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Sociedad

León XIV pide al Congreso «defender la vida humana», desde «el no nacido, al enfermo»

El Papa pide «a quienes tienen responsabilidad pública custodiar la palabra» para buscar puntos de encuentro

León XIV pide al Congreso «defender la vida humana», desde «el no nacido, al enfermo»

El papa León XIV. | César Vallejo Rodríguez (Europa Press)

Un discurso histórico. León XIV se ha convertido este lunes en el primer Papa en pronunciar un discurso en el Congreso de los Diputados ante más de 700 personas, entre diputados, senadores y autoridades civiles y militares. Y ha aprovechado su presencia en la sede de la soberanía española sin orillar las cuestiones más espinosas que preocupan a la Iglesia Católica, entre ellas la defensa de la vida y el respeto a la dignidad de la vida humana desde su concepción, y la colisión que existe con la ley de interrupción voluntaria del embarazo: «Toda tarea legislativa acaba encontrándose con una pregunta decisiva: qué concepción de la persona humana inspira las leyes y qué tipo de sociedad construye esas leyes».

En este sentido, León XIV se ha preguntado: «Si la vida deja de ser reconocida como un valor fundamental, ¿puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los demás?».

El Pontífice ha continuado defendiendo que «la defensa de la vida humana no es un interés parcial ni un interés confesional: es una meta de civilización»: «Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natura, en cada circunstancias de su existencia. Cuando esta certeza se oscurece, los más vulnerables son las primeras víctimas y la ley pierde su significado más profundo: servir y proteger a cada persona. La grandeza moral de una nación se manifiesta, sobre todo, en su capacidad de acompañar, proteger y amar aquellas vidas que atraviesan mayor fragilidad».

Así, León XIV ha destacado que «las instituciones educativas ocupan un lugar decisivo en esta tarea». «En ellas, las nuevas generaciones pueden aprender a buscar y amar la verdad, a cuestionarse sobre el sentido de la vida y la dignidad de cada persona», ha explicado, antes de añadir que esta colaboración ha de respetar siempre el «derecho primario e inalienable» de los padres a «elegir el tipo de educación y de formación que reciben sus hijos, en coherencia con sus propias convicciones morales, culturales y religiosas».

Por otra parte, el Papa ha hablado también de la inmigración, sobre lo cual ha asegurado que «la situación de los migrantes y refugiados exige una respuesta que mire a las personas, afronte las causas que las obligan a partir y vaya más allá de la mera gestión de flujos».

«De ahí nace una doble exigencia de justicia social: ofrecer vías seguras y legales, una acogida respetuosa y posibilidades reales de integración; y promover, al mismo tiempo, el derecho a permanecer en la propia tierra, trabajando para que nadie tenga que abandonar su hogar por falta de paz, seguridad o condiciones dignas de vida, entre ellas las desigualdades económicas y los efectos de la crisis climática», ha expresado.

Por último, el Pontífice ha hecho referencia a que «las palabras pueden abrir caminos o cerrarlos; pueden iluminar la realidad o deformarla hasta hacer imposible el encuentro. Quienes ejercen una responsabilidad pública tienen, por eso, una especial obligación de custodiar la palabra para ‘desarmar el lenguaje’».

«Les invito a alzar, pues, la mirada: no para alejarse de la realidad, sino para recordar que toda decisión de las autoridades públicas toca personas de carne y hueso, especialmente a quienes tienen menos fuerza para hacerse oír. Porque la altura de miras consiste precisamente en mirar con más hondura aquello que está en juego en cada decisión pública. Por eso, junto a las respuestas técnicas y las reformas legales, hace falta también una renovación moral. España puede ofrecer mucho en este camino», ha concluido.

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