The Objective
Crónicas del caos

El mafioso Sánchez despeña a España a trozos

«El presidente ya está emplazado como ‘número uno’ de la organización mafiosa socialista»

El mafioso Sánchez despeña a España a trozos

Pedro Sánchez. | Eduardo Parra (Europa Press)

De esta crónica voy a prescindir, con toda consciencia y a partir de aquí, de los adjetivos. Se trata solo así de retratar asépticamente esta España que se está despeñando a trozos sin que el presidente del Gobierno, atacado cada vez más por una delgadez que no disfraza el maquillaje más atrevido, parezca inmutarse. Este es el estado de la situación, sin ánimo, como decía el fugado, perseguido por Hacienda, César Vidal, de «ser exhaustivo». Vamos. Como prefacio, una ratificación: Sánchez ya está emplazado como «número uno» de la organización mafiosa socialista. Nunca González fue denunciado directamente como la «X» del GAL. España se cae a trozos de las manos de este, según Aldama, presunto delincuente.

Primer trozo.— El apagón, encima, nos está estafando. A estas horas, un año y tres días después de que España se fuera a negro, nuestra energía nos cuesta, por ahora, no menos de 15 euros de saldo al mes. No hay seguridad de que otra vez se nos vaya la luz; quedan ocho muertos sin ser resarcidos, y el Gobierno, instalado en la impasibilidad, sigue negando cualquier responsabilidad. «No va con nosotros», se dicen.

Segundo trozo.— No hay respuesta para 46 cadáveres y decenas de heridos de diversa consideración. El ministro del ramo, Puente, no acepta que el desastre le concierna y los agentes, Renfe y ADIF, se pelean entre sí. La gente le tiene miedo al AVE a la espera de que la línea estrella, Madrid-Málaga, vuelva a funcionar, y el accidente nos ha costado millones de euros que engordarán aún más el déficit que, transformado en deuda, un día ya no podremos pagar.

Tercer trozo.— En el Parlamento, lo de siempre: enésima derrota parlamentaria que fotografía de forma inveterada la soledad de un Gobierno en descomposición, que no se marcha porque ¿a dónde se van a ir estos maestros de la incapacidad? Ya hasta la afición a la mercadería interesada del PNV se desengancha porque observa que quienes le patrocinaban hasta ahora se hallan de estampida. El Parlamento en estas condiciones es una caja huera que ya no guarda el menor decreto ley de este Gobierno, no de coalición, sino ya de colisión.

Cuarto trozo.— Y una parte del Ejecutivo, la más cercana al leninismo puro que al comunismo asilvestrado, amenaza, por boca de la vicepresidenta Yolanda Díaz, con echarse a la calle para, desde allí, derrotar al Parlamento que tumbó el decreto de alquileres. Ha regresado la versión asociada a la revolución de la izquierda. Recuérdese a estos efectos aquel aviso de Pablo Iglesias, fundador del PSOE: «Si no nos quieren en las Cortes, nos soportarán en las plazas». Gran vigencia.

Quinto trozo.— La EPA avisa de que este país no vuela como un cohete, quizá sí como un petardo de mala ignición. Casi 250.000 parados más en un trimestre no engalanan una economía que, mensualmente, deja a miles de españoles sin alimento a fin de mes. Siempre se ha dicho: a un Gobierno le derriba únicamente la economía, la mala economía. Bien: y, ya que no le tumban los escándalos, le pueden mandar al paro los números del desempleo. No es para gozar de alegría, pero la claridad es esta: la maldad no es una profecía, es la fotografía de la actualidad.

Sexto trozo.— Los Ábalos, el trío de la bencina, ya han demostrado que no se conforman con arrastrar en su mochila de prisión toda la avaricia que les llevó a la riqueza y que ahora no revelan dónde se encuentran sus «txistorras». Van a ir a la cárcel y se les observa en posición de cumplir con aquel adagio castellano: «… para lo que me queda en el convento, me meo dentro». Y en esas están. Da la impresión de que, tras las revelaciones de Aldama, la posición de Sánchez ha empeorado notablemente. Todo lo que se hizo dentro contaba con su nihil obstat. Incontestable.

Séptimo trozo.— Y, de pronto, tras los descubrimientos de Garat, un cierto temor se ha instalado en la población. Coloquialmente, la gente se pregunta: «Si este tío fue capaz de organizar un pucherazo contra los suyos, ¿no será capaz de organizar otro para continuar en el poder?». No está mal traído porque, cuando una parte del Gobierno advierte que va a quemar las calles y la otra, la presuntamente socialista, tras el mismo Consejo de Ministros, no le afea la conducta, el temor se ha acrecentado, con bastante base según parece.

Octavo trozo.— Los médicos han colgado el fonendo, entre otras cosas porque, tras guardias de 30 horas, ya no funciona. El fracaso de la ministra de Sanidad ya no hay quien lo esconda. A ver qué le ocurre a Sánchez para paliar el desaguisado que está afectando gravemente a la atención clínica de millones de enfermos. Los médicos exigen básicamente una cosa: ser considerados en lo que valen, no a la misma altura que otros agentes sanitarios que, por profesión y preparación, se merecen un estatuto diferente, pero no el de los clínicos.

Noveno trozo.— Y los precios y los impuestos nos ahogan. La previsión del Gobierno es que la inflación suba hasta por encima de un tres por ciento; en las mejores perspectivas, «solo» un 3,1%. O sea, la economía es más bien un petardo que un cohete. Y los pronósticos no apuntan a que nuestros euros mejoren su salud en los meses venideros, más bien al contrario. Y todo, a mayor abundamiento, sin presupuestos a los que el Gobierno ya empieza a renunciar con la técnica del partido a partido. ¿De qué presume Sánchez, pues?

Décimo trozo.— Después de ver un telediario más o menos apuntando a la verdad, el gentío se pregunta: «Y ya, ¿qué nos puede pasar más?». La previsión es que no habrá noticias que mejoren las presentes; el país no es que se encuentre en estado de dormición permanente, está más afectado por otra patología: la del descorazonamiento. El dolor por el ‘aquí no pasa nada’ ya es historia y ha sido sustituido por otro: «… y si pasa, pues aquí tampoco pasa nada». No es un trabalenguas, es un retrato de la verdad.

Undécimo trozo.— Y queda la teatralidad del PNV, que se da por ofendido por una memez que le ha preparado su socio, el Partido Socialista. Un cuento: seguirá en compañía porque los dos se necesitan, en Vitoria y en Madrid. Así que, ¡menos lobos, Caperucita! Sánchez puede tener una seguridad: aún no ha llegado el tiempo de la traición por parte del PNV, pero, no lo dude, llegará cuando ya no pueda ofrecerles, por ejemplo, el apoyo al nuevo estatuto que incluya el derecho a la autodeterminación.

(El intento ha cumplido. Los adjetivos, sin embargo, no han disimulado esta sarta de constancias. Un Gobierno, con un presidente acusado de ser el jefe de la corrupción, en crisis total, nos encamina al despeñadero. Es para rebajarse. Les contaré un sucedido personal: día de enero en una capital norteña con nieve. Mi padre me despertaba de esta guisa: «Es lunes, hace mucho frío y tienes examen de Matemáticas. Levántate». Pues una cosa así es para tomar cuanto antes los Pirineos. Claro está que el autor de tanta desgracia y desmán le trae al pairo. Es un psicópata. Este adjetivo es inevitable).

Publicidad