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Opinión

La falsa censura y las lágrimas de cocodrilo de la neoizquierda

«Cientos de autores callaron cuando nos perseguían a las mujeres con una furia digna de la Inquisición»

La falsa censura y las lágrimas de cocodrilo de la neoizquierda

La filósofa y escritora Elizabeth Duval. | Isabel Infantes - Europa Press

Apolo, enamorado de Casandra, le prometió el don de la profecía a cambio de que se convirtiese en su amante. Casandra, hija de los reyes de Troya, aceptó el don, pero rechazó a Apolo. Él la maldijo para que sus predicciones no fueran creídas ni tenidas en cuenta. Nadie creía a Casandra, y en Troya le hacían la vida imposible. Casandra se convirtió en una apestada, en una marginada. Casandra predijo la caída de Troya. Y Troya cayó, porque nadie quiso escuchar a Casandra. El mito de Casandra nos habla del aspecto oscuro de Apolo, que representa al poder. El poder que se revela a través de la misoginia y ataca a las mujeres
que osan decir la verdad.

La presunta ola de censura

Voces mediáticas de la neoizquierda claman contra «una ola de censura». Esa horrible censura de la que ellos hablan se ha limitado a lo siguiente. En un pueblo de 13.000 habitantes no se ha subvencionado una obra de teatro; y en otro pueblo de 10.000 habitantes han eliminado una película de la programación de un ciclo de cine infantil. Qué tragedia más grande. Obviamente, amenazar de muerte a feministas en la calle hasta el punto de que los Mossos deben salir a protegerlas o avisar de que se va a quemar una librería con personas dentro es peccata minuta al lado de este estremecedor drama.

Repito: un sector de la cultura de este país, precisamente un sector que ha sido altísimamente subvencionado, se ha quejado de que se haya eliminado de la programación también subvencionada de un pueblo de 13.000 habitantes la representación de una obra: Orlando, de Virginia Woolf. No, nadie ha amenazado con quemar el teatro y a los espectadores dentro. Nadie ha perseguido a los directores de la obra, nadie les ha puesto una denuncia falsa, nadie les ha intentado arruinar, nadie les ha agredido en la vía pública, nadie ha pagado una campaña de difamación contra ellos, nadie les ha seguido por su barrio hasta su casa, nadie les ha mandado amenazas de muerte, y nadie ha intentado arruinarles echando mano del lawfare (porque cuando te fríen a denuncias falsas, tienes que pagar abogado y procurador, y eso es caro).

Pero cientos de autores han puesto el grito en el cielo hablando de Orlando y de Virginia Woolf, aunque callaron cuando nos perseguían a las mujeres con una furia digna de la Inquisición. Sí, esa furia trans que tanto alababa Irene Montero en sus discursos. Esa misma. Vamos a hacer memoria:

Laura Strego, ilustradora. Un ataque informático acabó con su tienda virtual. Activistas transactivistas le agredieron en la vía pública y le provocaron una fractura en el cuello (hay un vídeo que lo muestra). A día de hoy, todavía sufre problemas en las cervicales.

Juana Gallego. Profesora universitaria, experta en género y comunicación. Cancelada y boicoteada, expulsada del máster que ella misma creó.

Amparo Mañés, filósofa. Despedida de su puesto como directora de la Unitat d’Igualtat de la Universitat de València.

Tasia Aránguez. Jurista. Despedida de la Universidad de Granada.

Carola López Moya. Psicóloga. Se presentó contra ella una demanda que exigía su inhabilitación como psicóloga clínica y multa de 120.000 euros por «promover terapias de conversión». Carola no trata a la población LGTB, así que es imposible que pueda promover ese tipo de terapias. Pero que la realidad no se interponga en un buen bulo, sobre todo si desde medios de izquierda pueden moverlo, y hundirle el prestigio a una psicóloga.

Silvia Carrasco, antropóloga. Cancelada la presentación de su libro La coeducación secuestrada. En la sala, previamente al acto que no llegó a celebrarse, Silvia fue insultada y amenazada en directo por transactivistas que intentaron agredirla.

José Errasti y Marino Pérez Álvarez, psicólogos clínicos y profesores universitarios. Numerosas presentaciones en universidades canceladas por protestas violentas. En Palma hubieron de salir del recinto escoltados por la policía. En Barcelona, en una presentación en la Casa del Libro, la Policía tuvo que escoltar no solo a los ponentes, sino también a los asistentes, después de que un piquete violento amenazara con quemar la librería.

