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Las puertas de la percepción: The Doors, Aldous Huxley y la mescalina

Clara Paolini

Foto: Kelly Taylor
Kmtwanderlust

Las puertas, reales o imaginarias, físicas o metafóricas, siempre conllevan cierto misterio. Cerradas, impiden pasar al lado oculto pero a su vez indican la existencia de una habitación más allá. Abiertas, hacen franqueable el límite y se convierten en canal de transición hacia un nuevo dominio. Como elemento recurrente en la simbología universal las puertas vienen a significar un umbral; separan dos espacios contiguos pero independientes, delimitan lo exterior de lo interior e incluso pueden llegar a servir como barrera entre la realidad y la ficción.

Una puerta-objeto puede servir para pasar del baño al salón o de la calle a una tienda, pero también existen las de otro tipo, aquellas que limitan lugares mucho más abstractos. Cuando Jim Morrison propuso para su banda el nombre The Doors no estaba pensando en cualquier tipo de puerta, sino en aquellas que esconden lo que el pensamiento consciente oculta. Eran las mismas que también traspasaron Antonin Artaud y Henry Michaux al consumir peyote; las que aparecieron en las mentes de Willian Blake y Aldous Huxley encauzando divagaciones metafísicas.

“Si las puertas de la percepción fueran depuradas, todo aparecería ante el hombre tal cual es: infinito” -William Blake

Esta intrigante cita del místico poeta y pintor inglés Willian Blake fue la que dio nombre al grupo The Doors. No por coincidencia, la misma frase también aparece introduciendo el ensayo Las Puertas de la Percepción, escrito por Aldous Huxley en 1954. El aclamado escritor y profeta, autor de Un Mundo feliz, se interesó en los años 50 por el uso de las drogas alucinógenas, en concreto por la mescalina, impulsado por la creencia de que ésta podía servir como pasaporte hacia lo desconocido. Tomando la cita de Blake como base, intentó corroborar el hecho que el cerebro humano filtra la realidad, impidiendo el paso de impresiones e imágenes imposibles de procesar en una mente. De acuerdo con esta visión, el consumo de mescalina, la sustancia alucinógena presente en plantas como el peyote o el cactus San Pedro, podría reducir este filtro o “abrir estas puertas de la percepción, tal y como expresa metafóricamente desde el título.

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The Lovers’ Whirlwind (1824 – 1827) de Aldous Huxley / Wikimedia Commons

A los 58 años Huxley invitó al psiquiatra británico Humphrey Osmond a su propia casa en Los Ángeles, ofreciéndose como conejillo de indias para sus experimentos. Allí, el investigador le proporcionó una dosis de 400 mg de mescalina. De la experiencia nació el ensayo antes citado y dos años después, Cielo e Infierno (1956) completando la narración. En sus escritos, Aldous Huxley intenta descifrar lo indescriptible, consiguiendo extraer del viaje aproximaciones intelectuales brindadas la experiencia más allá del misticismo. Si el ágil pensamiento de Huxley, reflexivo e incorformista, ofrecía grandes ventanales desde los que observar el mundo, esta vez  el horizonte aparecía infinito.

Muchos de los experimentos con drogas psicodélicas que se habían llevado a cabo en laboratorio hasta la fecha habían fracasado debido a que la mayoría de los pacientes,  profundamente sumidos en la propia experiencia alucinógena, eran incapaces de interactuar con el mundo real para aportar respuestas inteligibles. ¿Un grupo de sesudos médicos intentando extraer conclusiones científicas sobre pacientes salidos de Miedo y Asco en Las Vegas? Imaginando se intuye que el resultado proporcionara escenas de entrenemiento más que verdaderas conclusiones. Pero Osmond encotró en Huxley a la mente perfecta: Aldous tenía un cerebro tremendamente estable y, lo que es más importante, su alto nivel intelectual le permitía extrapolar la experiencia.

Tras las pruebas con mescalina, durante sus charlas con el ciéntifico y más tarde en sus ensayos, el escritor consiguió trasmitir un rico puñado de intuciones existenciales y reflexiones ligadas a la estética, la filosofía y el arte. La palabra psicodélico, que significa “que manifiesta el alma” (del griego ψυχή, “alma”, y δήλομαι, “manifestar”, fue inventada entonces por Humphry Osmond gracias a la colaboración con Huxley. Es posible señalar sin miedo a equivocarse que Huxley puso los cimientos para la revolución que vendría en los 60 no sólo debido a la poderosa influencia que ejerció el libro Las Puertas de la Percepción en toda una generación en busca de la apertura, sino también, como indica Sam Jordison en The Guardian, porque fue el mismo escritor el que se encargó de introducir la experimentación con mescalina a otros influyentes intelectuales como Allen Ginsberg o Timothy Leary: “Huxley cambió el mundo. Sin él no habría habido Merry Pranksters, Sargent Pepper´s, Miedo y Asco en las Vegas”, a lo que añadimos que sin Huxley, la banda de Jim Morrison puede que nunca llegara a llamarse The Doors.

