX y principios del XX, la ronda tuvo un carácter marcadamente industrial y obrero debido a su proximidad a las estaciones ferroviarias del sur y al río. Albergó fábricas, almacenes de madera y viviendas modestas. Con los planes de ordenación de mediados del siglo XX, la avenida se limpió de industrias, se plantaron hileras de árboles y se levantaron bloques residenciales amplios. Hoy es una calle residencial muy cotizada, arbolada, con terrazas y un tráfico fluido que conecta el centro con la zona de Madrid Río.

Aunque la ronda en sí es la calzada, su trazado rodea o toca varios puntos de gran valor monumental. Uno de ellos es la Puerta de Toledo, un monumento que marca el inicio de la ronda en su parte más alta. También, ahí se encuentra el campus de la Universidad Carlos III de Madrid, ubicado en el antiguo Mercado Central de Pescados, un imponente edificio racionalista que dinamiza culturalmente la zona. Al final de la ronda, al mirar hacia arriba, impresiona la vista del colosal viaducto de hormigón que salva el desnivel de la calle Segovia.

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