Silvia Carrasco, antropóloga, y José Errasti, psicólogo clínico. Censurada su participación en un programa de TV3. Los propios profesionales de TV3 emitieron un comunicado quejándose de la censura. Ningún medio lo recogió. Mucho menos se hicieron eco de ello los profesionales de otros medios.

Alicia Miyares, filósofa. Charla programada en la Casa de Mujeres de Santiago, suspendida tras amenazas de la asociación Feministas de Cataluña. Varios actos y presentaciones cancelados. Cuando organizaron un acto contra la trata en la Plaza de Sant Jaume se presentaron los transactivistas amenazando a las presentes. Los Mossos tuvieron que disolver el acto y escoltar a las participantes, avisándolas de que no podían garantizar su seguridad. Uno de los contra-manifestantes más violentos no solo no fue denunciado, sino que aparece a menudo en medios de comunicación catalanes, medios subvencionados, pagados en parte por las personas amenazadas y por sus familias, con sus impuestos.

Pablo de Lora. Filósofo. Un grupo de violentos impidió que pronunciara una conferencia en la Pompeu Fabra. Su libro Lo sexual es político apareció destrozado en la biblioteca de la UCM, con amenazas e insultos sobre las hojas.

Amelia Valcárcel, filósofa. Destituida del consejo de estado. La hoy portavoce de feminismos de Sumar, Liz Duval, la llamó «completamente despreciable, ruin y venenosa».

Patricia Sornosa, humorista. Su podcast «Patricias», en Podimo (una plataforma de entretenimiento en audio) no se volvió a emitir pese a que tenía una elevada audiencia, tras cientos de miles de tuits enviados por un ejército de bots a Podimo exigiendo la cancelación del podcast. El rumor es que fue definitiva para la cancelación una llamada de la actual portavoz de Feminismos de Sumar, Liz Duval, que vino a decir «O Patricia o yo». Preguntado Podimo por la veracidad del rumor, no han contestado.

Paz Vega, actriz. Se le organizó una caza en Twitter porque ¡le había dado un like a una de mis publicaciones! Y ese like fue objeto de sesudos (ejem) artículos en los que se le llamaba, cómo no, tránsfoba.

Irene Aguiar, jurista. Varias presentaciones canceladas. La más sonada fue la cancelación de su ponencia La defensa de las categorías deportivas femeninas, que iba a leerse en Congreso Estatal de Mujeres y Deporte en el Gran Canaria Arena, organizado de la mano del Cabildo de Gran Canaria y la Asociación del Congreso Estatal de Mujeres y Deporte.

Lidia Falcón, abogada. Se presentó una denuncia contra ella y se le organizó la campaña de desprestigio de costumbre. La denuncia no prosperó, pero Garzón (el ministro de frutas y verduras) la expulsó de Izquierda Unida con mucha alharaca. Izquierda Unida ha impedido que el Partido Feminista de España, liderado por Falcón, pueda presentarse a estas elecciones, negándose a reconocer que el PFE estuvo integrado en la coalición IU. Si nunca estuvo integrado, ¿cómo se pudo expulsarla? No se echa a quien nunca se alojó. Liz Duval también arremetió contra ella: sugirió que pertenecía a la Falange, comparación muy poco acertada si tenemos en cuenta que Lidia fue torturada por la policía franquista.

Soy consciente de que me dejo muchos nombres en el tintero (María Murnau, Laura redondo, Paula Fraga, Nuria Coronado, Nuria González López y muchos otros), pero el artículo sería demasiado largo si tuviera que ir señalando a cada una de las mujeres a las que se ha cancelado. No haría un artículo sino un libro. Pido perdón a todas las que no aparecen.

La hipocresía

Imagínense ustedes mi sorpresa cuando descubro que ahora vienen quejándose de la censura personas que no solo nunca nos han apoyado, sino que en mi caso particular me llamaron bruja. Hablo de un Premio Nacional de Teatro que se alegró de que me tiraran la cuenta de Twitter, que dijo que menos mal que me la habían quitado, y que ahora está clamando contra la censura como si no hubiera un mañana… Hace falta valor y cara de cemento. Su actitud, como la de otros excompañeros, es tan sumamente llamativa, tan hipócrita, partidista e insultante, y tan propia de una secta… ¿Dónde estaban ustedes cuando se quemaban los libros de JK Rowling? ¿Cuando se retiraban de las tiendas? ¿Cuando JK Rowling recibía en vivo y en directo amenazas de muerte y de violación –que todos pudimos leer- por apoyar a su amiga Maya Forstater? A Maya, que fue injustamente despedida de su trabajo por haber afirmado que el sexo es binario (Y lo es, según la ciencia, como sabemos todos los que hemos tenido que estudiar genética y hemos perdido varios sets de pestañas haciendo cuadros de Punnet) . A día de hoy, los tribunales le han dado la razón a Maya y han condenado a su antigua empresa a indemnizar a Forstater con 100.000 libras.

