The Objective
Crónicas del caos

Sentencia ejemplar para los forajidos de Sánchez

«La sentencia no va a defraudar. Lo aseguro. Quizá un poco a los cómplices de los malhechores. O sea, de Sánchez»

Sentencia ejemplar para los forajidos de Sánchez

Ilustración generada mediante IA.

Lo que se espera de esta sentencia que hoy han comenzado a discutir los magistrados de la Sala II del Supremo es que haga época, es decir, ejemplar. O sea, que será, con toda certeza, de las que hacen época. En poco más de un mes, los mortales del país sabremos cómo resuelven los jueces el complejo sudoku judicial al que hemos venido asistiendo en estos tiempos. Algo está claro de principio: sea lo que sea el dictamen, suscitará polémica. El Gobierno ya ha tomado cartas en el asunto y, con una postura bananera, se ha entrometido en el debate de la mano de la fiscal general, de la que es mejor olvidar hasta el apellido. Menos mal que el hierático fiscal anticorrupción ya espera poco de su propia carrera; está a la vera misma de la jubilación y a estas alturas personajes menores como Peramato o su jefe, el pequeño Bolaños, le deben de traer muy al pairo. Luzón ha hecho valer su independencia y en su escrito final recomienda una rebaja penal para el cantaor Aldama.

En los ambientes jurídicos de solvencia se da por asegurado que, sin retorcer mucho la jurisprudencia, el Tribunal va a hallar argumentos suficientes para impedir que Aldama vuelva a prisión. No obstante, Aldama —listo como es— se equivoca al poner a la Justicia en general en un brete. Su última declaración: «¿Para qué sirve colaborar con la Justicia en España?», aparte de ser inadecuada —su pena ya ha sido aminorada notablemente—, puede excitar la inquina de los/as magistrados/as afectos/as a Sánchez, que son pocos/as, pero enrabietados/as. Así que cuidado, Aldama.

Luzón es un hombre justo, ecuánime e imparcial; lo es tanto que no ha encontrado pruebas suficientes para señalar a Sánchez como número uno de la organización, tal y como le subrayó Aldama y como gran parte del gentío nacional le retrata sin duda alguna. Luzón no se para en barras y hace suya la declaración del empresario que confesó pertenecer a una «estructura criminal» sin paliativos. Las penas son de órdago a la grande, pero ya veremos que por lo menos uno de estos delincuentes rijosos no pasará mucho tiempo en la cárcel. Algo más sobre Luzón: los bancos —afirma— deberían hacérselo mirar. ¿Cómo es posible que permanecieran insensibles a tanto movimiento de dinero en las cuentas de los perdularios? Piden detalles personales a quien va a cambiar un billete de tamaño considerable y, sin embargo, han mirado a otro lado cuando Koldo acumulaba euros sin control ni vigilancia alguna. ¿Y qué decir de Hacienda? Solo una cosa: Montoro, el encausado en un procedimiento muy sugestivo, dejó escrito que hay que perseguir a las personas decentes y permanecer de conmilitón de los ricos más dudosos. Asco y desprecio para él.

Y de nuevo sobre los avisos de Luzón y el cantaor Aldama: quedan muchas balas por disparar y muchas de ellas son prueba inequívoca de que aquí, en este país, durante más de siete años, una tupida red mafiosa se ha puesto las botas con la colaboración tácita o expresa del capo de la Moncloa. El próximo jueves acude Aldama a la Audiencia Nacional y, como testigo, puede enviarle alguna otra carga de profundidad al susodicho individuo. Los hidrocarburos, con seguridad, le van a llenar de hierro; la cuadrilla de Cerdán, que ha hinchado sus bolsillos con comisiones de obras varias; el rescate de la Plus Ultra, que ya preocupa incluso en la inexistente Europa; y, encima de todo, queda el plato fuerte de la jornada: la financiación ilegal del PSOE. ¿Qué no habrá perpetrado el dúo Sánchez-Montero cuando ha limpiado más de dos millones de euros de los fondos jóvenes para financiar las pensiones? Eso, en román paladino, se llama robar a un rico para dárselo a otro que carece de liquidez. El ejemplo está perfectamente justificado. Y a lo que vamos: Aldama ya tiene contratos para torear en muchas otras plazas ahora que ya ha lidiado con solvencia en la Monumental del Supremo.

El Gobierno —se cree— ya tiene planeado el siguiente capítulo de la repugnante novela económico-erótica de Ábalos. Pocas dudas le caben a Sánchez de que su antiguo amigo y máximo hombre de confianza va a ser condenado a lo grande; por tanto, echará mano del impresentable presidente del Tribunal Constitucional, el fiel Conde-Pumpido. Lo previsto es que Ábalos, llegado al trance de haber recibido el amparo de los chicos/as de Pumpido, consiga con la máxima rapidez posible el indulto que, entre otras cosas, permitirá al exministro abandonar Soto del Real y, de paso, sacar de su buchaca, escondida en cualquier puticlub sucesor de Begoña Gómez, algún milloncejo para pagar sus gustos lujuriosos. Me dice un cronista que esta mera posibilidad produciría en España un escándalo, pero, ¡por Dios, con cuántos otros estamos tragando! ¿O es que ya no recordamos la desvergüenza con que Sánchez indultó al quinqui que denunció los manejos de la Gürtel? El ‘todos a la cárcel’, que es la constancia de la gobernación del psicópata, lo ha transformado este en ‘todos a la calle’, siempre y cuando, claro, estos sean de los suyos, asesinos etarras incluidos. Sánchez —ya no hay duda— protege a su exsecretario general y este cierra la boca mientras aguarda a comprobar si su continencia es recompensada. No es que Sánchez tenga piedad de su compinche —él que hubiera llevado al patíbulo a su suegro, el cacique de las saunas mariconas—, es que mucho teme que Ábalos no tenga piedad de él si, como hasta ahora, le niega incluso el saludo.

La sentencia no va a defraudar. Lo aseguro. Quizá un poco a los cómplices de los malhechores. O sea, de Sánchez. El Supremo está haciendo su trabajo con una paciencia de entomólogo, teniendo muy en cuenta, me dicen, que el caso mascarillas no ha existido como tal en la Sala. Ha sido, en puridad, el caso PSOE. Ya sabemos hasta qué punto el mejor colaborador de Sánchez ha sido durante muchos años un delincuente. Y no es el único.

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