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Jim Morrison, el icono que cruzó el umbral | Foto: Osilvae / Wikimedia Commons.

Pero, ¿qué es lo que en relidad ocurre al abrir “las puertas”? Numerosos textos de diferentes autores describen que el consumo de mescalina “cambia de lugar la conciencia”, de una forma similar a los efectos de la hipnosis o ciertas patologías psiquiátricas. El mundo real parece no importar ya que se experimenta la vivencia de trascender de éste y de uno mismo, desatándose en el cerebro una reacción química que provoca una especie de psicosis temporal. Es, entre otras condiciones, lo que científicamente ha venido a llamarse un estado alterado de conciencia, en el que el cerebro actúa de manera diferente al estado de vigilia. Son muchos los médicos, investigadores, escritores y artistas que han experimentado a lo largo de la historia el mecanismo y los efectos de abrir puertas mentales mediante el uso de sustancias químicas, pero llegaron a sacarle tanto partido como Huxley.

“La droga (refiriéndose a la mescalina) coge por sorpresa, descubre, desenmascara las operaciones mentales, poniendo conciencia donde no había ninguna, y paralelamente quitándola donde siempre la ha habido” -Michael Michaux.

Demasiado ocupado pensando en hacernos sobrevivir, el cerebro en vigilia de una persona normal, trabaja para que nos relacionemos, decidamos y continuemos inmersos en el constante acto de vivir. Liberado de esa carga, el individuo es capaz de trascender de sí mismo. Huxley explica cómo cree sentir una conciencia que no depende de un ego; olvidado de sí mismo es capaz de volcarse tomar conciencia de cuestiones que siempre han estado ahí pero que antes pasaban desapercibidas. Como en los dibujos animados, los psiconautas dibujan una puerta con tiza en la pared que les transporta a otra realidad donde, aparentemente, se vislumbran verdades y concepciones inalcanzables con “la puerta cerrada”.

En la linea de Huxley, Henri Michaux también experimentó con la mescalina, abriendo y cerrando puertas perceptivas y así lo relató en Misérable miracle, en 1956 o Connaissance par les gouffres, en 1961. En busca de lograr nuevas formas de pensamiento y en su desarrollada faceta mística, el poeta y pintor francés lo probó todo: éter, LSD, cannabis… Pero según él mismo narra, la mescalina fue la droga que le aporto la experiencia más intensa:  “Está hecha para violar el cerebro y entregar sus secretos”. Sin embargo, si para Huxley y Michaux el consumo de mescalina supuso un acercamiento intelectual, Jim Morrison, convertido en ídolo de masas y rey lagarto, reforzó su halo de creatividad mediante el peyote convirtiéndose asu vez, encima del escenario, en solitario chamán de la contracultura estadounidense.

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Fotograma de la película The Doors | Oliver Stone, 1991.

Tal y como capturó al personaje el director Oliver Stone en su película (The Doors, 1991), el cantante estaba obsesionado con el consumo de sustancias que psicoactivas y los rituales del chamanismo. Puede que sus viajes al desierto mexicano fueran menos estéticos que los representados en película de Stone pero la historia es cierta y más que verosímil. El peyote, cuyo activo es la mescalina, había formado parte durante siglos de los ritos de tribus de indios mesoamericanos y años más tarde, en los albores de la revolución sesentera, Jim Morrison creyó guiar a sus fans en el rito musical y escénico durante sus conciertos.

¿Esta todo el mundo dentro?

¿Esta todo el mundo dentro?

¿Esta todo el mundo dentro?

La ceremonia esta apunto de empezar

¡Despertar!