Resulta curiosísimo que la cancelación, la quema de libros y las amenazas fueran contra JK Rowling y nadie dijera nada contra Irvine Welsh, tan famoso en Escocia como pueda ser JK Rowling -puesto que es el autor de Trainspotting-, y que sostenía las mismas ideas de la autora. Pero es que esta cruzada se ha dirigido básicamente contra mujeres. Mujeres que en España, en Escocia, en Canadá, en el Reino Unido, se han opuesto a leyes transactivistas que nada tienen que ver con los transexuales (lo explico aquí).

Esta cruzada misógina de cancelación, amenazas, insultos y campañas de difamación se ha dirigido en un 90% contra mujeres progresistas. Errasti, Pérez y De Lora han sido una excepción. Yo perdí mi trabajo, mi salud mental, mi prestigio, mi futuro, mi forma de vida y mi seguridad, todo por atreverme a decir que una ley estaba mal hecha. He perdido también muchísimos amigos. Amigos que por supuesto no se han tomado el trabajo de leer la ley. Se ha demostrado que la ley del solo sí es sí estaba mal hecha.

Y cuando se acepte y se gane el recurso de inconstitucionalidad contra la ley trans (porque se va a ganar, no les quepa duda), se verá que la ley trans era inconstitucional. Y que esto no tenía nada que ver con los transexuales, a los que la ley no se refiere. La palabra transexual no aparece en esa ley. Aparece el término paraguas ‘personas trans’, que puede referirse a cualquier persona, hombre o mujer, que diga que se siente de un sexo diferente a aquel con el que nació. Su palabra basta. La realidad no importa.

Que viene el lobo

Cuando me intentan hacer creer que la ultraderecha va a ser peor que esto, la verdad es que ya no les creo. No imagino para mí una vida peor que la que he vivido en estos años (tras ser difamada, que se cancelaran mis charlas y proyectos, que se retiraran mis libros de las librerías…). Tampoco visualizo un panorama peor para Tasia, Juana, Carola, Patricia, Nuria, Silvia Patricia, Amelia, Laura, Paula, Lidia, Irene, Alicia, Tasia… Para todas esas mujeres que nos hemos atrevido a decir que el emperador va desnudo y a las que nos han llamado terfas, locas, putas, frígidas, tránsfobas, brujas y muchos calificativos peores.

Cuando me dicen que debería votar izquierda, o que no puedo abstenerme, porque lo que viene con PP y Vox es peor, me acuerdo de cuando mi exmaltratador me decía que si yo le dejaba, no iba a poder sobrevivir. Han pasado muchos años desde entonces y sigo viva. Y coleando. Y ya he aprendido a luchar, así que si lo que viene es peor, ya lucharé contra ello. Pero esperaré sentada a ver lo que viene y a ver pasar el cadáver de mi enemigo, si es que pasa.

No se puede reforzar a quien nos daña. En palabras de Laura Redondo: No se puede reforzar a quien nos daña. De ninguna forma. En ninguna circunstancia. Debemos hacernos valer y que jamás se les ocurra volver a dañarnos ni despreciarnos. ¿Pensaron que sin nosotras ganaban? Pues que se descalabren y aprendan. No hay otra. Cuando llegue esa mayoría absoluta de la derecha, que va a llegar, pregúntese usted, Pedro Sanchez, pregúntese usted, Yolanda Díaz: ¿Quien dejó entrar en el feminismo a un caballo de Troya que venía a destrozarlo? ¿Quién puso en listas a un señor que nos llamó a las militantes feministas ‘militantes del traspiés’? ¿Quién se calló como el televisor de un tanatorio cuando su ministra y su diputada aplaudían mientras me insultaban y me amenazaban? ¿Quién no se dio cuenta de que en Madrid había habido un abandono masivo de militancia feminista? ¿Por qué cuando sucedió el famoso evento del ladrillo yo contacté a Lorena Morales, secretaria de Igualdad del PSOE, y ni siquiera me respondió? ¿Por qué uno de sus ministros me bloqueó en WhatsApp? ¿Por qué se elige de portavoz de feminismos a un personaje de 22 años conocido por insultar, atacar y cuestionar desde su cuenta a feministas clásicas?

Yo no he recibido una subvención en la vida y he vivido siempre de mi trabajo. Que me vengan a decir personas altamente subvencionadas que tengo que votar a las mismas sanguijuelas que organizaron una caza a contra mí y me hundieron la vida, porque si no, puede venir el fascismo-el fascismo-el fascismo (el mismo ritornelo repetido una y otra vez) me recuerda a cuando aquel novio maltratador que tuve me decía que yo no iba a poder sobrevivir sin él. Sobreviví sin él. De eso han pasado muchos años y aquí sigo.

Carola López Moya decía que nunca podría volver a votar a unas personas que habían intentado inhabilitarla. Yo nunca podré volver a votar a un partido que permitió que Carla Antonelli se riera y aplaudiera mientras incitaban a tirarme un ladrillo, ni votaré a otro partido que pone como portavoz de feminismos a una persona que dijo de mí que yo iba moviendo discursos de
odio. No, Elizabeth Duval: criticar una ley no es un discurso de odio. Odio es lo que movéis vosotros. Qué diría Virginia Woolf, que escribió Orlando como regalo para su entonces novia (la única persona con la que tuvo sexo en su vida porque su propio marido reconoció que entre ellos dos el matrimonio siempre había sido blanco), Vita Sackville-West.

Virginia Woolf ha pasado la historia como una mujer bisexual cuando en realidad era una mujer lesbiana. Una mujer que amaba a las mujeres y que no hubiera apoyado nunca este silencio hacia las agresiones a mujeres. Pues a vosotros, excompañeros de la cultura que nos habéis dejado tiradas y que habéis considerado que nosotras no merecíamos nada, a vosotros os digo: Virginia Woolf defendió a una mujer y se jugó su prestigio cuando se presentó como testigo de la defensa en el juicio contra Radclyffe Hall, una escritora acusada de obscenidad, en un juicio que motivó que todas las copias de su libro fueran destruidas. Virginia Woolf era lesbiana y defendió a Hall, que era lesbiana. A las lesbianas se les lleva amenazando y agrediendo desde hace cuatro años, no solo en España, sino en Estados, Unidos Francia Berlín y Canadá…

Han corrido imágenes de y agresiones y amenazas en todos los orgullos (el último, en Londres) y vosotros no habéis dicho absolutamente nada.  Estoy segura de que a Virginia Woolf vuestra postura no le habría hecho ninguna gracia. Es más, estoy segura de que la gran mayoría de vosotros ni siquiera se ha leído el Orlando, ni sabe cuál fue el germen de la obra, ni por qué la escribió Virginia para Vita. Virginia la escribió porque Vita había perdido su casa familiar, y la había perdido por ser mujer, pues solo los hombres podían heredar inmuebles. Ni siquiera sabéis, probablemente, que Orlando es una obra humorística que defiende, sobre todo, la libertad y el derecho a que cada uno hable, se vista, y ame como le dé la realísima gana. Y piense lo que le dé la gana y escriba lo que le dé la gana.

En fin, estoy absolutamente segura de que si Virginia se levantaran de su tumba y alzara a la cabeza la volvería a agachar viendo como traicionáis y nos despreciáis a las mujeres que nos atrevemos a hablar. Que nos atrevemos a hablar tal y como en su día se atrevió a hablar Virginia. Para defender la libertad de expresión que vosotros no habéis defendido, la dignidad de las mujeres acosadas que vosotros no habéis protegido, y el valor de la palabra disidente, que vosotros no habéis respetado.

La izquierda autosentida, la izquierda caviar, la izquierda totalitarista, la izquierda neoliberal… La izquierda que tiene que ver con la izquierda tradicional lo mismo que «los feminismos» tienen que ver con el feminismo tradicional (esto es: NADA), ha creado un mundo de persecuciones y jaurías, un mundo en blanco y negro, un mundo sin matices de gris, un mundo de insultos y extremismos, un mundo de odios y enfrentamientos. Un mundo de cofradías y sectas, un mundo de estás conmigo o estás contra mí. Un mundo en el que el centro está cada vez más deshabitado y las periferias más pobladas, con gente arracimándose en los extremos, acosando, insultando, desprestigiando, amenazando. Un mundo ferozmente misógino.

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