(del poema Despertar, Jim Morrison)

Encima del escenario y puesto hasta las cejas, Jim Morrison provocaba un espectáculo que pretendía trascender del propio concierto. Convertido en guía, intentaba provocar conciencias en un ritual iluminador, y en su mente, creyó llegar a conseguirlo. Huxley ya había advertido que la ingestión de sustancias psicodélicas podía incentivar la sensación de  disfrutar de una conciencia libre, pero también causar malestar debido a la aparición de una angustiosa sensación de pánico. Los efectos de la mescalina, según Huxley, dependen de la naturaleza del sujeto en cuestión, por lo que una persona propensa al miedo, la ansiedad o la desorientación correría el riesgo de caer en aquel pozo de esos sentimientos negativos, sintiendo a la vez el deseo y la frustración ante la imposibilidad de compartir la experiencia. ¿Es lo que le ocurrió a Jim Morrison?

Al final del ensayo Cielo e infierno Huxley también declaró que la experiencia visionaria no es lo mismo que la experiencia mística. Sólo esta última está realmente fuera del ámbito de los opuestos, y en realidad no hay nada genuinamente trascendental en el uso de las drogas. Aunque pudiera contribuir en el camino, la mescalina no situaba al hombre cara a cara con la verdad absoluta, sino que a lo sumo ayudaba a abrir nuevas percepciones, o al menos, dar la sensación de tal experiencia. Mientras el sujeto permanece en este lado de la realidad, resulta difícil conectar ambas partes, por lo que a lo único que puede aspirar desesperadamente es pasar al otro lado, o en inglés musicado, Break on Through (To the Other Side).

Las puertas, reales o imaginarias, físicas o metafóricas, siempre conllevan cierto misterio y, a veces, no hay mejor opción que dejarlo sin resolver.

Continúa leyendo: El recuerdo eufórico y arrepentido de un periodista adicto al crack

El recuerdo eufórico y arrepentido de un periodista adicto al crack

Jorge Raya Pons

Foto: Reuters

David Carr vivió una larga cuesta abajo disparado y sin frenos cuando descubrió los senderos de la droga, que le transformaron en un hombre terrible. Muchos años después, siendo un periodista exitoso y reverenciado en The New York Times, quiso explorar aquella sala oscura que era su pasado y abordarla en un libro que se llamaría La noche de la pistola, editado ahora en España por esa caja de sorpresas que es Libros del K.O. Carr viajó a los lugares donde vivió, entrevistó a docenas de personas que conocieron al antiguo yo y le quitó el polvo a un buen puñado de documentos archivados que incluían fichas policiales y sentencias.

No es sencillo encontrar personas tan esforzadas por alcanzar un grado tan elevado de autoconsciencia. David Carr era –fue– un maltratador –golpeó a dos de sus exparejas– y un yonqui, un periodista extraordinario y un padre entregado. Tendemos a imaginar que hay todo un mundo entre los polos, y sin embargo está a un tiro de coca de distancia. En este libro, Carr rescata un puñado generoso de experiencias especialmente repugnantes. Como el día en que olvidó a sus hijas en el coche cuando hizo una visita nocturna a su camello, con quien pasó la noche entera. Cuando salió de la casa, las niñas continuaban allí, en sus sillitas, vestidas con sus monos de invierno.

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David Carr, junto a sus hijas, Erin y Meagan. | Fuente: Archivo de David Carr

En otro momento, el periodista cuenta la historia emotiva, reveladora y profundamente trágica de su amigo Dave, a quien conoció en desintoxicación y de quien escribe que “tenía hijos” y le enseñó “muchas cosas, no solo sobre ser padre, sino sobre ser un hombre de verdad”. Dave fue una mano tendida en su rehabilitación: cuidó de él, cuidó de las niñas, se aseguró de que asistiera a cada una de las reuniones. Los años pasaron, Carr logró recuperarse, y ambos tomaron distancia.

Algunos años después, Carr visitó a Dave; un amigo común le avisó de que era momento de hacerlo. Dave estaba en su cama, hinchado y sin fuerzas y terriblemente enfermo. Hablaron de las niñas, de deporte, y prometieron volver a verse otro día. Carr se despidió, y supo en ese momento que no volverían a verse. Así que le dijo: “Te debo todo lo que tengo en el mundo. Has hecho mucho. Ahora puedes descansar”. Y se marchó.

Es posible que David Carr carezca del virtuosismo literario de Burroughs y de tantos otros que exploraron la mística y la ruina de la adicción a las drogas. Pero tampoco importa: Carr lo hace con una honestidad brutal, abriéndose en dos y exponiéndose sin reparos. Y aunque a menudo cae en la bravuconería y en un punto nada lejano a la autocomplacencia, el libro deja a las claras que su vocación principal es la expiación de sus pecados. Una confesión larga y documentada ante Dios y ante sus lectores.

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La noche de la pistola, de David Carr (Libros del K.O.) | Foto: The Objective

Carr, que tantos méritos hizo para morir en una sobredosis, o en una pelea entre colgados, o en un accidente de tráfico, que sobrevivió a un cáncer particularmente agresivo y que recayó en el alcoholismo, murió muchos años después, en 2015, tras desplomarse por un infarto frente a su mesa en el Times. Tenía 58 años.

Carr escribió un libro valiente. Detrás de sus gemelas, que crecieron felices y fueron a la universidad –he obviado que crecieron entre jeringuillas; su madre también era yonqui–, su gran legado es este libro que sirve como advertencia: hay épica y diversión con las drogas, pero solo antes de crear descontrol y una probabilidad muy alta de destrucción. Su amigo Ike se lo dijo en otras palabras: “¿Vas a ser leal a un jodido concepto como el de ser artista? ¿O vas a ser leal a unos seres humanos de los que eres responsable?”. Y Carr, casi en los últimos párrafos, escribe: “Siempre te dicen que tienes que curarte por tu bien, pero lo único que me permitió dejar de hacer el imbécil fue recordar que otras personas dependían de mí”. Este libro es la declaración de amor a sus hijas.

Continúa leyendo: Elvis Presley: 7 cosas que quizá no conocías sobre el Rey

Elvis Presley: 7 cosas que quizá no conocías sobre el Rey

Jorge Raya Pons

Foto: AP Photo

La sombra de Elvis es alargada: no solo ha vendido entre 500 y 600 millones de discos —parece imposible dar una cifra exacta—, sino que se ha convertido en una referencia cultural básica del siglo XX. Con su pelo engrasado, los mechones meciéndose en su frente cuando movía las rodillas y las caderas. Antes de morir el 16 de agosto de 1977, hace 40 años, Elvis apenas podía respirar cuando se presentaba ante el público, obeso y cansado, pero conservaba ese atributo hipnótico y nada común de absorber todas las miradas. Desde entonces nadie ha conseguido alcanzarle y, a día de hoy, mantiene el trono del rock and roll.

Si quieres conocer un poco más sobre el Rey, te contamos siete cosas que quizá no conocías sobre él.

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La marihuana, la nueva mina de oro para los planificadores de bodas

Redacción TO

Foto: RRSS

Camareros con canapés, un cortador de jamón, marisco, bandejas con champagne, un hombre liando cigarros… ¿Cigarros? No, porros. La legalización de la marihuana recreativa en un puñado de estados americanos ha agudizado el ingenio de los planificadores de bodas que han visto en esta droga todo un tirón económico en Estados Unidos, sobre todo en aquellos estados en los que el cannabis es legal.

Ramos de novia hechos con plantas de marihuana, mermelada para los invitados elaborada con cannabis, boutonnieres de yemas y hojas de marihuana, vestidos de novia con motivos de esta planta… La industria de la marihuana llega pisando fuerte haciéndose un hueco entre los wedding planners, desde el servicio de cena hasta los paquetes de vacaciones. 

En Colorado, donde la marihuana recreativa ha sido vendida legalmente desde 2014, cada año tiene lugar Cannabis Wedding Expo, un evento donde los novios pueden reunirse con vendedores de marihuana para preparar su día más especial. “Cannabis Wedding Expo da a las parejas la oportunidad de interactuar con planificadores de bodas tradicionales y proveedores de cannabis para incorporar la marihuana en su boda con clase y con gusto”, apunta la empresa en su web.

Sn embargo, la empresa líder en este servicio es Love and Marij, que se definen como “vendedores amistosos de bodas de cannabis” ofrecen a las parejas todo tipo de ofertas.

Barra libre de marihuana

Muchos entusiastas de esta nueva moda piensan en el alcohol como una “toxina anticuada”, de la vieja escuela, cuyo abuso puede provocar “conflictos familiares ya que su consumo en exceso puede alterar a los asistentes”. Por ello apuestan por los ‘canna -bar’, barra libre de cannabis para todos los invitados –excepto menores, claro-.

La empresa Cultivating Spirits, que organiza todo tipo de eventos con esta droga como protagonista, ofrece dos horas de barra libre de cannabis por 300$, con un adicional de 100$ por hora más, incluyendo instrumentos como prerolled, vaporizadores y tubos de vidrio.

Di hola a una nueva moda dentro de una profesión en auge. ¡Porque ahora el cannabis es el nuevo champagne!

Continúa leyendo: KATY, ¿una alternativa legal, orgánica y segura al MDMA?

KATY, ¿una alternativa legal, orgánica y segura al MDMA?

Clara Paolini

Foto: Wouter van Doorn
Flickr bajo Licencia Creative Commons

Sus componentes son 100% legales, orgánicos y se supone que el efecto se asemeja al subidón de una dosis de MDMA pero sin el riesgo de sufrir un golpe de calor ni el demoledor bajón depresivo del día después. Según sus inventores y distribuidores, KATY es la alternativa definitiva para aquellos que busquen acercarse al éxtasis mental y corporal evitando las innumerables desventajas de las drogas de diseño, pero ¿hasta qué punto logran estas pastillas cumplir su promesa?, ¿son tan naturales e inofensivas como pretenden venderlas?, ¿qué diferencia hay entre este “suplemento alimenticio” y las anfetaminas sintéticas?, ¿de verdad es posible alcanzar las mismas sensaciones de felicidad, energía, placer y embriaguez emocional sin sufrir consecuencias?

KATY, ¿una alternativa legal, orgánica y segura al MDMA?
Gif MDMA | vía GiphY

Encontrar una alternativa al MDMA, un reto necesario

A pesar de que a día de hoy disponemos de información detallada sobre el MDMA alertando a los consumidores sobre su composición y posibles adulterantes, sus efectos, contraindicaciones y sobre todo, su peligrosidad, el último informe del Observatorio Europeo de Drogas y Toxicomanías indica que en 2017 la demanda no ha hecho más que crecer: por detrás del cannabis y la cocaína, el MDMA es la tercera droga más consumida en España, y la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito estimó que unos 20 millones de personas la consumieron en todo el mundo por lo menos una vez en el último año.

El MDMA pertenece al club de las anfetaminas y las feniletilaminas, actúa fundamentalmente sobre el neurotransmisor serotonina y tiene efectos empatógenos: además de provocar la sensación de un aumento de la energía, euforia y una reacción más placentera a estímulos sensoriales, provoca que quien la tome se ponga emocional y blandengue. Numerosos estudios han demostrado que los posibles efectos adversos del MDMA pueden llevar a la muerte de diversas maneras: por deshidratación y golpes de calor, como consecuencia del aumento desorbitado de la actividad cardiaca y, sobre todo, por los efectos derivados la adulteración de la dosis que el usuario supone que consume, ya que los componentes esenciales están habitualmente mezclados con otras drogas de efectos aún más nocivos. Sin embargo, por más advertencias y campañas disuasorias que intenten disminuir el consumo de MDMA, la demanda crece a la par que la peligrosidad, y en este contexto, poner remedio parece una tarea urgente.

¿Qué es KATY?

¿Puede una pastilla alternativa, natural y segura ser la solución? Esa es la idea detrás de Limitless Life, una de las principales compañías distribuidoras de KATY, cuyo nombre es un guiño directo a su supuesta prima hermana Molly, el pseudónimo comúnmente utilizado para referirse al éxtasis o MDMA en formato cristalino. Según explican con un sospechoso tono publicitario en su página web: ”KATY es el nuevo suplemento legal, totalmente natural, orgánico y hecho a partir de plantas que te hará feliz. KATY estimula la producción de dopamina, serotonina y gaba. Aumenta los sentidos y proporciona esos momentos llenos de amor que estabas buscando sin ningún riesgo. KATY magnifica las experiencias sin una resaca de pesadilla. Desde la mejora de la vista, los sonidos y el tacto a la creciente claridad del pensamiento y las emociones, KATY le proporcionará la cantidad perfecta de placer”.

El reclamo parece sacado de Un Mundo Feliz de Aldous Huxley, donde un gramo de Soma cura los sentimientos melancólicos, ofrece todas las ventajas del cristianismo y del alcohol, pero sin ninguno de sus efectos secundarios.

¿De qué se compone exactamente?

Según promocionan en la web, “KATY es una mezcla de componentes nutricionales disponibles sin receta médica. Entre ellos se encuentran elementos donantes de colina (aumento de la respuesta sináptica), adaptógenos (mejora de la salud / bienestar general y mejora de la captación nootrópica), neuroestimulantes (mejora de la energía mental / física) y un número selecto de otros elementos que aportan un óptimo rendimiento”.

Entre sus componentes se encuentran: extracto de raíz de Vanuatu, una planta también conocida como Kava, con propiedades sedantes, anestésicas, euforizantes y enteogénicas; extracto de semillas del “árbol del intelecto” (Celastrus paniculatus), utilizado en la medicina tradicional hindú y ayurvédica por sus propiedades sedantes, antidepresivas y neuroprotectoras; extracto de té verde y camelia, vitamina E y B12 (excelente antídoto contra la resaca), extractos de cacao y de café y “aminoácidos concentrados de tipo I y II”.

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Cápsulas de KATY | Imagen vía Edmtunes.

No se especifica a qué tipo concreto se refieren estos últimos, pero teniendo en cuenta la importancia de algunos aminoácidos como la glutamina para los estímulos neuronales y los últimos descubrimientos sobre su poder para acelerar reacciones químicas, se suponen un componente importante para el resultado. Por otro lado, ha quedado demostrado que algunos alimentos como el cacao, presente en los ingrediente de KATY, contienen feniletilamina, una amina asociada al sentimiento del amor y de la que se derivan la feniletilaminas sustituidas, entre las que se encuentran drogas sintéticas como las anfetaminas y, por supuesto, los entactógenos como el MDMA. ¿Funciona entonces este curioso cocktail natural?

Experiencias con KATY, los consumidores opinan

Isabelle Kohn narra en la revista The Rooster su experiencia con KATY con las siguientes palabras: “Me sentí ligeramente enérgica y alerta, como si hubiera tomado una pequeñísima dosis de cocaína o me hubiera bebido un Red Bull a la misma velocidad que otra bebida. Una ligera euforia, un poco de calidez, calma y noté que estaba más sumergida en la música de lo que lo hubiera estado totalmente sobria (…) No creo que KATY hiciera bien en prometerme una experiencia de amor sin límites. Definitivamente había mucha gente entre la multitud a la que no quería confesar ningún amor. (…) Cuando llegué a casa tuve problemas para dormir. Cuando me desperté estaba aturdida y bastante decepcionada al darme cuenta de que tenía una ligera depresión, igual que tras una noche de Molly. Esto tiene sentido: KATY aumenta la dopamina y la serotonina, y cuando la droga finalmente sale de tu sistema, te sientes deprimido ya que los neurotransmisores luchan por volver a la homeostasis. Una cosa que me cruzaba la mente durante toda la noche era si esos leves sentimientos positivos que estaba experimentos eran reales o no”. Según apunta la periodista “la marca alrededor de KATY intensifica cualquier efecto placebo”, ya que  según los testimonios recogidos en la propia web y la intensa campaña de marketing detrás del producto, parecen garantizar efectos que puede que no se acerquen a la realidad.

Las opiniones vertidas en DMNW también invitan al escepticismo. Según la experiencia de sus redactores, los efectos son más parecidos a los de un suplemento alimenticio para hacer ejercicio que a los del MDMA, y el hecho de que aconsejen el consumo de bebidas alcohólicas en conjunto con la pastilla no parece del todo fiable. Por su parte, Haley Hamilton, escribe en primera persona sobre los efectos de KATY en Mel Magazine, pero desde una perspectiva más positiva “Pasé tres o cuatro horas con un ligero colocón pero no me sentí enfadada ni deprimida cuando fuimos a dormir. Tampoco di vueltas ni miré a regañadientes el amanecer a través de las persianas. Al día siguiente, me desperté a una hora razonable y no odié el mundo. Lo mejor de todo es que dos días después, no apareció el conocido efecto “Blue Monday”- donde sus receptores de serotonina están patas arriba tras un fin de semana con Molly – no me encuentro irritable o al borde del pánico como había experimentado con MDMA en el pasado”.

Los comentarios de Reddit sobre KATY ofrecen versiones parecidas a las anteriores. Hay gente a la que le gusta la experiencia y consideran que merece la pena optar por este suplemento en lugar de arriesgarse con las drogas sintéticas, otras personas claman que este suplemento no podría compararse ni por asomo a los efectos del MDMA y muestran su decepción, y los de más allá, intentan dilucidar si acaso su legalidad será un estado pasajero a la espera de efectos adversos aún por descubrir. Lo cierto es que la propia empresa ha alterado la receta tres veces desde la que la sacó al mercado, por lo que es incierto si en un futuro, se acercará o se alejará de la soñada alternativa definitiva al MDMA.

Por el momento, el caso de KATY no ha hecho más que corroborar extendidas sospechas: existe un amplio limbo legal y médico respecto a las sustancias psicoactivas, un indiscutible interés por parte de los consumidores en encontrar alternativas a las tradicionales drogas de síntesis y una acuciante necesidad de hacer más seguro el uso de sustancias con fines recreativos.

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